Peso específico de la especialidad en el reparto MIR
Medicina de Familia y Comunitaria concentra en torno al 30% del total de plazas ofertadas en la convocatoria MIR, según los datos publicados por el Ministerio de Sanidad. Que una sola especialidad represente casi un tercio de todas las plazas disponibles para 47 áreas de conocimiento es, en sí mismo, un indicador de la magnitud del problema estructural al que responde: el sistema necesita una masa crítica de generalistas que actúe como primer filtro asistencial y que, al mismo tiempo, gestione la cronicidad de una población que envejece a un ritmo sin precedentes en la historia demográfica española.
El Instituto Nacional de Estadística (INE) proyecta que el porcentaje de población mayor de 65 años superará el 25% en España en 2033, frente al 20,1% registrado en el padrón de 2023. Esa curva demográfica tiene una traducción directa en la carga asistencial de los centros de salud: más pacientes pluripatológicos, más visitas por proceso y menos capacidad de resolución en el propio nivel primario si la plantilla no crece al mismo ritmo.
Por qué las plazas tardan en agotarse: el problema de fondo de la elección MIR
El dato que subyace al teletipo es revelador: a pesar de ser la especialidad con más plazas, las de Medicina de Familia tardan más en cubrirse que otras de menor volumen. Eso indica que los médicos recién titulados con mejor número de orden —los que tienen más capacidad de elección— optan sistemáticamente por especialidades hospitalarias o con mayor retribución diferenciada. El fenómeno no es nuevo: desde mediados de la década de 1990, cuando se consolidó el modelo de atención primaria surgido de la reforma de 1984 —el Real Decreto 137/1984, de 11 de enero, que estableció las estructuras básicas de salud—, la especialidad ha competido en desventaja salarial y de reconocimiento frente a sus pares hospitalarios.
Ese precedente normativo es clave para entender el presente. La reforma del 84, impulsada por el Gobierno de Felipe González, creó los centros de salud como unidades de gestión integrada y reconvirtió a los antiguos médicos de cabecera en especialistas de pleno derecho. Fue, en términos históricos, la transformación más profunda del primer nivel asistencial desde la creación del Seguro Obligatorio de Enfermedad en 1942. Sin embargo, la equiparación retributiva y de estatus con el médico hospitalario nunca se completó, sembrando una brecha que cuatro décadas después sigue condicionando las preferencias vocacionales en el MIR.
El mapa del gasto y la brecha autonómica
El gasto público en Atención Primaria como porcentaje del gasto sanitario total varía de forma significativa entre comunidades autónomas, según los datos del Sistema de Información sobre Gasto Sanitario Público (SISNS) del Ministerio de Sanidad. Mientras algunas comunidades destinan a este nivel cerca del 18% de su presupuesto sanitario, otras no alcanzan el 13%, lo que genera asimetrías territoriales que afectan directamente a la dotación de plazas MIR tuteladas por cada servicio de salud autonómico. La media europea de inversión en Atención Primaria se sitúa, según datos de la OCDE de 2022, en torno al 30% del gasto sanitario total en los sistemas beveridgianos de referencia, como el británico o el nórdico, lo que sitúa a España en una posición de déficit relativo.
Las comunidades que más plazas de residencia en Medicina de Familia ofertan son, por este orden, Andalucía, Cataluña, Madrid y la Comunitat Valenciana, al concentrar también la mayor masa de población y de unidades docentes acreditadas. Sin embargo, la tasa de abandono de la especialidad —o de emigración profesional hacia el sector privado o hacia países como el Reino Unido, Alemania o Francia— erosiona el retorno real de la inversión formativa. El Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina y organizaciones como la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) llevan años reclamando datos consolidados sobre emigración de médicos de familia, un registro que el Ministerio no publica con periodicidad ni desagregación suficientes.
