La vivienda se levanta en la zona de Casablanca, a pie de playa y dentro del entorno del Marbella Club, uno de los enclaves que definió el despegue turístico de la Costa del Sol. Cayetana Fitz-James Stuart la compró junto a su primer marido, Luis Martínez de Irujo, con quien tuvo a sus seis hijos, en un momento en que Marbella empezaba a consolidarse como destino de la aristocracia europea y la alta sociedad internacional.
Antes de bautizarla como Las Cañas, la duquesa barajó llamarla Alba de Marbella y llegó a describirla como la más bella de la costa. La casa de Casablanca mantuvo siempre un perfil más discreto que otras propiedades de la Casa de Alba, como el Palacio de Liria en Madrid o el Palacio de las Dueñas en Sevilla, residencias de las que la aristócrata rara vez mostró interiores.
La construcción, de 1963 y reformada posteriormente, ocupa una parcela de más de 6.000 metros cuadrados con unos 1.400 metros habitables repartidos en tres plantas. El estilo mediterráneo, con predominio del blanco y el azul, incluye nueve habitaciones, ocho baños, varios salones, cocina equipada, piscina, zona de barbacoa, porche y una amplia terraza orientada al mar.
La casa funcionó durante décadas como lugar de reunión estival para los hermanos Fitz-James Stuart. Cayetana valoraba especialmente las puestas de sol desde la propiedad, un hábito que explicaba buena parte del apego que sentía por este rincón marbellí, alejado de los circuitos más mundanos que la ciudad desarrolló en décadas posteriores. En sus interiores convivían obras de arte y objetos decorativos elegidos con un gusto personal.
Tras el fallecimiento de la duquesa en noviembre de 2014, el reparto de su patrimonio entre los seis hijos adjudicó Las Cañas a Fernando Martínez de Irujo, su cuarto hijo. El marqués de San Vicente del Barco mantuvo la función social de la casa como anfitrión de hermanos y sobrinos, entre ellos Eugenia Martínez de Irujo y su hija, Tana Rivera, que han seguido vinculadas a la localidad malagueña.
En junio de 2024, la familia decidió poner la propiedad en alquiler por 35.000 euros mensuales, un cambio respecto al uso estrictamente familiar que había tenido desde su compra. La memoria de la duquesa sigue muy presente en el recorrido cultural por su entorno, como refleja la reciente exposición en la que el Museo del Greco expone la biblioteca de Juana I de Castilla en Toledo, otra figura de la alta nobleza española cuyo legado material se mantiene a la vista del público.
Pese al cambio de uso, Las Cañas conserva su vínculo con la memoria de Cayetana Fitz-James Stuart y con una etapa de la Marbella de los años sesenta que definió el carácter cosmopolita de la costa malagueña.