Diez enfermedades en una historia clínica de 46 años
El punto de partida del trabajo es el caso de María F., una mujer de 46 años cuya historia clínica, según relata a otro medio, incluye escoliosis, hipertensión, artrosis, lumbalgia y síndrome del intestino irritable, junto a un diagnóstico psiquiátrico que abarca trastorno bipolar, síndrome de estrés postraumático, ansiedad, agorafobia y varios intentos de suicidio. Durante años, cada dolencia fue abordada de forma aislada por distintos especialistas, sin que se estableciera una conexión entre ellas ni se preguntara por qué una mujer relativamente joven acumulaba un catálogo tan amplio de patologías.
María explica a otro medio que creció en un hogar marcado por el alcoholismo de su padre y por una madre a la que describe como distante y autoritaria —"Era la teniente O'Neil", dice—. "En mi casa nunca vi malos tratos, pero sí muchas discusiones y siempre sentí que no contaba", relata. Esa percepción de abandono emocional, sostiene, condicionó después sus relaciones afectivas: convivió trece años con una pareja que ejerció violencia física y psicológica de forma continuada. "Normalicé conductas que no eran normales", afirma, en una espiral que, según su testimonio, la llevó a consumir drogas y a intentar suicidarse en varias ocasiones.
El diagnóstico que unió las piezas
Tras cinco años buscando ayuda especializada y varios ingresos hospitalarios, María llegó a la consulta de Amann en el HMRIB de Barcelona. Allí, según el reportaje de otro medio, el psiquiatra identificó el trauma infantil y la violencia sufrida en la vida adulta como el hilo conductor de todo su historial médico. "María sufrió un tipo de maltrato infantil. Si hubiera crecido en un entorno protector probablemente hoy tendría una o dos enfermedades, no diez", resume Amann en declaraciones al citado medio. La propia paciente reivindica el valor de ese diagnóstico retrospectivo: "Saber que tras mis diez enfermedades está mi pasado me ayuda a combatirlas mejor".
Ese diagnóstico individual es el que la investigación trata de sustentar con evidencia agregada a escala global. El equipo del Hospital del Mar recopiló, todas las revisiones sistemáticas publicadas en el mundo sobre esta cuestión: 36 revisiones que integran cerca de 250 estudios individuales, con datos de más de seis millones de personas, para analizar si existe una relación estadística entre las experiencias adversas en la infancia y la aparición posterior de enfermedades físicas, no solo mentales.
Qué aporta de nuevo la revisión
Hasta ahora, de acuerdo con el material, existía evidencia sólida de que las experiencias adversas en la infancia triplican el riesgo de desarrollar un trastorno mental en la edad adulta. Lo que no se había establecido con el mismo nivel de certeza era si esa asociación se extendía también a patologías físicas como las que presenta María: dolencias cardiovasculares, musculoesqueléticas o digestivas, entre otras. Según Amann, los resultados permiten proponer que los hechos traumáticos durante la infancia juegan un papel importante en el origen de esas enfermedades diagnosticadas décadas después.
El marco clínico de las experiencias adversas
El concepto de "experiencias adversas en la infancia" (ACEs, por sus siglas en inglés) se popularizó a partir de un estudio pionero realizado en Estados Unidos en los años noventa por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) junto con la aseguradora Kaiser Permanente, que ya entonces vinculó el maltrato, el abandono o la disfunción familiar en la infancia con una peor salud física y mental en la edad adulta. Desde entonces, numerosos organismos sanitarios, incluida la Organización Mundial de la Salud, han incorporado este marco a sus estrategias de prevención, aunque su traslación a la práctica clínica diaria en España sigue siendo limitada.
En España, la atención a la salud mental infantojuvenil y su continuidad en la edad adulta ha sido objeto de debate recurrente en el sistema sanitario público. El Ministerio de Sanidad impulsó en los últimos años una Estrategia de Salud Mental que incluye referencias a la prevención de la violencia y el maltrato infantil, si bien las asociaciones de pacientes y varios colegios de psicología han reclamado de forma reiterada más recursos para la detección precoz del trauma infantil y su seguimiento en atención primaria, donde suelen presentarse primero las dolencias físicas asociadas.
Lo que reclama el equipo investigador
Amann defiende, la necesidad de que los profesionales sanitarios incorporen sistemáticamente preguntas sobre experiencias adversas en la infancia al historial clínico de los pacientes con enfermedades crónicas múltiples, en lugar de tratar cada dolencia como un compartimento estanco. No se recogen en el material disponible posiciones críticas o matizadoras de otros especialistas ajenos al equipo del Hospital del Mar, ausencia que El Hemiciclo señala como parte de la cautela informativa aplicada a esta pieza.
La información disponible procede de una única cabecera, otro medio, que ha tenido acceso al estudio y a las declaraciones de sus autores y de la paciente. El Hemiciclo no ha podido corroborar de forma independiente ni el contenido íntegro del artículo publicado en 'eClinicalMedicine' ni las cifras exactas de revisiones y estudios citadas, por lo que estos datos se atribuyen expresamente a la fuente original mientras no se confirmen por una segunda vía. Tampoco consta en el material el detalle metodológico completo —criterios de inclusión, tipos de enfermedad analizados de forma desagregada o el tamaño del efecto estimado—, información necesaria para valorar el alcance real de la asociación descrita.
Qué viene después
La publicación en una revista del grupo 'The Lancet' otorga al estudio un aval de revisión por pares, propio de las publicaciones científicas de referencia internacional, aunque ello no equivale a una validación clínica inmediata ni a un cambio de protocolo en los sistemas sanitarios. Los pasos habituales de este tipo de investigaciones incluyen su discusión en congresos especializados de psiquiatría y salud pública, la eventual réplica de los hallazgos por otros grupos y, en caso de consolidarse la evidencia, su incorporación a guías clínicas. El Hemiciclo seguirá la evolución del estudio y la corroboración de sus datos por otras fuentes médicas o científicas independientes antes de dar por asentadas conclusiones que, por ahora, se sustentan en una sola publicación periodística y en el testimonio de una paciente y su psiquiatra.

