Lugo Real parte de una premisa que contradice la percepción habitual: una relación tóxica no requiere necesariamente que uno de sus integrantes se comporte mal. "También puede producirse entre dos personas buenas cuando ciertas actitudes de una de ellas reabren heridas emocionales del otro", explicó en una charla con el comunicador Álex García. El desencadenante, según su análisis, es iniciar un vínculo sin haber trabajado previamente esas heridas.
Entre las más frecuentes, el terapeuta destacó la del abandono. "Es la clásica. Niños que de pequeños sintieron que sus padres no estaban con ellos, por lo que sintieron ese abandono", señaló. Precisó que también puede tratarse de percepciones subjetivas, como el recuerdo de haber sido recogido tarde del colegio: episodios menores que dejan una huella emocional duradera.
Junto a esa herida sitúa la de la injusticia, vinculada según su exposición a la crianza en entornos rígidos. "Las personas que se han criado en un entorno muy estricto, muy rígido y con muchas reglas y normas son muy controladoras", sostuvo el psicólogo, estableciendo una relación entre la disciplina temprana y la necesidad adulta de control.
La combinación de ambas heridas, argumentó, desemboca en codependencia. "Tenemos a alguien que no quiere que le abandonen y a alguien al que le gusta tener el control total. Pues lo que tenemos es una codependencia brutal. Es un 'no me abandones por favor' y un 'yo te voy a proteger y controlar'", describió, dibujando un encaje entre dos perfiles que se refuerzan mutuamente.
La soledad como herramienta preventiva
Como medida de prevención, Lugo Real recomendó abordar las heridas de forma individual antes de comenzar una nueva relación, y reivindicó los periodos de soledad frente al rechazo social que suelen generar. "La gente tiene pánico a la soledad porque asocian que si están solos no tienen valor, pero es un principio básico para conocerse", afirmó.
El terapeuta advirtió además sobre el patrón de encadenar relaciones sin pausa. "A veces veo gente que rompe una relación y al cabo de una semana o dos ya está en otra. Es ahí cuando te das cuenta de que está llenando un vacío emocional", observó, señalando ese comportamiento como indicio de que las heridas siguen abiertas.
En una entrevista en el podcast "Roca Project", presentado por Carlos Roca, el psicólogo fue más lejos al negar la existencia misma de las personas tóxicas. "Científicamente, este concepto es falso", afirmó. Frente a quienes dicen conocer a personas de ese tipo, replicó que en realidad se refieren a individuos con "un trastorno psicológico diagnosticable" o "profundamente heridos", dos situaciones que consideró muy distintas entre sí.
Por ese motivo reclamó precisión terminológica y distinguir los trastornos de la personalidad —narcisista, histriónico, antisocial o límite— del sufrimiento emocional no patológico. "Hay muchos nombres, pero pongamos nombres y apellidos, porque entonces lo que estamos haciendo es cambiar también esa definición", defendió, en un intento de sustituir la etiqueta genérica por categorías clínicas concretas.
Para ilustrar el comportamiento de las personas heridas, el terapeuta recurrió a una metáfora. "Me gusta ilustrarlo con la imagen de un zorrito que tiene la pata atrapada entre unas rocas. Si intentas ayudarle, su instinto será morderte. No lo hace por maldad, sino porque siente dolor y peligro; es incapaz de ver tus buenas intenciones", relató. Los "mordiscos" emocionales, concluyó, "son solo mecanismos de defensa frente a sus propias heridas internas, nunca un ataque personal contra ti".
El enfoque de Lugo Real se inscribe en una corriente amplia de la psicoterapia contemporánea que desplaza el foco desde la culpa individual hacia la comprensión de los patrones de apego. La teoría del apego, formulada a mediados del siglo XX por el psiquiatra británico John Bowlby, ya vinculaba las relaciones tempranas con los cuidadores a los modelos de relación en la vida adulta, un marco que sigue vertebrando buena parte de la intervención clínica en terapia de pareja.
El debate sobre el término "tóxico" no es exclusivo del ámbito terapéutico. Su popularización en el lenguaje cotidiano ha convivido con la advertencia de numerosos profesionales sobre el riesgo de patologizar comportamientos ordinarios o de emplear etiquetas que estigmatizan sin diagnóstico. La postura de Lugo Real se alinea con esa cautela al reclamar rigor conceptual y evitar generalizaciones.
Las reflexiones del psicólogo, difundidas a través de formatos de divulgación, no constituyen un diagnóstico ni sustituyen la atención profesional individualizada. Los propios especialistas subrayan que la identificación de un trastorno de la personalidad requiere una evaluación clínica realizada por profesionales cualificados, y que la autoetiquetado a partir de contenidos divulgativos puede inducir a error.

