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El sector duro iraní trata de descarrilar el pacto con EE. UU. y agita el petróleo y el Euríbor

La pugna interna en Teherán alimenta la volatilidad del crudo y traslada incertidumbre a los mercados europeos y al indicador que fija las hipotecas.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid·
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Los sectores más duros del régimen iraní tratan de descarrilar el acuerdo de paz con Estados Unidos, una pugna interna que está alimentando la volatilidad del precio del petróleo y elevando la incertidumbre en los mercados europeos y en el Euríbor. La tensión política dentro de Teherán se traslada así a variables financieras que afectan de manera directa a la economía del continente y a los hogares con préstamos a tipo variable.

La fractura interna del régimen iraní amenaza con bloquear las negociaciones en curso entre Teherán y Washington sobre el programa nuclear persa. Las corrientes más radicales del sistema político iraní han intensificado su presión contra las conversaciones diplomáticas, generando volatilidad directa en los mercados de crudo y trasladando esa incertidumbre al Euríbor, el índice que determina el coste de la mayoría de las hipotecas variables en España y en la zona euro.

La pugna interna iraní desborda las fronteras diplomáticas

El enfrentamiento entre los sectores favorables a la negociación y los que la rechazan dentro del régimen de la República Islámica no constituye una disputa estrictamente doméstica. Oriente Próximo concentra en torno al 48% de las reservas mundiales de crudo probadas, según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE, informe World Energy Outlook 2024), y cualquier señal de inestabilidad en la región se propaga en cuestión de horas a los mercados de futuros. El petróleo es el principal input de coste en toda la cadena productiva global, y su precio se traslada a la inflación general, que a su vez condiciona las decisiones del Banco Central Europeo (BCE) sobre los tipos de interés oficiales.

El mecanismo de transmisión funciona en cascada. La posibilidad de que las negociaciones Irán-EE.UU. colapsen lleva implícita la perspectiva de que las sanciones sobre las exportaciones iraníes de crudo se mantengan o endurezcan, reduciendo la oferta disponible en el mercado mundial. Ante esa perspectiva, los operadores elevan posiciones en contratos de futuros, encareciendo el barril. Un crudo más caro alimenta presiones inflacionistas en Europa: la dependencia energética exterior de la UE se situó en el 58,5% en 2022, último dato disponible de Eurostat, frente al 56,8% de 2019. Si la inflación repunta o se resiste a ceder, el BCE puede verse forzado a retrasar o limitar la senda de bajadas de tipos que los mercados descuentan, con lo que el Euríbor —que anticipa esas expectativas— se mantiene elevado o sube.

El Euríbor y las hipotecas españolas, en el extremo de la cadena

El Euríbor a doce meses, referencia mayoritaria en las hipotecas variables españolas, cerró abril de 2025 en torno al 2,3%, según datos del Banco de España, frente al máximo del 4,16% registrado en octubre de 2023. La bajada acumulada ha aliviado las cuotas de los hogares endeudados, pero el proceso no está consolidado: el propio BCE, en sus comunicaciones de marzo de 2025, subrayó que las decisiones futuras sobre tipos dependerán de la evolución de la inflación, que en la zona euro se situó en el 2,2% interanual en marzo de 2025 según Eurostat, apenas dos décimas por encima del objetivo del 2%. Un repunte del precio del crudo derivado de la ruptura de las negociaciones con Irán podría alterar ese equilibrio y frenar o revertir la trayectoria descendente del índice.

La arquitectura de poder iraní como variable geopolítica

El sistema político de la República Islámica se articula en torno a centros de poder formales e informales que operan con frecuencia en sentidos contrarios. El aparato de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), sectores del clero combativo y determinadas facciones del Parlamento han ejercido históricamente como freno a cualquier apertura diplomática que perciban como cesión frente a Occidente, según analistas especializados en política exterior iraní. Las fuentes diplomáticas que participan en las conversaciones actuales sostienen, según ha recogido la agencia Reuters, que existe margen para un entendimiento. Las voces más duras del régimen, en cambio, han cuestionado públicamente cualquier concesión y no han descartado medidas que dificulten el avance del proceso.

