El rorcual común (Balaenoptera physalus) es el segundo animal más grande del planeta, solo superado por la ballena azul, y figura en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) bajo la categoría de especie «en peligro» a escala global, con una consideración específica para la subpoblación mediterránea dentro de los criterios de la organización. Cada primavera y verano, un contingente de estos cetáceos atraviesa el Mediterráneo occidental en dirección al Atlántico, y el corredor que discurre frente al Cabo de San Antonio se ha revelado como un punto de paso recurrente para la especie desde que existen registros sistemáticos de observación en la zona.
La campaña de este año se enmarca en el proyecto MYSTICMED, promovido por la UPV con respaldo del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, cuyo objetivo es caracterizar las rutas migratorias, la velocidad de desplazamiento y el estado de conservación de los grandes misticetos —el grupo de ballenas con barbas al que pertenece el rorcual— que transitan por aguas españolas. Los investigadores Eduardo Belda y Víctor Gallego, al frente del trabajo de campo, centraron buena parte del esfuerzo en la fotoidentificación individual de los ejemplares, una técnica que permite reconocer a cada animal por las marcas naturales de su piel y su aleta dorsal y así rastrear sus movimientos a lo largo de sucesivas temporadas.
Uno de los factores que explican el volumen de registros es la orografía del Cabo de San Antonio, un promontorio que ofrece una posición elevada y despejada sobre el mar sin necesidad de intervención directa sobre los animales. Desde ese enclave, los observadores Xavi Giménez y Maria Giovanna localizaron alrededor del 90% de los rorcuales contabilizados durante la campaña, según el propio equipo, mediante prismáticos convencionales con los que resulta posible identificar el característico «blow» o soplido, el chorro de aire y vapor de agua que estos cetáceos expulsan al emerger para respirar. Ese sistema de vigilancia terrestre permitió optimizar el trabajo de la embarcación de seguimiento, que solo se desplazaba hacia la posición de los animales una vez confirmado el avistamiento desde tierra, reduciendo el tiempo de navegación cerca de los ejemplares y las posibles molestias sobre su comportamiento migratorio.
Drones para muestrear el soplido sin capturar a los animales
Más allá de la observación visual, la campaña incorporó el uso de drones tanto para la fotoidentificación aérea de más de un centenar de ejemplares como para la recogida de muestras biológicas sin contacto físico con los animales. La técnica consiste en sobrevolar a baja altura el punto donde el rorcual expulsa el soplido y capturar, mediante placas Petri acopladas al dron, una muestra del vapor exhalado, que contiene células, mucosidad y compuestos hormonales del propio animal. Ese procedimiento permitió obtener seis muestras biológicas durante la campaña, destinadas al análisis hormonal y a la determinación del sexo de los ejemplares mediante técnicas de laboratorio, además de ampliar el catálogo científico que facilitará reconocerlos en futuras migraciones.
El método es considerablemente menos invasivo que la biopsia tradicional, que requiere el disparo de un dardo hueco para extraer tejido, y su empleo en cetáceos de gran tamaño se ha ido extendiendo en la última década en distintos programas de investigación marina en Europa y América del Norte. Los protocolos de investigación con fauna marina protegida priorizan la reducción de cualquier alteración sobre los ejemplares, y la combinación de vigilancia desde tierra y muestreo aéreo responde a ese criterio.
Entre los hallazgos de la temporada, el equipo destaca la detección de varias hembras acompañadas de crías, un dato que los propios investigadores interpretan con cautela: podría apuntar a una dinámica reproductiva favorable dentro de la población que transita por estas aguas, aunque coinciden en que se necesitarán varias temporadas adicionales de seguimiento para poder establecer una tendencia consistente. La ciencia de poblaciones de cetáceos requiere series temporales largas, dado que estos animales tienen ciclos reproductivos de varios años y su detección depende de condiciones meteorológicas y de mar variables de una campaña a otra.
Un corredor protegido por normativa europea y española
El interés científico por el paso de rorcuales frente a las costas de Alicante no es nuevo: desde hace más de una década distintos grupos de investigación han documentado avistamientos recurrentes en el entorno del Cabo de San Antonio, si bien la cifra de 127 ejemplares identificados en una sola campaña marca, según los datos aportados por el equipo de la UPV, un máximo no registrado anteriormente en la serie histórica de la zona. El Mediterráneo occidental, junto con el mar de Liguria y el canal de Córcega, forma parte del denominado Santuario Pelagos, área marina protegida trinacional entre Francia, Mónaco e Italia creada en 1999 para la conservación de mamíferos marinos, aunque las aguas de la Comunidad Valenciana quedan fuera de ese perímetro y dependen de figuras de protección autonómicas y estatales distintas.
La Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad conforma, junto con la normativa de desarrollo, el marco español para la protección de estos animales, que prohíbe su captura, molestia intencionada o alteración del hábitat. La Comisión Europea incluye al rorcual común entre las especies contempladas por la Directiva Hábitats (92/43/CEE), lo que obliga a los Estados miembros a adoptar medidas de conservación en las zonas de paso reconocidas. El seguimiento de poblaciones de grandes cetáceos suele apoyarse en catálogos fotográficos compartidos entre instituciones de distintos países, dado que un mismo ejemplar puede ser avistado en aguas de España, Francia o Italia en diferentes momentos de su migración.
Tras el cierre de esta campaña en la Marina Alta, el proyecto MYSTICMED extenderá su investigación hacia las aguas del Estrecho de Gibraltar, otro punto de paso obligado para varias especies de cetáceos entre el Mediterráneo y el Atlántico y donde ya existen programas de seguimiento previos. La ampliación permitiría comparar patrones migratorios entre ambos extremos del Mediterráneo occidental y reforzar el catálogo de fotoidentificación a escala de cuenca.
La consolidación de un catálogo amplio en la Marina Alta, sumado a las muestras biológicas recogidas mediante dron, aportará a los próximos estudios información sobre la estructura genética y hormonal de esta subpoblación mediterránea, con potencial repercusión en la actualización de los planes de conservación previstos por la normativa europea y española. El equipo prevé continuar el seguimiento en las próximas temporadas para verificar si la presencia de hembras con crías responde a una tendencia estable o a una circunstancia puntual de esta campaña.

