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La carabela portuguesa se adelanta cada verano en el Cantábrico

El biólogo Gerardo García Castrillo atribuye el fenómeno al calentamiento del agua y al desplazamiento del anticiclón de las Azores

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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El mar Cantábrico registra este agosto de 2026 avistamientos de carabela portuguesa (Physalia physalis) semanas antes de lo habitual en las playas de Cantabria y el País Vasco, según explicó a la agencia otro medio el biólogo Gerardo García Castrillo, antiguo director del Museo Marítimo del Cantábrico en Santander.

El organismo, que no es una medusa sino una colonia de individuos especializados que actúan como un único ser vivo, carece de capacidad natatoria propia. Su neumatóforo —una bolsa de gas de color azul violáceo, de entre 15 y 30 centímetros, que sobresale del agua y actúa como una vela— la convierte en un animal completamente dependiente del viento, la marea y las corrientes. «Ésa es su forma de desplazarse», resumió el biólogo. Si esos flujos cambian de fecha y de trayectoria, la carabela llega con ellos, antes y con más frecuencia.

García Castrillo atribuyó el adelanto a varios factores que se combinan de forma simultánea. «Se desencadena todo en paralelo. Entre que estamos viendo ya cambios climáticos, más la temperatura del agua, que está altísima este verano, se ocasiona que las masas de agua donde habita la carabela portuguesa se desplacen y entren en el Golfo de Vizcaya», explicó. A ello se suma el debilitamiento de los afloramientos de aguas frías que tradicionalmente frenaban la llegada de especies cálidas: según el biólogo, esos afloramientos «han sido muy, muy débiles» esta temporada, un factor que ha facilitado el avance temprano del animal.

El Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y otros centros de investigación marina vinculan este desplazamiento al movimiento hacia el norte del anticiclón de las Azores, un sistema de altas presiones que en condiciones normales se sitúa sobre el Atlántico subtropical y que, al desplazarse, intensifica los vientos capaces de arrastrar el flotador gelatinoso de la carabela hacia la costa española. Hasta hace pocos años, la especie aparecía en el litoral cántabro y vasco a finales de agosto o en septiembre; García Castrillo señaló que ese calendario ya no se cumple y que los avistamientos han aumentado respecto a temporadas anteriores.

El biólogo interpretó el adelanto como un indicador físico y directo de que las corrientes cálidas atlánticas avanzan hacia el norte con mayor rapidez de la prevista, y advirtió de que la tendencia, de consolidarse año tras año, acabará provocando alteraciones en la fauna local y, a más largo plazo, en la composición de las comunidades marinas del Cantábrico.

El efecto en cascada sobre la red trófica

Uno de los impactos más relevantes afecta a la reproducción de los peces autóctonos. La carabela llega ahora a las costas cántabras y vascas en la misma época en que numerosas especies desovan y sus larvas inician el desarrollo. Como se alimenta de macroplancton, el mismo recurso que consumen esas crías, la coincidencia temporal introduce una competencia directa por el alimento que, según García Castrillo, podría reducir las poblaciones de peces antes de que alcancen la madurez.

El desajuste repercute también en sentido inverso, sobre los depredadores naturales de la carabela. Especies como la tortuga boba o el pez luna dependen de encontrar a este organismo en un momento y una zona concretos de su ruta migratoria en alta mar. Si la carabela se adelanta y altera su patrón de llegada, esos depredadores pierden parte de una fuente de alimento con la que históricamente contaban, lo que introduce una presión adicional sobre especies ya vulnerables. Se trata, en definitiva, de cómo un cambio relativamente pequeño en la temperatura del agua o en la posición de un sistema de presiones puede propagarse por toda una red trófica marina, afectando a especies que comparten ecosistema y ventanas temporales de alimentación o reproducción.

Un riesgo sanitario que se adelanta en el calendario

Más allá de su valor como indicador ecológico, la llegada temprana plantea un problema para bañistas y usuarios de las playas del norte de España. Los tentáculos de la carabela, que en su hábitat natural pueden superar los 30 metros de longitud, están cargados de células urticantes que se disparan al contacto, y mantienen su capacidad de inyectar veneno incluso varios días después de que el animal haya muerto y quedado varado en la arena.

El veneno es neurotóxico, citotóxico y cardiotóxico. Una picadura provoca un dolor intenso e inmediato y puede causar mareos, fiebre o vómitos. Los servicios de emergencias y socorrismo de las comunidades del norte suelen activar protocolos de aviso y cierre parcial de playas cuando se detectan ejemplares o restos varados, una medida preventiva habitual en veranos con presencia elevada de esta especie.

El adelanto del calendario obliga a anticipar esos dispositivos de vigilancia, tradicionalmente concentrados en las últimas semanas de agosto y en septiembre. La señalización de playas y la información a bañistas en Cantabria y el País Vasco se coordinan a través de los ayuntamientos costeros y de las autoridades sanitarias autonómicas, competentes en materia de salud pública y protección civil dentro de sus respectivos territorios.

La situación descrita por García Castrillo se enmarca en un fenómeno más amplio de calentamiento del Atlántico nororiental. No es la primera vez que una especie marina de origen tropical o subtropical amplía su presencia hacia el norte de la península: en las últimas décadas se han registrado avistamientos crecientes de otras especies termófilas en el Cantábrico, un patrón que los oceanógrafos atribuyen al aumento sostenido de la temperatura superficial del mar.

De cara a los próximos veranos, García Castrillo no descartó que el fenómeno se intensifique si se mantienen las condiciones actuales de temperatura del agua y de posición del anticiclón de las Azores. El seguimiento de los avistamientos, coordinado por los centros de investigación marina y comunicado a través de las autoridades sanitarias autonómicas, será determinante para anticipar el impacto tanto en la seguridad de los bañistas como en el equilibrio de las poblaciones de fauna del litoral cántabro.

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