El sector del vehículo autónomo aplicado al transporte de pasajeros se ha configurado como un tablero de alianzas cruzadas entre gigantes tecnológicos y plataformas de movilidad, y ese reparto explica por qué el margen de Waymo en España es estrecho. Uber, la mayor VTC del mundo por volumen de usuarios, mantiene una colaboración con WeRide, uno de los grandes rivales de la firma de Alphabet. Bolt, el operador estonio que compite con fuerza en el sur de Europa, ha optado por Stellantis, el grupo automovilístico surgido de la fusión entre PSA y Fiat Chrysler. La gestora de flotas Auro, por su parte, ha asegurado que prioriza de momento su crecimiento en Alemania antes que en la península ibérica.
Ese cierre de posiciones deja un hueco relevante en el mapa español. Cabify, el unicornio tecnológico con sede en Madrid, ha manifestado en distintas ocasiones su intención de incorporar vehículos autónomos a su flota este año, y ha reconocido conversaciones con empresas de tecnología para el desarrollo de esos coches, aunque nunca ha confirmado públicamente con qué compañía negocia. La aparición de Waymo Iberia en el registro reabre la pregunta sobre si ambas compañías podrían estar más cerca de un acuerdo de lo que se ha reconocido hasta ahora.
La compañía española cuenta con varios activos que la convertirían en un socio atractivo. Cabify ha construido en los últimos años una red de presencia en buena parte de las comunidades autónomas y ha firmado acuerdos como socio de movilidad con varios clubes de LaLiga, además de convertirse en aliado del Movistar Arena de Madrid, uno de los recintos con mayor aforo para eventos musicales y deportivos del país. Esa capilaridad y visibilidad de marca podrían facilitar una implantación rápida de los robotaxis en caso de alcanzarse un acuerdo. La propia empresa ha defendido en varias ocasiones que aspira a ser la primera opción europea en este segmento, una posición que le daría ventaja a la hora de crecer en el continente.
Waymo, que nació como proyecto interno de Google, ha acumulado ya varios años de operación comercial en Estados Unidos, donde sus vehículos se han convertido en una pieza habitual del transporte urbano en varias ciudades. Ese recorrido la sitúa como una de las empresas con mayor experiencia operativa del sector a escala global. La tecnología de nivel 4 de autonomía, en la que se basan estos servicios, permite al vehículo operar sin conductor humano en condiciones y zonas delimitadas, un salto cualitativo respecto a los sistemas de asistencia a la conducción de niveles inferiores.
El nombre elegido para la filial española, Waymo Iberia, ha alimentado la hipótesis de que la compañía busque un socio con capacidad de operar también en Portugal, mercado en el que Cabify mantiene presencia. Esa dimensión ibérica reforzaría el atractivo de un acuerdo con la empresa española frente a otras alternativas de menor implantación regional. Con todo, ni Waymo ni Cabify han confirmado oficialmente la existencia de negociaciones entre ambas, y Alphabet mantiene su política habitual de no comentar operaciones comerciales en curso.
La llegada de un actor como Waymo se enmarca en un movimiento más amplio de expansión hacia Europa, un continente donde el desarrollo del vehículo autónomo ha ido por detrás de Estados Unidos y de varios mercados asiáticos. La Unión Europea no cuenta todavía con una regulación unificada para los vehículos de nivel 4, lo que obliga a cada Estado miembro a desarrollar su propio marco normativo. Esa fragmentación es uno de los factores que ralentizan el despliegue comercial de esta tecnología en el bloque comunitario.
En España, la circulación comercial sin conductor de seguridad a bordo continúa sujeta a autorizaciones específicas y a la adaptación del reglamento general de vehículos, competencia de la Dirección General de Tráfico. Cualquier despliegue de robotaxis en Madrid, la ciudad señalada como primer escenario de pruebas, requeriría coordinación entre el Ayuntamiento, la Comunidad de Madrid y la propia DGT para fijar zonas, velocidades y protocolos de seguridad. La previsión que maneja el sector es que los primeros vehículos de nivel 4 circulen en la capital antes de que termine el año, lo que obliga a revisar los procesos de regulación y la normativa vigente en un plazo corto.
El precedente más cercano en España son los proyectos piloto de vehículos autónomos ensayados en los últimos años en distintas ciudades, de alcance limitado y siempre con supervisor humano a bordo, muy alejados todavía del nivel de autonomía que Waymo comercializa en Estados Unidos. La diferencia de escala explica la cautela con la que operadores y administraciones abordan el calendario: la fecha de llegada dependerá tanto de los acuerdos comerciales como de la velocidad de la adaptación regulatoria.
Cabify ha centrado buena parte de su estrategia reciente en aumentar su presencia territorial y en reforzar su marca a través de patrocinios deportivos y de grandes recintos, pero no se ha pronunciado públicamente sobre una eventual alianza con Waymo. Tampoco lo ha hecho la matriz estadounidense. Ese silencio compartido convierte cada movimiento registral en una de las pocas señales verificables sobre el estado de la operación.
A falta de confirmación oficial por ambas partes, el próximo hito que podría despejar las incógnitas será el final del verano, momento que el propio sector ha señalado como plazo razonable para un primer anuncio. Hasta entonces, la constitución de Waymo Iberia el 9 de junio queda como el dato más concreto de que la compañía de Alphabet ha puesto en marcha su desembarco en España, mientras el nombre de su socio de operación sigue sin confirmarse y el calendario de pruebas en Madrid pende de la evolución normativa.

