El fenómeno no es nuevo: Corea del Sur lleva más de una década posicionándose como destino de turismo médico y estético, apoyada en una industria cosmética —el llamado K-beauty— que ya era un fenómeno de exportación cultural antes de convertirse en referencia clínica. Lo que se percibía como una moda de consumo asociada a rutinas de cuidado facial se ha transformado en un sector industrial con capacidad de definir estándares tecnológicos a escala global.
Según Teixeira, ese liderazgo no responde a la casualidad, sino a un entramado en el que gobierno, fabricantes y clínicas «empujan en la misma dirección». «Cuentan con un nivel de apoyo a la innovación que no existe en otros lugares; el gobierno coreano invierte de forma constante millones de dólares dedicados a startups de beauty-tech», declaró el directivo. Ese modelo de colaboración público-privada contrasta con el de otros mercados donde la innovación depende casi en exclusiva de la iniciativa privada.
La estrategia recordaría a otras políticas industriales surcoreanas de décadas anteriores, como el impulso estatal a la electrónica de consumo o a la industria naval, sectores en los que el país asiático logró situarse entre los líderes mundiales tras años de apoyo público sostenido. La misma lógica de escala e inversión dirigida se traslada ahora, según el testimonio recogido, a la ingeniería biomédica aplicada a la estética.
El turismo médico como banco de pruebas
El volumen de pacientes actúa, según Teixeira, como un gigantesco banco de pruebas clínicas. «Corea es el mayor banco de pruebas del planeta; sólo en 2025 el país recibió a más de dos millones de turistas médicos internacionales. Ese volumen de pacientes impulsa a que la tecnología esté mejorando y optimizándose constantemente», afirmó. Esa base de casos ofrece a médicos y fabricantes una escala difícil de replicar en Europa o Estados Unidos, donde el flujo de pacientes por esta modalidad es sensiblemente menor.
El directivo situó la velocidad regulatoria como la otra pieza central del modelo. «El regulador coreano tiene vías rápidas de aprobación para nuevos dispositivos, y son las pequeñas y medianas empresas las que impulsan la mayoría de la innovación, no unas pocas multinacionales», sostuvo, un factor que, a su juicio, «genera más competencia y ciclos de desarrollo mucho más cortos».
Esa diferencia de plazos explicaría, en parte, por qué buena parte de la tecnología que llega a las clínicas europeas procede de fabricantes surcoreanos que ya han probado sus equipos en su mercado doméstico. En España y el resto de la Unión Europea, la comercialización de productos sanitarios se rige por el Reglamento (UE) 2017/745, en aplicación plena desde mayo de 2021 tras un aplazamiento por la pandemia, que exige marcado CE y evaluaciones de conformidad más prolongadas, así como requisitos reforzados de trazabilidad y vigilancia poscomercialización.
Tecnologías especializadas frente a soluciones universales
Frente a la promesa de aparatos que lo resuelven todo, Teixeira apuntó a equipos altamente especializados. «Más que las máquinas que prometen hacerlo todo, lo que de verdad marca el rumbo son tecnologías muy especializadas que hacen una cosa a un nivel excelente», afirmó. Citó el sistema Sylfirm X, un dispositivo de radiofrecuencia con microagujas de doble onda que, según indicó, fue «el primer sistema del mundo con certificación FDA en esta categoría» y permitiría tratar más de doce indicaciones, desde el melasma y la rosácea hasta la flacidez cutánea.
En el terreno del lifting no quirúrgico, el directivo mencionó el Liftera 2, un equipo de ultrasonido microfocalizado que, según describió, «consigue el lifting facial sin cirugía y prácticamente sin dolor». A estas tecnologías se suman los tratamientos regenerativos basados en PDRN (polidesoxirribonucleótidos), exosomas y factores de crecimiento, sustancias que buscan estimular la regeneración celular de la piel en lugar de corregir su aspecto de forma temporal.
La incorporación de inteligencia artificial a los dispositivos constituye, según Teixeira, la frontera más reciente. «Hoy contamos con equipos más rápidos, más precisos y que ya no dependen únicamente del ojo clínico. Existen dispositivos capaces de ajustar parámetros como la energía o la profundidad de penetración mediante software, lo que reduce la variabilidad», explicó, en referencia a la disminución de diferencias de resultados entre distintos profesionales o sesiones.
El filtro de la regulación europea
La expansión de estas tecnologías hacia clínicas españolas y europeas no está exenta de matices profesionales. Las sociedades científicas de dermatología han insistido de forma reiterada en que la seguridad de cualquier procedimiento estético depende tanto de la certificación del dispositivo como de la formación específica del facultativo que lo aplica, un aspecto que la sola importación de tecnología no garantiza. El marcado CE acredita el producto, no la cualificación de quien lo maneja.
El Reglamento europeo de productos sanitarios endureció los requisitos de evaluación clínica y de vigilancia precisamente para evitar que equipos aprobados con celeridad en otros mercados lleguen a la Unión Europea sin las garantías exigidas por la normativa comunitaria. Ese marco convive con una demanda creciente de tratamientos mínimamente invasivos, con tiempos de recuperación cortos, por parte de pacientes europeos.
La evolución del sector estético surcoreano se enmarca en una tendencia más amplia del mercado de la medicina no quirúrgica, que ha crecido de forma sostenida a medida que los pacientes priorizan resultados progresivos frente a intervenciones de mayor riesgo. En los próximos años, la consolidación de ese liderazgo dependerá de si otros mercados, incluida la Unión Europea, logran acortar sus plazos regulatorios sin rebajar los estándares de seguridad que rigen la aprobación de dispositivos médicos.

