Los datos de Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea, muestran una evolución sostenida al alza entre 2016 y 2024. Alemania encabeza el listado con 397.042 médicos en ejercicio, seguida de Italia (339.256), Francia (270.874) y España (226.667). Estos cuatro países concentran el 58% de todos los médicos que trabajan actualmente en la Unión Europea, un dato que refleja tanto el peso demográfico de sus poblaciones como la estructura de sus respectivos sistemas de salud.
Tomás Cobo, presidente de la Organización Médica Colegial de España (OMC), valora positivamente la tendencia. «Europa cuenta hoy con más médicos que hace una década y España también ha incrementado de forma notable su número de profesionales. Es, sin duda, una buena noticia», ha declarado. Sin embargo, matiza de inmediato que el crecimiento cuantitativo no resuelve por sí solo los problemas estructurales del sistema.
El indicador de médicos por cada 100.000 habitantes permite comparar países con poblaciones muy distintas. España ha pasado de 382,56 en 2016 a 463,78 en 2024, un incremento de 81,22 puntos que la sitúa en el séptimo lugar de los diez países europeos con mayor crecimiento en este indicador, según Eurostat. Lidera ese ranking Chipre, con un aumento de 179,42 médicos por cada 100.000 habitantes —de 370,2 a 549,62—, seguido de Italia, con 176,79 puntos más (de 398,64 a 575,43), y de Polonia, con 144,62 (de 241,58 a 386,2). Los tres superan ampliamente a Alemania, que en el mismo periodo solo ha sumado 56,75 puntos pese a ser la potencia con mayor número absoluto de profesionales.
En el extremo opuesto se sitúan Liechtenstein, con un incremento mínimo de 2,5 médicos por cada 100.000 habitantes (de 328,77 a 331,27), Estonia, con 12,21 puntos más (de 345,65 a 357,86), y Letonia, con 18,94 (de 321,25 a 340,19). Las diferencias reflejan tanto las políticas sanitarias nacionales como los flujos migratorios de profesionales dentro del espacio europeo, un fenómeno vinculado a la libre circulación de trabajadores que se amplió con las sucesivas incorporaciones de países del Este a la Unión desde 2004.
Más facultativos, iguales carencias
El presidente de la OMC insiste en que el volumen de facultativos no es el único factor determinante de la calidad asistencial. «Tener más médicos no significa necesariamente tener una mejor sanidad», ha señalado Cobo, quien pone como ejemplo el propio caso español: pese a ser el cuarto país europeo en número de médicos, el sistema arrastra, según su diagnóstico, «déficits» estructurales. «La experiencia me dice que el problema de nuestro Sistema Nacional de Salud no es solo cuántos médicos tiene, sino cómo los cuida y cómo les permite ejercer», ha añadido.
El envejecimiento poblacional es, según los datos oficiales, uno de los factores centrales que explican esta paradoja. De los 450,6 millones de habitantes que tenía la Unión Europea a 1 de enero de 2025, el 22% supera los 65 años, un porcentaje que ha crecido un 15,18% en la última década, de acuerdo con Eurostat. Las proyecciones demográficas del organismo anticipan que esa proporción seguirá aumentando en los próximos años.
Ese envejecimiento cambia el tipo de demanda asistencial. «Vivimos más años y eso conlleva un aumento de patologías como la fragilidad, la demencia, la artrosis, la insuficiencia cardíaca, la diabetes o las enfermedades respiratorias crónicas, que requieren un seguimiento continuado», ha explicado Cobo. «Al mismo tiempo, enfermedades que hace unas décadas eran mortales hoy se cronifican», ha añadido, en referencia a las patologías que antes tenían un desenlace fatal más rápido y que ahora exigen atención médica sostenida durante años.
El horizonte a medio plazo tampoco resulta tranquilizador según los organismos consultados. La Oficina Regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), junto con Eurostat, la Comisión Europea y el Parlamento Europeo, han alertado de que cerca de 940.000 puestos de trabajo en el sector sanitario europeo podrían quedar vacantes de aquí a 2030, una cifra que combina jubilaciones no reemplazadas, salida de profesionales hacia países con mejores condiciones laborales y una formación de nuevos médicos no siempre ajustada a la demanda real de cada especialidad.
El caso español ilustra bien esta tensión entre cantidad y funcionamiento del sistema. Pese al incremento de facultativos desde 2016, la espera media de 10,27 días para una cita con el médico de familia que recoge el Barómetro Sanitario 2026 apunta a una saturación de la atención primaria, la puerta de entrada al sistema público desde la Ley General de Sanidad de 1986, la norma que instauró en España la sanidad pública universal tras la Transición. Ese modelo afronta ahora una presión asistencial que los colegios médicos atribuyen a la combinación de envejecimiento, cronicidad y falta de relevo generacional en ciertas especialidades y zonas rurales.
La política sanitaria sigue siendo competencia fundamentalmente nacional dentro del marco de la Unión, lo que limita el margen de actuación directa de Bruselas y traslada a cada Gobierno la responsabilidad de reformas concretas: salarios, plazas MIR, condiciones de jubilación o incentivos a la ruralidad. La Comisión Europea ha impulsado en los últimos años iniciativas de movilidad profesional y recomendaciones a los Estados miembros para mejorar las condiciones laborales del sector, pero sin capacidad para imponerlas.
De cara a 2030, el reto que plantean los propios organismos europeos no es tanto seguir aumentando el número de médicos como redistribuirlos y retenerlos: evitar que las plazas vacantes por jubilación queden sin cubrir, frenar la emigración de profesionales jóvenes hacia países con mejores retribuciones y adaptar la formación médica a las patologías crónicas que dominarán la demanda asistencial en una Europa cada vez más envejecida.

