El acto, amenazado por la lluvia, reunió a varias generaciones de extenistas en lo que la organización presentó como una jornada festiva más que competitiva. Nadal formó equipo junto al francés Richard Gasquet, David Ferrer y Carlos Moyá —este último su entrenador en el tramo final de su carrera y Ferrer actual capitán del equipo español de Copa Davis— frente al bando liderado por Andy Murray, acompañado de Dominic Thiem, Marat Safin y Fabio Fognini.
«Solo puedo agradecer que estéis aquí y acompañarnos en este lugar, que es muy especial para mí. Me hace mucha ilusión. Puede ser un día complicado por la lluvia. Va a ser un día inolvidable», vaticinó Nadal en la previa del encuentro que enfrenta a su equipo con el de Murray.
Cuando el propio Nadal bromeó asegurando que saldría «el Rafa cero competidor», sus excompañeros de equipo no se lo creyeron del todo. «No lo creo, veremos en unas horas», respondieron al unísono Ferrer y Moyá, en un intercambio que reflejó el tono distendido del evento.
«Estoy en otra etapa. He disfrutado estas dos semanas de toca la bola y poco más. He tocado la raqueta muy poco en estos dos años. En las últimas dos semanas he jugado más. Ojalá podamos disfrutar de una buena tarde, la competición es lo de menos. Tengo la gran suerte de compartir pista con algunos de los que fueron mis rivales», sentenció Rafa Nadal.
El balear, que puso fin a su carrera a finales de 2024 tras años lastrados por lesiones, aprovechó la comparecencia para hacer balance de su estado físico y anímico. «He tenido buen equilibrio mental durante mi carrera, aunque afectaba al carácter vivir con dolor diario. Llevo dos años con pocos dolores y eso tiene un efecto positivo en el humor de uno mismo», sostuvo el de Manacor, ganador de 22 títulos de Grand Slam.
El futuro como entrenador y las exhibiciones
Preguntado por una posible participación en circuitos de exhibición, terreno que hasta ahora había evitado desde su adiós profesional, Nadal dejó la puerta entreabierta sin comprometerse a un calendario. «El futuro dirá. Creo que en algún momento jugaré alguna exhibición, aunque da pereza todo el proceso previo. Es un paso que tengo que testar», confirmó.
Más tajante se mostró respecto a un eventual salto a los banquillos como entrenador, una vía que sí han explorado otros extenistas de su generación. «No creo que mi vida actual me permita ser entrenador de la manera que requiere. No está en mi cabeza. Dentro de cinco años no sé qué puede pasar», señaló el balear, que mantiene su vínculo con el circuito a través de la academia que fundó en 2016 y de la que es ahora epicentro.
Nadal cerró su intervención reflexionando sobre la gestión de la derrota, una de las claves que marcó su trayectoria competitiva. «El tenis es un deporte de perdedores porque todos queremos ganar, pero solo gana uno al final del torneo. A lo largo de nuestra carrera deportiva, siempre se pierde más que se gana. Unas veces se gestiona mejor y otras peor. Me afectaba la derrota, pero supe convivir con ella. No se me alargaba en el tiempo», concluyó.

