El equipo de Palagi se encontraba en la zona estudiando a los geladas, primates endémicos de la región, dentro del proyecto BRIDGES, centrado en las capacidades comunicativas y empáticas de estos animales. La pareja formada por el toro y el burro surgió como un hallazgo colateral que, según la investigadora, mereció una investigación aparte. «Mi equipo me contactó inmediatamente después de la primera observación», relató Palagi, «pero pensé que valía la pena investigar aquello». Los nombres remiten a los héroes de La Ilíada, unidos por una amistad que parte de la tradición ha interpretado como relación homosexual.
Los pastores de la zona, propietarios de los animales, ya conocían la relación entre Aquiles, un toro de cuatro años con manchas blancas y negras, y Patroclo, un burro de ocho. Ambos pertenecen a dueños distintos y solo podían encontrarse en la pradera común donde pastaban junto a ovejas, cabras, otros toros y asnos. Allí permanecían juntos durante horas, según documentaron los investigadores con vídeos y fotografías ante las risas de los pastores.
En ese periodo se registraron 51 montas del toro sobre el burro, siempre iniciadas por Patroclo, que ofrecía sus cuartos traseros a Aquiles y lo mordisqueaba con lo que los autores describen como un gesto cariñoso. Ninguno de los dos machos mantuvo relaciones con hembras durante las casi dos semanas de observación, y el toro solo intentó montar a otro burro en dos ocasiones, que respondió con comportamientos de evitación y amenaza, incluidas las orejas aplanadas.
Lo que más llamó la atención del equipo, según Palagi, fue la ausencia de las señales defensivas habituales. «No evitaba a Aquiles ni mostraba los comportamientos defensivos que habíamos observado en otros burros cuando interactuaban con el toro», explicó la investigadora. Patroclo, además, interrumpía a Aquiles cuando este se acercaba a otros animales y espantaba a otros toros tras la cópula, un patrón que los autores interpretan como indicio de un vínculo que trasciende el encuentro sexual puntual.
«Permanecieron juntos repetidamente e intercambiaron comportamientos de afiliación, como lamerse, frotarse y acariciarse. Estas interacciones eran más frecuentes entre ellos que con otros animales y duraban más tiempo. Por lo tanto, el comportamiento sexual era un componente de una asociación selectiva», Elisabetta Palagi, bióloga evolutiva de la Universidad de Pisa.
La propia Palagi reconoce que los datos disponibles no permiten establecer la secuencia causal del vínculo. «No se puede determinar si un vínculo preexistente facilitó las interacciones sexuales, si dichas interacciones ayudaron a mantener el vínculo o si ambos procesos estuvieron involucrados», señaló. Lo que sí descartan los investigadores es que la relación responda a la falta de alternativas: en la meseta había a diario entre cinco y diez asnos, machos y hembras, y entre seis y once cabezas de ganado, de modo que ambos tenían acceso a otras posibles parejas de su misma especie.
Una conducta común en la naturaleza
El apareamiento entre animales del mismo sexo no es infrecuente en el reino animal. Un estudio de investigadores españoles publicado en 2023 en Nature Communications, que analizó el comportamiento sexual de más de 1.200 especies de mamíferos, identificó esta conducta en más de 200 especies, con mayor prevalencia entre los primates. Los autores de aquel trabajo plantearon que podría ser más frecuente en especies sociales como mecanismo para reducir la violencia y reforzar la cohesión del grupo. Este tipo de hallazgos, que rastrean comportamientos complejos en el mundo animal, se suma a líneas de investigación como la que un análisis de 10.000 películas desmonta sobre el crítico desconectado del público.
Para Palagi, el caso de Aquiles y Patroclo abre preguntas que su equipo plantea como líneas de investigación futura. «Para nosotros, una pregunta clave para futuras investigaciones es qué mecanismos, y posiblemente qué beneficios, podrían subyacer a estas interacciones. ¿Están relacionadas principalmente con el vínculo social? ¿Podrían desempeñar un papel en el mantenimiento de las relaciones o en la reducción de la tensión?», planteó la investigadora, que propone comparar especies con distintos sistemas sociales para distinguir entre estas hipótesis.