Bernardos situó el origen de la tensión en los ataques a infraestructuras petrolíferas de Oriente Próximo y en la interrupción de suministros hacia Europa. «Arabia Saudita intentaba sacar el petróleo que tiene por el mar Rojo y le han bombardeado el oleoducto. Ya hay dos refinerías europeas a las que les ha comunicado que no les va a suministrar crudo en octubre», señaló el profesor, que enlazó ese episodio con la proximidad del invierno, cuando la demanda de gas natural repunta con fuerza en el continente y presiona toda la cesta energética.
El economista aportó una cifra para ilustrar el impacto ya visible en el surtidor: según sus cuentas, el precio de la gasolina y el gasóleo habría pasado de 1,78 a 1,94 euros por litro entre el 1 de septiembre y la fecha de su intervención. Bernardos advirtió de que, si el Gobierno no actúa, ambos combustibles podrían superar pronto los dos euros por litro en numerosas gasolineras, con dos consecuencias encadenadas que resumió así.
«Si no ataca al precio de la gasolina y del gasóleo, la inflación va a continuar subiendo. Y en segundo lugar, el malestar ciudadano por la subida del precio de la gasolina y del gasóleo también va a aumentar», Gonzalo Bernardos, economista y profesor de la Universidad de Barcelona.
El profesor enumeró los focos de riesgo que, a su juicio, podrían prolongar la escalada: el bloqueo del estrecho de Ormuz, paso por el que transita una parte sustancial del petróleo mundial; la actividad de Irán en esa vía marítima; y los ataques de los rebeldes hutíes a instalaciones petrolíferas y gasísticas o a la navegación por el mar Rojo. «Esto solo puede empeorar», resumió antes de lanzar una previsión concreta.
«Veo los 120 dólares. Eso sería muy peligroso. Ya no estaríamos hablando solo de una gran inflación, sino que estaríamos hablando de que en Europa, probablemente bastantes países, entrarían en estancamiento total, es decir, incremento del PIB cero o incluso recesión económica», Gonzalo Bernardos, economista.
Un aviso desde el sentido contrario
Frente a ese diagnóstico, en los últimos días circuló en redes un vídeo, difundido por el perfil de TikTok @sectorviral, en el que otro analista planteaba el escenario inverso: no la subida, sino la caída brusca del precio del crudo como señal de alarma económica. En su exposición sostuvo que un petróleo demasiado barato indicaría que la demanda mundial se ha hundido, síntoma habitual de recesión.
«Si encontramos el petróleo barato, Dios no lo quiera, porque va a significar que estamos metidos en una crisis económica potente a nivel mundial y simplemente no se está consumiendo», sostuvo el autor del vídeo difundido por @sectorviral.
Ese analista desarrolló el argumento apelando a la ley de oferta y demanda: si la producción supera al consumo, el precio baja, y viceversa. Recordó además que los productores tienen capacidad limitada para ajustar el suministro. «Los productores de petróleo tienen mecanismos, que es reducir la producción si está descompensada, pero hasta cierto punto. Esto no es una máquina que dice que ahora perforo más petróleo y produzco más. No, esto no funciona así», argumentó, subrayando que un pozo en marcha no se detiene con facilidad.
Las dos posiciones difieren en la dirección del riesgo pero coinciden en algo: el precio del petróleo funciona como termómetro de la salud económica global, ya sea por exceso o por defecto. Un barril caro encarece el transporte, la industria y la calefacción, y se traslada a la inflación general; un barril barato delataría una demanda mundial deprimida, indicio de que las principales economías frenan su actividad.
El embargo de la OPEP de 1973 disparó los precios del crudo y provocó estanflación en buena parte de Europa occidental, con España entre los países más golpeados por su dependencia exterior. Cuatro décadas después, el desplome de los precios en 2014 y 2015, achacado a un exceso de oferta frente a una demanda débil, coincidió con una desaceleración en varias economías emergentes. Ambos episodios ilustran las dos caras del termómetro que ahora describen Bernardos y el analista viral.
España, entre Ormuz y la factura eléctrica
En España, la sensibilidad a estas oscilaciones se combina con otros frentes abiertos en la política energética. Industria y sindicatos reclaman recuperar la excepción ibérica al gas que limitó el precio de la electricidad durante la crisis energética de 2022, un mecanismo que podría volver a plantearse si la escalada del crudo y del gas natural presiona de nuevo la factura eléctrica de hogares y empresas este invierno.
La cotización del Brent a 99,56 dólares del martes sitúa el barril a unos 20 dólares del umbral que Bernardos considera peligroso. El economista reconoció que el desenlace depende de factores geopolíticos difíciles de anticipar, desde la actitud de Rusia frente a la OTAN hasta la evolución del conflicto en Oriente Próximo, y ligó su previsión a una condición explícita: «Si seguimos sin tránsito por el estrecho de Ormuz, si continúa Irán a través del mismo o si los rebeldes hutíes siguen destruyendo instalaciones petrolíferas y gasísticas o impidiendo el paso de barcos por el mar Rojo. Esto solo puede empeorar».

