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Un estudio halla que la vacuna del covid neutraliza coronavirus animales

Investigadores del CITIID de la Universidad de Cambridge detectan anticuerpos capaces de neutralizar en laboratorio sarbecovirus de murciélagos y pangolines nunca detectados en humanos

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Un equipo de los laboratorios Gupta y Rhin, adscritos al Instituto de Inmunología Terapéutica y Enfermedades Infecciosas (CITIID) de la Universidad de Cambridge, ha comprobado que los anticuerpos generados por las dosis de refuerzo frente al SARS-CoV-2 neutralizan también, en pruebas de laboratorio, otros coronavirus emparentados que circulan en murciélagos y pangolines y que nunca han infectado a humanos.

El punto de partida de la investigación fue una pregunta relativamente sencilla: si el sistema inmunitario aprende a reconocer un patógeno tras la infección o la vacunación, ¿podría ese aprendizaje extenderse a virus todavía no circulantes en humanos pero genéticamente próximos? Es el mecanismo básico de la inmunidad adaptativa: los anticuerpos generados frente a un antígeno concreto pueden, en determinadas condiciones, reconocer estructuras similares presentes en patógenos distintos, un fenómeno conocido como reactividad cruzada.

Para comprobarlo, los investigadores analizaron la capacidad neutralizante de los anticuerpos frente a varias variantes del SARS-CoV-2, frente al SARS-CoV-1 —responsable del brote de síndrome respiratorio agudo severo de 2003— y frente a un grupo de sarbecovirus identificados en murciélagos y pangolines, considerados por la comunidad científica como posibles candidatos a un futuro salto entre especies.

Los resultados frente a las variantes del propio SARS-CoV-2 confirmaron un patrón ya documentado: los anticuerpos generados por la vacunación neutralizan con eficacia decreciente a medida que el virus acumula mutaciones. Funcionaron mejor contra la cepa original de Wuhan que contra las sucesivas variantes de Ómicron, lo que refleja la evolución del virus para eludir parcialmente la respuesta inmunitaria entrenada por la vacunación o la infección previa. Frente al SARS-CoV-1, genéticamente más distante, la neutralización fue escasa.

Un resultado inesperado en sarbecovirus animales

La parte más llamativa del estudio llegó al testar dos sarbecovirus concretos, uno aislado en murciélagos y otro en pangolines, ninguno de los cuales ha infectado nunca a una persona. Los anticuerpos de los participantes los neutralizaron con una eficacia superior, según los autores, a la registrada frente a la cepa original de Wuhan, pese a que ambos virus jamás han estado en contacto de forma natural con el sistema inmunitario humano.

Varios de los sarbecovirus estudiados demostraron capacidad de infectar células humanas en ensayos de laboratorio y presentan similitud genética suficiente con el SARS-CoV-2 como para preocupar a la comunidad científica por su poder infeccioso. Grace West, directora de la investigación en el CITIID, declaró: «Esperábamos que la vacuna frente a covid ofreciera protección frente a las variantes actuales, pero nos sorprendió descubrir que además proporciona protección frente a algunos coronavirus presentes en animales que podrían tener potencial pandémico de cara al futuro».

Rebeca Morse, coautora principal del trabajo, añadió: «Podríamos tener un punto de partida cuando se trata de protegernos frente a los brotes del futuro. Los refuerzos vacunales podrían reducir la severidad y el contagio si se produjera un salto entre especies, ofreciéndonos un tiempo valioso mientras se desarrollan vacunas más específicas. Esto sería particularmente importante para las poblaciones mayores y las más vulnerables, que suelen ser las que más sufren cuando se produce una pandemia».

El interés por la inmunidad cruzada entre coronavirus no es nuevo. Ya durante la pandemia de covid-19 se documentó que algunas personas nunca infectadas por SARS-CoV-2 conservaban cierta reactividad frente a proteínas del virus, atribuida a infecciones previas por coronavirus estacionales causantes del resfriado común. Ese antecedente alimentó la hipótesis, ahora reforzada por este estudio, de que la exposición reiterada —ya sea por infección natural o por vacunación— podría ampliar el espectro de reconocimiento inmunitario más allá del patógeno original.

Conviene, no obstante, matizar el alcance real del hallazgo. Se trata de un estudio de neutralización in vitro, realizado con muestras de sangre en laboratorio, no de un ensayo clínico que demuestre protección efectiva en personas expuestas a estos sarbecovirus. La distancia entre la neutralización de un anticuerpo en una placa de laboratorio y la protección clínica real frente a una infección es uno de los pasos más exigentes del desarrollo de cualquier vacuna, y requiere estudios adicionales en modelos animales y, eventualmente, en humanos.

La Organización Mundial de la Salud mantiene un listado de patógenos prioritarios por su potencial pandémico, entre los que figuran los coronavirus emergentes, en el marco de su preparación ante la denominada enfermedad X. La vigilancia de sarbecovirus en murciélagos y pangolines se intensificó tras confirmarse el origen zoonótico probable del SARS-CoV-2, aunque su ruta exacta de transmisión a humanos sigue siendo objeto de investigación científica sin conclusión definitiva.

Qué significa para la estrategia de vacunación

Los autores plantean que sus hallazgos podrían tener implicaciones para el diseño de futuras vacunas de amplio espectro o pancoronavirus, en investigación desde hace años en distintos centros internacionales con el objetivo de anticiparse a brotes originados en reservorios animales. La idea de fondo es que una vacuna capaz de generar anticuerpos con reactividad cruzada amplia podría ofrecer una primera línea de defensa mientras se desarrolla una vacuna específica tras la identificación de un nuevo patógeno, un proceso que en 2020 tardó menos de un año gracias a la tecnología de ARN mensajero, un plazo sin precedentes frente a los históricos, que solían superar la década.

El trabajo no aborda cuestiones de cobertura poblacional ni de política sanitaria, y sus autores no formulan, según consta en la publicación, recomendaciones sobre calendarios de vacunación. En España, la administración de dosis de refuerzo frente al covid-19 se ajusta a las recomendaciones del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, que prioriza a mayores de 60 años, personas institucionalizadas y colectivos de riesgo, en línea con las pautas de la Agencia Europea de Medicamentos.

El propio equipo de Cambridge remite a nuevos estudios para confirmar si la protección observada en laboratorio se traduce en una respuesta clínica real ante un eventual brote zoonótico, y para determinar cuánto dura esa reactividad cruzada tras sucesivas dosis de recuerdo. Hasta entonces, la comunidad científica trata el hallazgo como una vía de investigación prometedora, no como una garantía de protección frente a la próxima pandemia.

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