El informe de Goldman Sachs, firmado por el economista jefe para Europa Jari Stehn y distribuido a los clientes institucionales del banco el viernes a las siete de la mañana hora de Nueva York — las doce del mediodía en Madrid —, ha caído como una losa sobre el ánimo de los inversores españoles y ha provocado una venta masiva de deuda pública española en la sesión de la tarde que ha elevado la prima de riesgo de España sobre Alemania hasta los ciento doce puntos básicos, su nivel más alto desde septiembre de dos mil veintitrés. El informe, que El Hemiciclo ha podido consultar en su integridad gracias a fuentes del sector financiero, es un ejercicio de disección macroeconómica que no deja ningún indicador sin examinar y que llega a conclusiones que contradicen frontalmente el discurso optimista que el gobierno de Sánchez ha mantenido durante los últimos meses. Goldman señala que España ha sido, junto con Irlanda y Portugal, uno de los países de la eurozona que más se ha beneficiado del ciclo de recuperación post-pandemia gracias a una combinación de turismo, fondos europeos Next Generation y un mercado laboral que ha absorbido la inmigración con más eficiencia de la esperada, pero advierte de que los tres motores de ese crecimiento están perdiendo potencia simultáneamente: el turismo se desacelera porque los consumidores europeos reducen su gasto en viajes ante la incertidumbre económica, los fondos Next Generation se agotan en dos mil veintisiete sin que España haya sido capaz de crear una base productiva que sustituya ese estímulo, y el mercado laboral empieza a mostrar signos de agotamiento con una tasa de temporalidad que, pese a la reforma laboral de dos mil veintidós, sigue siendo la más alta de la eurozona.
La degradación de la banca española por parte de JP Morgan tiene implicaciones directas sobre el bolsillo de millones de españoles que, probablemente, nunca han oído hablar de una recomendación de inversión ni saben lo que significa pasar de sobreponderado a neutral. Pero la decisión de JP Morgan no es una cuestión académica ni un juego de analistas financieros: cuando el mayor banco de inversión del mundo dice a sus clientes que reduzcan su exposición a la banca española, lo que está diciendo en realidad es que los bancos españoles tendrán más dificultades para captar capital en los mercados internacionales, lo que a su vez les obligará a ser más restrictivos en la concesión de créditos, lo que afectará a las familias que buscan una hipoteca, a las empresas que necesitan financiación y a los autónomos que dependen de una línea de crédito para mantener sus negocios a flote. El informe de JP Morgan, firmado por la analista sectorial Kian Abouhossein, identifica tres riesgos específicos para la banca española que justifican la degradación: primero, la exposición al mercado inmobiliario residencial, donde los precios de la vivienda en Madrid y Barcelona han subido un dieciocho por ciento en los últimos dos años hasta niveles que JP Morgan considera insostenibles y que recuerdan peligrosamente a los que precedieron a la burbuja de dos mil ocho; segundo, la presión regulatoria del BCE, que exige a los bancos europeos aumentar sus colchones de capital contracíclico ante un escenario de desaceleración económica, una exigencia que reduce la rentabilidad del negocio bancario y que afecta desproporcionadamente a los bancos españoles por su mayor exposición al crédito hipotecario; y tercero, el impacto potencial de los aranceles de Trump sobre la economía española, que depende más que la media europea del comercio exterior y cuyas exportaciones a Estados Unidos — que alcanzaron los dieciséis mil millones de euros en dos mil veinticinco — podrían reducirse a la mitad si se aplican aranceles del cincuenta por ciento.
