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La corriente Kuroshio se ha desplazado 480 kilómetros hacia el norte frente a Japón

«Me sorprendió tanto que ni siquiera sé si sorprendido es la palabra correcta», dice Shusaku Sugimoto, profesor de la Universidad de Tohoku.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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El extremo septentrional de la corriente Kuroshio, una de las principales autopistas térmicas del Pacífico, se ha desplazado hasta 480 kilómetros hacia el polo en los últimos años, según observaciones recogidas por investigadores japoneses. El fenómeno transporta aguas inusualmente cálidas hacia zonas del litoral nipón no preparadas para ese cambio térmico, con efectos ya visibles en la pesca, la gastronomía y el nivel del mar.

El desplazamiento de la Kuroshio se describe como una transformación sostenida que afecta a dinámicas marinas consideradas estables durante décadas. La corriente nace frente a la costa oriental de Taiwán y fluye hacia el noreste bordeando Japón, templando históricamente el clima costero y sosteniendo una biodiversidad marina que ahora empieza a reorganizarse hacia aguas más frías o profundas. El calentamiento global, advierten los científicos que estudian las costas japonesas, está alterando el nivel del mar y la temperatura del agua.

Shusaku Sugimoto, profesor asociado de la Universidad de Tohoku en Sendai, cifra la magnitud del cambio en una anomalía térmica sin precedentes registrados frente a la costa de Sanriku, en el noreste del país.

«El hecho de que la temperatura subiera seis grados Celsius frente a la costa de Sanriku, y que esta temperatura elevada persistiera durante dos años, representa un aumento de la temperatura del agua nunca antes visto», explicó Sugimoto, profesor asociado de la Universidad de Tohoku.

La pesca japonesa, pilar económico y cultural del país desde hace siglos, ha empezado a notar el reacomodo térmico en sus capturas. Especies habituales en el litoral se han desplazado hacia aguas más frías o profundas, mientras otras, poco comunes hasta ahora en esas latitudes, aparecen con mayor frecuencia entre las redes. El fenómeno altera cadenas de suministro y hábitos de consumo ligados durante generaciones a especies concretas y temporadas estables.

El kombu de Hokkaido, en retroceso

El impacto alcanza a la gastronomía: el alga kombu, base del caldo dashi y uno de los ingredientes más transversales de la cocina japonesa, crece principalmente en las aguas frías de Hokkaido, al norte del archipiélago. El calentamiento progresivo de esas aguas está reduciendo las cosechas, lo que presiona un cultivo ligado a recetas y técnicas transmitidas durante siglos y que sostiene una industria alimentaria de alcance nacional.

La Agencia Meteorológica de Japón ha vinculado las condiciones anormalmente cálidas del océano con las temperaturas récord registradas en el verano de 2023 en el norte del país. Otros investigadores han relacionado una Kuroshio especialmente cálida con las lluvias extremas que golpearon la prefectura de Chiba en septiembre de ese mismo año, en un patrón que conecta la temperatura oceánica con fenómenos meteorológicos de tierra firme cada vez más intensos.

Al otro lado del planeta, en el Atlántico, circula un sistema distinto pero igualmente vigilado: la Circulación de Retorno Meridional del Atlántico, conocida por sus siglas en inglés, AMOC. Este entramado de corrientes superficiales y profundas transporta calor desde las regiones del sur hacia el norte de Europa, moderando el clima de países como Reino Unido, Noruega o Islandia.

Distintos modelos climáticos llevan años tratando de determinar cómo afectará el calentamiento global a la intensidad de esta circulación. Algunos escenarios contemplan un colapso que alteraría de forma drástica el sistema de corrientes y podría favorecer un enfriamiento relativo en las regiones septentrionales de Europa, además de modificar la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos en la región.

Islandia ha abordado ese escenario desde una perspectiva de seguridad nacional en los últimos meses, mientras determinados mensajes difundidos en redes sociales y medios han presentado el colapso de la AMOC como un acontecimiento inminente y catastrófico. La evidencia científica disponible apunta, sin embargo, a un cuadro más matizado del que sugieren esas narrativas.

Josep Pelegrí, investigador especializado en circulación oceánica del Instituto de Ciencias del Mar del CSIC, ha explicado a Verificat que el vínculo entre emisiones y ralentización no es directo, sino que opera a través de un mecanismo intermedio ligado al deshielo continental.

«No podemos decir que los combustibles fósiles afecten a la ralentización de la AMOC de manera directa, pero una de las consecuencias del aumento de gases de efecto invernadero es que estamos fundiendo hielo continental en lugares como Groenlandia, lo que hace que la superficie oceánica sea más dulce», explicó Pelegrí, investigador del ICM-CSIC.

Una interpretación reciente de observaciones realizadas a 26 grados de latitud norte en el Atlántico apunta a una ralentización de aproximadamente un 10% desde que comenzaron los registros, aunque ese dato no permite concluir que la circulación esté perdiendo fuerza en todo su recorrido oceánico. La prudencia metodológica contrasta con la alarma que el tema genera fuera de los círculos científicos, un patrón de incertidumbre que atraviesa otras coberturas internacionales, como las alertas sobre un posible misil balístico norcoreano que vigilan Corea del Sur y Japón.

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC) ofrece la valoración más cautelosa disponible hasta ahora. «Es muy probable que la AMOC se debilite durante el siglo XXI, aunque un colapso es muy improbable», señala el organismo. Esa doble lectura —debilitamiento probable, colapso improbable— marca la frontera entre lo que los modelos climáticos pueden afirmar hoy y lo que todavía pertenece al terreno de la especulación.

Fuentes

  1. OKDiariookdiario.com

Material del que parte esta pieza. El texto es propio; los enlaces llevan al original.

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