Washington ha mantenido, en las distintas rondas negociadoras previas, la exigencia de que Teherán limite su enriquecimiento de uranio como condición para cualquier alivio de sanciones, posición que la administración Trump reiteró al retomar los contactos en 2025. La posición de cada bloque interno iraní ante esas condiciones marca la diferencia entre un acuerdo viable y un proceso que se enquiste durante meses.

El JCPOA de 2015, precedente de lo que puede fallar

La historia del acuerdo nuclear firmado en Viena en julio de 2015 —conocido como JCPOA y suscrito por Irán, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, Alemania y la UE— sirve de argumento simultáneo a ambos bandos del debate iraní. El texto redujo las sanciones internacionales a cambio de restricciones verificables al programa nuclear persa, y durante los tres primeros años de vigencia el precio del Brent mostró una correlación negativa estadísticamente significativa con las primas de riesgo geopolítico asociadas a Irán, según estudios del FMI. Sin embargo, la retirada unilateral de Estados Unidos en mayo de 2018, bajo la administración Trump, y la posterior reimposición de sanciones dejaron a Irán sin los beneficios pactados. Teherán respondió reduciendo progresivamente sus compromisos nucleares hasta superar los límites de enriquecimiento establecidos. Ese ciclo alimenta hoy el argumento de los sectores duros iraníes: cualquier acuerdo con Washington, sostienen, carece de garantías de permanencia ante un eventual cambio de administración.

Marco normativo: sanciones, AIEA y el papel del BCE

El marco jurídico que regula las negociaciones combina el derecho internacional —Resolución 2231 del Consejo de Seguridad de la ONU, que respaldó el JCPOA— con la arquitectura unilateral de sanciones de EE.UU., instrumentada principalmente a través de la Ley de Autorización de la Defensa Nacional y las órdenes ejecutivas del Tesoro estadounidense (OFAC). La verificación del cumplimiento nuclear corresponde al Organismo Internacional de Energía Atómica (AIEA), cuyo director general advirtió en 2024 que el programa iraní había alcanzado niveles de enriquecimiento sin precedentes en su historia. En el plano monetario europeo, el Tratado de Funcionamiento de la UE (artículo 127 TFUE) establece que el BCE debe mantener la estabilidad de precios como objetivo primario, lo que le obliga a reaccionar ante cualquier shock inflacionista externo, incluido un repunte sostenido del crudo.

España presenta una exposición particular a esta cadena de transmisión. La dependencia energética exterior del país alcanzó el 68,2% en 2023, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), cifra que supera en casi diez puntos la media comunitaria. Además, el peso de las hipotecas a tipo variable en el stock total de préstamos hipotecarios vivos es estructuralmente superior al de los principales socios europeos, según datos del Banco de España correspondientes al cierre de 2024, lo que amplifica el impacto doméstico de cualquier variación del Euríbor.

Plazos y escenarios: lo que los mercados vigilan

Los analistas de mercado identifican tres escenarios a corto y medio plazo. El primero, un acuerdo marco entre Teherán y Washington antes del verano de 2025, permitiría aumentar gradualmente la oferta iraní de crudo —Irán exportaba en 2024 en torno a 1,5 millones de barriles diarios, por debajo de los 2,5 millones previos a las sanciones de 2018, según la AIE— y aliviaría las presiones sobre los precios de la energía. El segundo, un estancamiento prolongado sin ruptura formal, mantendría la volatilidad en rangos moderados pero persistentes. El tercero, una ruptura abierta de las negociaciones, potencialmente acompañada de escalada militar o de nuevas sanciones, desencadenaría un repunte del Brent que los modelos del BCE, según su informe de estabilidad financiera de otoño de 2024, sitúan entre los principales riesgos para la desinflación en la zona euro.

La resolución de la tensión depende, en última instancia, de variables que los mercados no pueden controlar: la capacidad del ala negociadora iraní de imponerse a los sectores que boicotean el proceso y la disposición de Washington a ofrecer garantías institucionales que neutralicen el argumento de la reversibilidad. Mientras ese desenlace permanezca abierto, la volatilidad en el crudo y su reflejo en el Euríbor se mantendrán como riesgo latente para la economía española, donde millones de hogares con hipotecas referenciadas a ese índice siguen expuestos a los coletazos de una disputa que se negocia a miles de kilómetros de distancia.

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