La cuarta sesión consecutiva a la baja — el IBEX acumula ya una caída del 3,2% desde el jueves — refleja un cambio de sentimiento en los mercados que va más allá de la corrección técnica habitual. Los volúmenes de negociación han aumentado un 40% respecto a la media del mes, lo que indica que los inversores institucionales están vendiendo posiciones en renta variable española de forma activa, no simplemente reduciendo exposición. Los fondos internacionales que más pesan en el IBEX — BlackRock, Vanguard, Amundi y Norges Bank — han reducido su posición agregada en valores españoles un 1,8% en la última semana, según los datos de la CNMV actualizados esta mañana. La cifra puede parecer modesta, pero en un mercado donde el free float es limitado, cada décima de punto porcentual de salida de capital se traduce en caídas amplificadas.
El sector más golpeado es el automovilístico y de componentes, donde la confirmación del ERTE de SEAT para 3.400 trabajadores en la planta de Martorell ha tenido un efecto contagio sobre toda la cadena de valor. CIE Automotive ha caído un 4,1% ayer, Gestamp un 3,7% y la propia SEAT — cotizada a través de su matriz Volkswagen en Fráncfort — ha perdido un 2,3%. El ERTE, que entrará en vigor el 2 de junio y afectará a las líneas de producción del Ibiza y el Arona, es consecuencia directa de la caída de pedidos de exportación provocada por la amenaza arancelaria de Trump: los concesionarios estadounidenses han paralizado los pedidos de vehículos europeos a la espera de conocer el arancel definitivo, y la incertidumbre ha contagiado también a los mercados de exportación de Oriente Medio y Asia, donde los compradores retrasan decisiones ante la volatilidad del tipo de cambio.
El petróleo añade una capa adicional de presión. El Brent ha subido a 95,70 dólares esta mañana, un 1,3% más que ayer, impulsado por el bloqueo del espacio aéreo saudí a las operaciones estadounidenses sobre Ormuz. La subida puede parecer moderada, pero se produce sobre una base que ya estaba elevada: el barril ha pasado de 85 dólares en marzo a los 96 del viernes, un aumento del 13% en dos meses que se traslada con un desfase de cuatro a seis semanas a los precios de los carburantes en el surtidor. El gasóleo ya está en 1,52 euros por litro de media nacional y la gasolina 95 en 1,61, niveles que empiezan a impactar en los márgenes de las empresas de transporte y logística y que añaden presión inflacionista a una cesta de la compra que los consumidores ya perciben como cara.
El oro ha sido el gran ganador de la semana. El metal precioso ha alcanzado los 2.740 dólares por onza, un nuevo máximo histórico que consolida la tendencia alcista iniciada en marzo cuando las tensiones en Ormuz empezaron a escalar. La demanda de oro como activo refugio refleja la acumulación de riesgos que los inversores perciben en el horizonte: riesgo geopolítico (Ormuz, Irán, Israel), riesgo comercial (aranceles Trump), riesgo político (crisis del PSOE, sentencia Koldo) y riesgo fiscal (desvío de fondos europeos revelado por el Tribunal de Cuentas). Cuando todas las fuentes de riesgo se activan simultáneamente, el capital fluye hacia el activo que no depende de ningún gobierno, ningún banco central y ningún acuerdo comercial: el metal amarillo que ha sido reserva de valor durante cinco milenios.
El euríbor, el índice de referencia para las hipotecas variables en España, ha bajado ligeramente a 2,82% tras cinco sesiones consecutivas al alza pero sigue en máximos de ocho meses. El impacto sobre las familias es directo y cuantificable: una hipoteca variable media de 150.000 euros a 25 años que se revisara hoy pagaría aproximadamente 52 euros más al mes que en enero, un incremento del 7,4% que se acumula sobre las subidas de los dos años anteriores. El BCE ha mantenido los tipos en el 4,25% en su última reunión y las actas publicadas la semana pasada sugieren que no habrá recorte hasta septiembre como pronto, lo que significa que el euríbor se mantendrá en estos niveles durante al menos cuatro meses más.
El informe del Tribunal de Cuentas sobre el desvío de 2.389 millones de fondos europeos ha añadido un nuevo factor de incertidumbre que los mercados apenas han empezado a digerir. La cifra en sí no es lo que preocupa a los inversores — España tiene un PIB de 1,4 billones y 2.389 millones representan un 0,17% — sino las consecuencias potenciales: si la Comisión Europea suspende parcialmente los desembolsos pendientes del Plan de Recuperación, el Gobierno se encontraría con un agujero de financiación que debería cubrir con deuda pública en un momento en que la prima de riesgo española ya ha subido 15 puntos básicos en la última semana (de 92 a 107 sobre el bund alemán). Una prima de riesgo por encima de 120 activaría las alarmas en los mercados de deuda y encarecería la financiación no solo del Estado sino de las empresas y los bancos españoles.
La bolsa española se encuentra, en resumen, atrapada en un triángulo de presiones que se refuerzan mutuamente. La crisis geopolítica sube el petróleo, que sube la inflación, que retrasa la bajada de tipos, que mantiene alto el euríbor, que frena el consumo, que reduce los beneficios empresariales, que baja la bolsa. La amenaza arancelaria reduce las exportaciones, que provoca ERTEs, que reduce el PIB, que deteriora las cuentas públicas, que sube la prima de riesgo, que encarece la deuda, que baja la bolsa. Y la presión judicial genera incertidumbre política, que ahuyenta la inversión extranjera, que reduce la liquidez, que amplifica las caídas, que baja la bolsa. Las tres espirales funcionan de forma independiente pero convergen en un mismo punto: los 17.850 del IBEX, un nivel que los analistas técnicos consideran un soporte clave por debajo del cual la caída podría acelerarse hasta los 17.000.
Los analistas de los principales bancos de inversión empiezan a revisar a la baja sus previsiones para la bolsa española. Morgan Stanley rebajó ayer su recomendación sobre España de «sobreponderar» a «neutral», citando «la acumulación de riesgos políticos, judiciales y fiscales que no se observa en otros mercados periféricos europeos como Italia o Portugal». Goldman Sachs mantiene por ahora su recomendación positiva pero ha reducido su precio objetivo para el IBEX de 19.500 a 18.200, un recorte del 6,7% que refleja «el deterioro del entorno macroeconómico y la incertidumbre regulatoria». Citi, por su parte, ha identificado a España como «el mercado europeo más vulnerable a un shock arancelario» debido a la concentración de sus exportaciones en sectores sensibles.
Al abrir los mercados esta mañana, la sala de trading del Palacio de la Bolsa de Madrid presenta la atmósfera silenciosa y tensa de los días en los que nadie quiere ser el primero en comprar ni el último en vender. «Cuando la historia que cuentan las noticias es que el Gobierno está bajo asedio judicial, que los fondos europeos se han desviado, que los aranceles van a subir y que el petróleo no baja, ningún gestor de fondos de Nueva York o Fráncfort va a poner dinero en España», resume un operador veterano de la mesa de renta variable. «No importa si los números de Inditex o de Iberdrola son buenos. Lo que importa es la historia. Y la historia de España esta semana es terrible».


