El comentario, formulado con el tono desenfadado que ha caracterizado buena parte de las apariciones públicas de Mourinho tras dejar el Santiago Bernabéu, apunta a una relación que, según sus propias palabras, se mantuvo activa más allá de los tres años en los que ejerció como técnico del primer equipo madridista. El entrenador luso dirigió al Real Madrid entre el verano de 2010 y el de 2013, periodo en el que sumó una Copa del Rey (2011), una Liga (2012) y una Supercopa de España (2012), además de alcanzar tres semifinales consecutivas de la Liga de Campeones sin lograr el objetivo prioritario del club en aquellos años: la Décima.
Su etapa en Chamartín estuvo marcada por tensiones internas y por una relación con la prensa deportiva madrileña que osciló entre la confrontación abierta y el uso de los medios como altavoz de sus mensajes. En ese contexto se enmarca la broma sobre las filtraciones de alineaciones, un asunto que en su día generó suspicacias en un vestuario de alta exposición mediática. La frase que sitúa el conocimiento del once como una cuestión de «contactos» entre jugadores y periodistas retrata con ironía una dinámica habitual en clubes donde la gestión de la información interna ha sido tradicionalmente un asunto sensible para los sucesivos cuerpos técnicos.
Florentino Pérez preside la entidad blanca desde 2009, en su segunda etapa al frente del club tras una primera entre 2000 y 2006. La llamada tras cada título, tal y como la describe Mourinho, se inscribe en un modelo de gestión centralizado en la figura presidencial, que contrasta con el de otros grandes clubes europeos, donde el director deportivo o el consejero delegado suelen actuar como intermediarios entre la presidencia y el banquillo. Ese contacto directo tiene también su reverso: la salida de Mourinho en junio de 2013 se produjo en un clima de deterioro de la relación con parte del vestuario y de la dirección deportiva, y el club se limitó entonces a agradecer su labor mediante un comunicado.
Desde su marcha de Chamartín, Mourinho ha dirigido al Chelsea en su segunda etapa (2013-2015), al Manchester United (2016-2018), al Tottenham Hotspur (2019-2021), a la AS Roma (2021-2024) y, desde el verano de 2024, al Fenerbahçe turco, con el que compite por el título de la Süper Lig y en competiciones europeas. En Turquía no ha logrado hasta la fecha levantar el campeonato liguero, dominado en las últimas temporadas por el Galatasaray. Su rendimiento reciente ha sido objeto de comparación recurrente entre analistas con su etapa dorada al frente del FC Porto —con el que ganó la Liga de Campeones en 2004— y del Inter de Milán, con el que conquistó el triplete en 2010.
El caso de Mourinho no es aislado en la historia reciente del madridismo. Entrenadores de distinto perfil que han pasado por el banquillo blanco han aludido a la implicación directa de la presidencia en la gestión del primer equipo. Ese modelo ha sido objeto de análisis en el periodismo deportivo español, sobre todo en los momentos de crisis de resultados, cuando la cuestión del respaldo institucional al técnico de turno cobra relevancia. La llamada tras un título funcionaría, en ese esquema, como contrapartida a la presión inherente al cargo en los periodos adversos.
El peso simbólico de la Liga de Campeones para el club es determinante en esa comunicación entre presidencia y banquillo, especialmente en las rondas decisivas. El Real Madrid es el equipo con más títulos en la máxima competición continental, con quince entorchados, el último en la temporada 2023-2024 bajo la dirección de Carlo Ancelotti. El técnico italiano dejó posteriormente el cargo para asumir la dirección de la selección de Brasil.
El banquillo del Real Madrid lo ocupa desde el verano de 2025 Xabi Alonso, que sucedió a Ancelotti. No hay constancia de que las declaraciones de Mourinho vayan acompañadas de ningún movimiento que apunte a un reencuentro profesional con el club en el que vivió, según sus palabras, algunos de los episodios más recordados de su carrera. El técnico portugués mantiene su vinculación con el Fenerbahçe de cara a la nueva temporada, en la que buscará el título liguero que se le ha resistido en Estambul.
La revalorización de la marca madridista ilustra el marco en el que se produjo aquella etapa y la actual. El Real Madrid figura como la marca de fútbol más valiosa del mundo por tercer año consecutivo, con una cifra récord cifrada en 2.400 millones de euros, un dato que refuerza la dimensión mediática y comercial de una institución donde la gestión de la información interna —desde las alineaciones hasta los contactos entre despacho presidencial y banquillo— adquiere un valor añadido. En ese ecosistema, la anécdota de las llamadas presidenciales y las filtraciones que evoca Mourinho cobra sentido como reflejo de una cultura de club marcada por la exposición permanente.