En medio de este panorama sombrío, la aprobación sin condiciones por parte de la CNMC del acuerdo entre Telefónica y Microsoft para la creación de una nube soberana española ha sido la única noticia positiva de la semana para la bolsa española y la única que ha permitido a los inversores encontrar un motivo para el optimismo. El acuerdo, valorado en ochocientos millones de euros y firmado por los consejeros delegados de ambas compañías en una ceremonia que tuvo lugar en la sede de Telefónica en el Distrito Telefónica de Madrid el pasado martes, contempla la construcción de tres centros de datos de última generación en Madrid, Barcelona y Bilbao que albergarán los datos de la administración pública española, las empresas del IBEX 35 y las instituciones sanitarias del Sistema Nacional de Salud en una infraestructura de nube que cumplirá con los estándares de soberanía de datos más exigentes de la normativa europea. La CNMC ha aprobado el acuerdo sin imponer condiciones tras un análisis de competencia de seis semanas que ha concluido que la joint venture entre Telefónica y Microsoft no supone una restricción significativa de la competencia en el mercado español de servicios de computación en la nube, un mercado que actualmente está dominado por Amazon Web Services, Google Cloud y el propio Microsoft Azure, y que el acuerdo, al contrario, favorece la diversificación de la oferta y refuerza la soberanía tecnológica europea. Las acciones de Telefónica han subido un dos con treinta y uno por ciento en la sesión del viernes, convirtiéndose en el valor más alcista del IBEX en una jornada dominada por las ventas, y los analistas de Morgan Stanley han elevado su precio objetivo para Telefónica de cuatro con veinte a cuatro con ochenta euros, argumentando que el acuerdo con Microsoft transforma a la operadora en un jugador relevante del mercado de la nube soberana europea y le abre la puerta a contratos similares con gobiernos de Portugal, Italia y Grecia que están buscando alternativas a los proveedores estadounidenses.
El euríbor, ese indicador que los millones de españoles con hipoteca variable miran cada mes con una mezcla de esperanza y temor, ha cerrado esta semana en el dos con ochenta y siete por ciento, quince puntos básicos por encima del cierre del mes anterior y en una trayectoria ascendente que los analistas del mercado monetario atribuyen a la persistencia de la inflación subyacente en la eurozona y a las señales del BCE de que no habrá recortes de tipos antes de septiembre. Para una hipoteca media de ciento cincuenta mil euros a veinticinco años que se revise en junio, la subida del euríbor supondrá un aumento de la cuota mensual de aproximadamente cuarenta y siete euros, una cifra que puede parecer modesta en términos absolutos pero que se suma a los incrementos acumulados de los dos últimos años y que, para muchas familias con ingresos ajustados, puede representar la diferencia entre llegar a fin de mes o no. El Banco de España ha publicado este viernes su informe mensual de estabilidad financiera en el que alerta de que el porcentaje de hogares españoles que destinan más del cuarenta por ciento de su renta bruta al pago de la hipoteca ha pasado del ocho al once por ciento en el último año, una cifra que se acerca al umbral del catorce por ciento que los economistas consideran indicativo de estrés financiero sistémico y que las entidades de consumo utilizan como señal de alerta temprana para activar protocolos de reestructuración de deuda.
En el mercado de materias primas, el Brent ha cerrado la semana en noventa y tres dólares con veinte centavos por barril, un nivel que refleja el equilibrio precario entre las fuerzas alcistas — la tensión geopolítica en Oriente Medio, los recortes de producción de la OPEP+ y la incertidumbre sobre el suministro iraní — y las fuerzas bajistas — las expectativas de un acuerdo nuclear con Irán que añadiría crudo barato al mercado y la desaceleración de la demanda china que los datos de aduanas publicados esta semana confirman con una caída del cuatro por ciento en las importaciones de petróleo respecto al mismo mes del año anterior. El oro, por su parte, se ha consolidado como el activo refugio por excelencia en un entorno de incertidumbre generalizada y ha cerrado la semana en dos mil setecientos cuarenta dólares la onza, su segundo nivel más alto de la historia tras el récord de dos mil setecientos sesenta y ocho alcanzado en marzo, una escalada que los analistas de UBS atribuyen a la demanda de los bancos centrales de China, India y Rusia, que están acumulando reservas de oro a un ritmo sin precedentes como parte de su estrategia de desdolarización del comercio internacional.