La posición de los actores: Ministerio, sindicatos y residentes
Desde el Ministerio de Sanidad, la incorporación de 2.500 residentes se presenta como prueba de la apuesta sostenida por reforzar el primer nivel asistencial, en línea con el Marco Estratégico para la Atención Primaria y Comunitaria aprobado en 2019 y prorrogado en sus objetivos hasta 2026. El departamento subraya que el número de plazas ofertadas en esta especialidad ha crecido de forma progresiva en los últimos cinco años, aunque no publica comparativas anuales desagregadas en el comunicado oficial.
Las organizaciones sindicales del sector —CESM, Amyts en el caso de Madrid, y las secciones sanitarias de CCOO y UGT— mantienen una posición más crítica. Señalan que la oferta de plazas es insuficiente si no va acompañada de medidas de retención: reducción de la ratio pacientes por médico, equiparación salarial real con el especialista hospitalario y limitación efectiva de la sustitución de bajas con contratos precarios. La ratio media en España ronda los 1.500 pacientes por médico de familia en cartilla, según datos de semFYC, frente a los 1.200-1.300 que la propia organización considera el umbral de calidad asistencial sostenible.
Los propios residentes de nueva incorporación trasladan una posición ambivalente: valoran la salida laboral garantizada que ofrece la especialidad —la tasa de desempleo entre médicos de familia especialistas es prácticamente residual— pero expresan reservas ante las condiciones de los primeros contratos, especialmente los de cobertura de guardias y sustituciones en zonas rurales, donde la dispersión geográfica añade una carga logística que no aparece en ningún convenio colectivo.
Marco normativo: cómo funciona la adjudicación de plazas MIR
La convocatoria MIR se rige por el Real Decreto 183/2008, de 8 de febrero, que regula los requisitos para la obtención de la condición de médico especialista. El proceso comienza con una prueba selectiva estatal en enero —la convocatoria 2024-2025 se celebró el 25 de enero de 2025—, cuyos resultados determinan el número de orden con el que cada aspirante elige plaza. La elección se realiza de forma telemática en sesiones escalonadas: los números de orden más bajos eligen primero, lo que genera el efecto ya descrito de que las plazas de Medicina de Familia, al ser numerosas, se cubren más tarde aunque no sean menos demandadas en términos absolutos.
El periodo de residencia en Medicina de Familia dura cuatro años, de los cuales aproximadamente la mitad se cursa en centros de salud y la otra mitad en rotaciones hospitalarias. La acreditación de las unidades docentes corresponde a las comunidades autónomas, bajo supervisión del Ministerio. Este reparto competencial ha generado disparidades en la calidad formativa que la Comisión de Recursos Humanos del Sistema Nacional de Salud lleva años intentando homogeneizar sin resultado definitivo.
Qué ocurre a partir de ahora: plazos, hitos y tensiones pendientes
Los nuevos residentes iniciarán su formación en los centros de salud acreditados a lo largo de mayo y junio de 2025, tras un periodo de acogida institucional de dos a cuatro semanas según el servicio de salud autonómico. En paralelo, el Ministerio de Sanidad tiene previsto presentar antes del tercer trimestre de 2025 el informe de evaluación del Marco Estratégico de Atención Primaria, que incluirá por primera vez indicadores de resultado —no solo de proceso— sobre accesibilidad, resolución y satisfacción del paciente.
La negociación del Estatuto Marco del personal estatutario de los servicios de salud —cuya actualización lleva paralizada desde 2003, año de aprobación de la Ley 55/2003— es otro hito pendiente con incidencia directa sobre las condiciones de estos residentes cuando concluyan su formación. Sindicatos y comunidades autónomas no han alcanzado un acuerdo sobre el capítulo retributivo, que es el que mayor efecto tendría sobre la retención de especialistas en el sistema público frente a la competencia del sector privado y del mercado europeo.
La incorporación de 2.500 residentes es, en suma, una inyección necesaria pero no suficiente. El sistema produce especialistas; el debate real es si produce las condiciones para que se queden.

