La inflación en España subió al 3,4% en marzo, su nivel más alto desde junio de 2024, impulsada por el encarecimiento de la energía y el transporte, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística. El Banco de España ha elevado su previsión de inflación media anual al 3% y advierte de que, si el conflicto en el estrecho de Ormuz se prolonga, el Índice de Precios al Consumo podría alcanzar el 6%. En paralelo, el supervisor ha revisado al alza la previsión de crecimiento del PIB hasta el 2,3%, mientras el IBEX 35 registra máximos en un entorno que los analistas califican de volátil.
Por qué importa
La combinación de inflación al alza y crecimiento revisado al alza sitúa a la economía española ante una tensión que el Banco de España no puede ignorar: una expansión sostenida eleva la demanda interna y puede alimentar más presión sobre los precios, precisamente cuando el componente energético ya arrastra el IPC a cotas no vistas en nueve meses. El dato de inflación subyacente —que excluye energía y alimentos frescos y se sitúa en el 2,9%— indica además que el alza de precios no se limita a factores externos, sino que empieza a penetrar en el tejido de bienes y servicios de consumo cotidiano.
El escenario de riesgo: Ormuz como detonante
El estrecho de Ormuz, entre Irán y Omán, es el paso por el que transita aproximadamente un quinto del petróleo mundial y una parte significativa del gas natural licuado que abastece a Europa. Cualquier perturbación prolongada en esa ruta eleva los costes de importación energética de forma directa e inmediata. El Banco de España ha trasladado ese riesgo geopolítico a su escenario adverso, en el que el IPC llegaría al 6%, el doble de la previsión central. Se trata de un umbral que España no registra de forma sostenida desde la crisis energética de 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania disparó los precios del gas y la electricidad en toda la eurozona.
La inflación subyacente, señal de alerta estructural
Que la inflación subyacente se sitúe en el 2,9% tiene implicaciones que van más allá del ciclo energético. Los bancos centrales, incluido el Banco Central Europeo —del que el Banco de España forma parte como supervisor nacional dentro del Mecanismo Único de Supervisión—, utilizan la subyacente como termómetro de la presión de precios más persistente, aquella que no responde a shocks temporales. Un dato cercano al 3% complica el argumento de que la inflación es transitoria y puede condicionar las decisiones sobre tipos de interés en la eurozona, con efecto directo sobre hipotecas, crédito empresarial y deuda pública.
Crecimiento al alza, pero con matices
La revisión del PIB al 2,3% sitúa a España por encima de la media de la zona euro en términos de dinamismo económico, un diferencial que el Banco de España atribuye, en términos generales, a la fortaleza del consumo interno y del sector servicios. Sin embargo, un crecimiento robusto en un contexto de inflación elevada puede intensificar las presiones salariales y dificultar la convergencia del IPC hacia el objetivo del 2% que fija el BCE. La paradoja del buen dato de crecimiento es que, en este entorno, puede convertirse en un factor que complique la lucha contra la inflación.
El IBEX 35 en máximos: optimismo con reservas
Los mercados han recibido el cuadro macroeconómico con subidas, llevando al IBEX 35 a registrar máximos. La lógica bursátil responde a la revisión al alza del crecimiento, que mejora las perspectivas de beneficios empresariales. No obstante, los analistas advierten del riesgo de corrección: los máximos bursátiles alcanzados en un contexto de inflación creciente y tensión geopolítica no resueltos pueden estar descontando un escenario optimista que los fundamentales macroeconómicos no garantizan. La historia reciente de los mercados europeos muestra que los picos alcanzados en fases de euforia previa a un shock energético han precedido caídas abruptas.
Posiciones y lecturas en juego
El Banco de España, al publicar simultáneamente una revisión al alza del crecimiento y una advertencia sobre el riesgo de inflación doble, envía una señal de cautela institucional. El supervisor no puede actuar de forma autónoma sobre los tipos de interés —esa competencia recae en el BCE—, pero sí puede condicionar el debate público y las expectativas de los agentes económicos a través de sus proyecciones. La previsión central del 3% de inflación media anual ya supera el objetivo de estabilidad de precios europeo, lo que refuerza el argumento de quienes dentro del Consejo de Gobierno del BCE abogan por mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo.
Qué puede ocurrir a continuación
El desenlace del conflicto en el estrecho de Ormuz y la evolución de los precios energéticos en los mercados internacionales serán los factores determinantes de si España transita hacia el escenario central del Banco de España —inflación al 3%— o hacia el adverso, con el IPC rozando el 6%. En el corto plazo, los datos de abril del IPC permitirán confirmar si marzo fue un pico puntual o el inicio de una senda alcista más persistente. El BCE, por su parte, celebra reuniones periódicas de política monetaria en las que revisará sus propias proyecciones para la eurozona, decisiones que afectarán directamente al coste de financiación de hogares y empresas españolas.

