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María José Navia descubre que el primer guionista de 'El mago de Oz' es pariente suyo

«Oz sirve para contar todas las historias, todo se puede contar usando Oz», afirma la autora chilena, que publica 'El cielo sobre las nubes' (Seix Barral, 2026).

Por Redacción de El Hemiciclo·
3 min de lectura
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Retrato de María José Navia
Retrato de María José NaviaFoto: Rodrigo Fernández, CC BY-SA 4.0

La escritora chilena María José Navia descubrió, investigando durante la pandemia la genealogía de 'El mago de Oz', que Herman Mankiewicz, primer guionista no acreditado de la cinta de Victor Fleming de 1939, era un pariente lejano suyo. El hallazgo terminó de fijar la fábula de L. Frank Baum en el centro de su obra y alimenta su nueva novela, 'El cielo sobre las nubes' (Seix Barral, 2026), que cruza tres historias y tres épocas.

La autora relata que durante el confinamiento se sumergió en los catorce tomos de Baum, releyó biografías del autor y de Judy Garland y volvió a ver la película mientras trabajaba en paralelo en dos libros. En ese proceso encontró lo que describe como un tesoro que no imaginaba, un vínculo que no era literario, sino de sangre.

«Descubrí que el primer guionista de 'El mago de Oz' –no acreditado– fue Herman Mankiewicz, un antepasado mío muy lejano. También Joseph L. Yo sabía por tradición familiar que, lejos en el árbol genealógico, estaba emparentada con el viejo Hollywood dorado, con el guionista de 'Ciudadano Kane', con el director de 'Cleopatra'. Pero no sabía la conexión con Oz», afirma María José Navia, escritora.

Según su relato, fue Herman Mankiewicz quien decidió que la película arrancara en sepia y virara después al tecnicolor, un recurso que la propia Navia traslada a la estructura de su novela para narrar la pérdida, la maternidad y la incomodidad con el cuerpo de tres mujeres. El otro Mankiewicz, el director Joseph L., fue amante de Judy Garland y quien le recomendó terapia para alejarla de los medicamentos que, en palabras de la autora, «tuvieron la culpa de gran parte de sus penurias y su adicción».

Ese cruce de biografías —el guionista no reconocido, la actriz medicada hasta la adicción— condujo a Navia a una conclusión sobre el poder narrativo del cuento. «Creo que Oz sirve para contar todas las historias, todo se puede contar usando Oz», sostiene la escritora, que ve en el hallazgo genealógico la explicación de por qué el relato regresa una y otra vez en su obra, con alusiones a Dorothy, los zapatos, el tornado o el sendero.

La autora reconoce que no proviene de una familia de lectores ni de artistas, por lo que la conexión con el cine clásico de Hollywood funcionó como un arraigo inesperado. «No crecí en una casa con una gran biblioteca, los libros que había eran los que me iban regalando. Tampoco tengo muchos parientes artistas. Para mí fue algo muy bonito encontrar alguna conexión con el arte por allá lejos, que no soy un marciano que me dejó en una nave en mi casa un día por la mañana, que vengo de alguna parte», admite Navia.

El título definitivo llegó tras varios descartes: antes se llamó 'Tecnicolor', luego 'Rainbow' y después 'Del otro lado del arcoíris'. Navia optó finalmente por una referencia al cuadro de Georgia O'Keeffe que aparece en el libro, porque le permitía enlazar distintos niveles narrativos. «Quería un remolino de referencias pero sin que fuera muy pesado ni que nos aplastara al lector como la casa a la bruja», bromea.

Bajo la fantasía luminosa de Oz, Navia identifica una pérdida real: Baum perdió a su sobrina Dorothy Gage y la resucitó en sus libros cambiándole el apellido por Gale. La escritora recuerda también que Baum, influido por su suegra sufragista, concibió a Dorothy no como la victoriana Alicia de Lewis Carroll, sino como una niña campesina y huérfana de tíos grises cuya única alegría es su perro Toto. Para Navia, ese origen explica por qué el cuento permite narrar el duelo y el trauma con colores brillantes.

La escritora, que en su obra reivindica cómo la literatura devuelve al mundo —una idea que también sostiene el novelista Juan Eslava Galán sobre el peso de los libros—, compara su relación con la lectura con la de Alonso Quijano, a quien rechaza interpretar como alguien que enloquece por su obsesión con las novelas de caballería.

«Para mí los libros son una catapulta que lo devuelve al mundo. Me pasa también con 'El mago de Oz', fue un refugio empezar a quedarme durante la pandemia en ese mundo pero, siguiendo con sus imágenes, fue al mismo tiempo ese tornado que me llevó a otros sitios, a esta historia», concluye María José Navia, escritora.

Fuentes

  1. ABCabc.es

Material del que parte esta pieza. El texto es propio; los enlaces llevan al original.

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