Los valores más castigados de la semana en el IBEX han sido IAG, que ha perdido un cinco con veinticuatro por ciento arrastrada por la incertidumbre sobre el tráfico aéreo transatlántico ante la amenaza arancelaria y por la crisis del Hondius que ha generado preocupación sobre el turismo de cruceros y sus conexiones con el tráfico aéreo canario, y Grifols, que ha cedido un tres con setenta y uno por ciento después de que un informe del fondo bajista Gotham City Research cuestionara por tercera vez en dos años la política contable de la farmacéutica catalana y su nivel de endeudamiento, un informe que Grifols ha calificado de malintencionado y plagado de errores pero que el mercado ha castigado con ventas que han llevado al valor a su nivel más bajo desde enero. En el lado positivo, además de Telefónica, los valores que mejor han aguantado la semana han sido Iberdrola, que ha subido un uno con ocho por ciento impulsada por la adjudicación de un parque eólico marino en el Mar del Norte, y Repsol, que se ha beneficiado de la estabilidad del precio del crudo con una subida del cero con noventa y cuatro por ciento.
Los futuros asiáticos, que han abierto esta noche con sesgo ligeramente alcista tras un sábado sin grandes movimientos macroeconómicos, proporcionan una señal ambigua para la apertura europea del lunes: el Nikkei japonés ha subido un cero con cuarenta y tres por ciento, el Hang Seng de Hong Kong ha cedido un cero con veintiuno por ciento y el CSI 300 chino ha cerrado plano en una sesión de bajo volumen que los analistas atribuyen a la cautela de los inversores asiáticos ante la falta de claridad sobre las intenciones de Trump y sobre el resultado de las negociaciones iraníes. Para el IBEX, la semana próxima estará marcada por tres eventos que podrían mover el selectivo en cualquier dirección: la cumbre Macron-Scholz del lunes, que si produce un comunicado contundente sobre aranceles podría impulsar a los valores industriales europeos; la reunión del Comité de Política Comercial de la UE del martes, que determinará la velocidad a la que Bruselas activa sus contramedidas; y la publicación el jueves de los datos del IPC de abril en la eurozona, que si confirman la persistencia de la inflación consolidarán la subida del euríbor y presionarán a la baja los valores bancarios. Los inversores más experimentados de la plaza madrileña, esos que llevan décadas navegando las tormentas del mercado español con la serenidad de quien ha visto subir y bajar el IBEX entre los seis mil y los dieciocho mil puntos, aconsejan prudencia y liquidez: esta no es una semana para héroes bursátiles sino para supervivientes.
Al cierre de esta edición nocturna, los mercados globales presentan un cuadro que los economistas del Fondo Monetario Internacional han descrito esta semana como de fragilidad sincronizada: todas las grandes economías del planeta muestran simultáneamente signos de desaceleración, todas enfrentan presiones inflacionarias que impiden a sus bancos centrales bajar los tipos de interés con la velocidad que la economía real necesita, y todas están expuestas a shocks geopolíticos — la guerra comercial de Trump, el conflicto en Ucrania, la crisis de Oriente Medio, la desaceleración china — que podrían convertir la desaceleración en recesión si se materializan al mismo tiempo. España no es una excepción a este patrón sino una de sus manifestaciones más vulnerables: con un nivel de deuda pública del ciento quince por ciento del PIB, un mercado laboral que depende excesivamente de la hostelería y el turismo, y una exposición al comercio internacional que la hace especialmente sensible a los aranceles de Trump, la economía española camina por un alambre que Goldman Sachs y JP Morgan acaban de señalar con dos informes que el gobierno no puede ignorar, por mucho que su respuesta oficial haya sido la habitual mezcla de desmentidos parciales y promesas de que España crecerá por encima de la media europea.


