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Sanidad advierte de riesgos respiratorios y psicológicos por los incendios

Neumólogos y enfermería alertan de intoxicaciones por humo, quemaduras y secuelas emocionales tras las evacuaciones de estos días

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Los grandes incendios que afectan estos días a la Comunidad de Madrid y a otras zonas de España dejan, además de miles de hectáreas arrasadas, un riesgo sanitario que puede prolongarse durante semanas tras la extinción de las llamas, según advirtieron este viernes la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) y el Consejo General de Enfermería.

El primer riesgo señalado por los especialistas es el humo, capaz de recorrer decenas de kilómetros desde el foco y penetrar profundamente en los pulmones incluso cuando las llamas no son visibles. Las partículas microscópicas conocidas como PM2,5, junto con monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles, componen una mezcla que irrita ojos y garganta, provoca tos persistente, dolor de garganta, dificultad respiratoria y cefaleas, y puede desencadenar crisis asmáticas, descompensaciones de la EPOC, infartos o ictus en las personas más vulnerables.

Los colectivos de mayor riesgo, según la SEPAR, son los menores, las embarazadas, las personas mayores, quienes padecen enfermedades respiratorias o cardiovasculares previas y los trabajadores al aire libre. En estos grupos, una exposición relativamente breve al humo puede bastar para agravar patologías ya existentes y obligar a acudir a urgencias, un patrón que los hospitales españoles observan de forma recurrente durante los episodios de incendios del verano.

Ante una nube de humo, la recomendación principal de los profesionales es permanecer en espacios cerrados, con puertas y ventanas completamente selladas. En los domicilios con aire acondicionado, aconsejan activarlo en modo recirculación para impedir la entrada de aire exterior contaminado. Las autoridades sanitarias insisten además en evitar cualquier ejercicio físico intenso al aire libre mientras persista la contaminación, ya que el esfuerzo incrementa el volumen de aire inhalado y, con él, la cantidad de partículas que llegan al pulmón.

Cuando salir resulte imprescindible, los especialistas recomiendan el uso de mascarillas FFP2 bien ajustadas al rostro, las únicas que filtran de forma eficaz una parte relevante de las partículas finas del humo. Las mascarillas quirúrgicas o de tela, muy utilizadas durante la pandemia, ofrecen frente a este tipo de contaminación una protección mucho más limitada, según recordaron enfermería y neumología en sus recomendaciones conjuntas.

Quemaduras y síntomas que exigen atención urgente

En el terreno de las quemaduras, los profesionales sanitarios advierten contra los remedios caseros que siguen circulando pese a la evidencia médica en contra: nunca deben aplicarse pasta de dientes, mantequilla, aceites, hielo directo ni otros preparados sobre la piel afectada. El protocolo correcto consiste en enfriar la zona con agua corriente durante unos veinte minutos, retirar con cuidado anillos o pulseras antes de que aparezca inflamación, cubrir la lesión con un apósito limpio y acudir a un centro sanitario si la quemadura es extensa, profunda, afecta a la cara, las manos, los pies o los genitales, o presenta ampollas de cierta entidad.

La inhalación de humo exige una atención especialmente rápida. Una persona expuesta a un incendio que presente dificultad para respirar, tos intensa, ronquera, quemaduras alrededor de la boca o la nariz, esputos oscuros, confusión, somnolencia o pérdida de conciencia debe recibir asistencia médica urgente. Estos síntomas pueden apuntar a una lesión de las vías respiratorias o a una intoxicación por monóxido de carbono, un cuadro potencialmente mortal que no siempre se manifiesta de forma inmediata tras la exposición.

El riesgo no desaparece con la extinción de las llamas. Las cenizas acumuladas contienen partículas irritantes y otros contaminantes que pueden volver a ponerse en suspensión durante las tareas de limpieza. Por ello, Sanidad recomienda humedecer previamente las superficies antes de barrer, utilizar mascarilla FFP2 y guantes, evitar que los niños jueguen entre las cenizas y lavarse cuidadosamente las manos tras cualquier contacto.

A los efectos físicos se suma un impacto psicológico que, según los profesionales sanitarios, suele quedar infravalorado. La evacuación forzosa del domicilio, la incertidumbre sobre el estado de la vivienda, la pérdida de bienes materiales y, en los casos más graves, el temor por la propia vida o la de familiares, pueden generar cuadros de ansiedad, insomnio o estrés postraumático que se prolongan semanas o meses después de controlado el fuego.

Este tipo de secuelas emocionales cuenta con precedentes documentados en España. Tras los grandes incendios que en las últimas décadas han afectado a Galicia, la Comunidad Valenciana o Canarias, distintos servicios de salud mental autonómicos activaron protocolos de atención psicológica para las personas evacuadas, una respuesta que los colegios profesionales de psicología reclaman de forma sistemática ante episodios de esta magnitud.

La normativa española de calidad del aire, que traspone las directivas europeas en la materia, fija límites diarios y anuales de referencia para las partículas PM2,5 y obliga a informar a la población cuando se superan determinados umbrales. La Agencia Estatal de Meteorología y las consejerías de sanidad autonómicas emiten avisos específicos en episodios de humo intenso, coordinados con los servicios de emergencia encargados de la extinción.

La combinación de quemaduras, intoxicaciones respiratorias y trastornos psicológicos derivados de los incendios forestales no es un fenómeno nuevo en un país que registra cada año miles de hectáreas calcinadas, según las estadísticas de incendios forestales del Ministerio para la Transición Ecológica. Lo que varía, según buena parte de la comunidad científica, es la intensidad y frecuencia de los episodios más severos, vinculados al aumento de las olas de calor y la sequía en el sur de Europa.

En los próximos días, la evolución de los incendios activos y las condiciones meteorológicas determinarán si se mantienen los avisos por calidad del aire en las zonas afectadas de la Comunidad de Madrid y otras regiones. Los servicios sanitarios autonómicos continuarán vigilando la afluencia a urgencias por motivos respiratorios y cardiovasculares —un indicador que habitualmente repunta durante y después de los grandes episodios de humo—, mientras los equipos de salud mental permanecen atentos a la demanda de atención psicológica entre la población evacuada.

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