El IBEX 35 cerró la semana en 18.484 puntos, con un avance del 2,18% respecto al cierre anterior, situándose en cotas próximas a sus máximos históricos. El detonante fue la caída del precio del barril de Brent hasta los 79,40 dólares, un retroceso significativo respecto a los niveles superiores registrados durante el pico de tensión en el estrecho de Ormuz. La reapertura parcial del paso marítimo y el inicio de conversaciones diplomáticas en Mascate entre las partes implicadas en la crisis regional actuaron como catalizadores de un rebote que, sin embargo, los inversores europeos interpretan con cautela ante la fragilidad del contexto.
Ormuz y el precio del crudo, detonante del rebote
Por el estrecho de Ormuz transita aproximadamente un quinto del petróleo que se comercia a escala global, lo que convierte cualquier perturbación en ese corredor —situado entre Irán y Omán— en un factor de impacto inmediato sobre el precio del crudo y, por extensión, sobre la inflación energética en Europa. La Unión Europea importa la práctica totalidad del petróleo que consume, una dependencia estructural que hace de Ormuz un punto de vulnerabilidad sistémica para las economías del continente. La reapertura parcial del estrecho, aunque no resuelve la crisis de fondo, ha bastado para relajar la prima de riesgo geopolítica que el mercado había incorporado al precio del barril.
La caída del Brent hasta los 79,40 dólares alivia la presión sobre los costes industriales y mejora las perspectivas de márgenes en sectores intensivos en energía, dos variables con peso directo en la cotización de compañías del IBEX 35. La composición sectorial del índice español —con una proporción significativa de valores financieros y energéticos— lo hace especialmente sensible tanto a los shocks geopolíticos en el Golfo Pérsico como a las decisiones del Banco Central Europeo en materia de tipos de interés, lo que amplifica los movimientos del mercado en semanas como la presente.
Trump presiona a Teherán mientras Mascate negocia
El doble registro que caracteriza históricamente las crisis del Golfo volvió a manifestarse esta semana. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió que Irán no puede chantajear a Estados Unidos, según recogieron los mercados como señal de que la presión política de Washington sobre Teherán se mantiene intacta pese a los contactos diplomáticos en curso en la capital omaní. Este patrón —negociación técnica simultánea a la presión política— es recurrente en los episodios de tensión en la región y explica por qué los inversores celebran los avances sin descontar por completo el riesgo: una ruptura de las conversaciones de Mascate podría revertir con rapidez la caída del crudo.
Como precedente histórico comparable, el cierre de Ormuz durante la Guerra de los buques cisterna en la segunda mitad de los años ochenta del siglo pasado disparó el precio del petróleo e impuso una prima de riesgo duradera sobre los mercados de energía globales, con consecuencias directas sobre la inflación en los países importadores netos. La resolución de aquel episodio también combinó negociación diplomática y presión militar, con una volatilidad prolongada antes de que el mercado asumiera la normalización.
La crisis de queroseno amenaza con agravarse en mayo
Más allá del alivio inmediato en el precio del crudo, las refinerías europeas han trasladado una advertencia que el mercado no puede ignorar: la crisis de suministro de queroseno —el combustible de aviación derivado del petróleo— podría agravarse en mayo. El queroseno no es un producto intercambiable con otros derivados del crudo sin modificaciones en las instalaciones de refinado, lo que limita estructuralmente la capacidad de respuesta a corto plazo ante interrupciones en el suministro. Esta rigidez técnica convierte la alerta de las refinerías en un riesgo con calendario concreto y difícil de neutralizar mediante sustitución.
Un encarecimiento sostenido del queroseno o una escasez real afectaría directamente a las aerolíneas europeas, cuyos costes de combustible representan habitualmente entre el 20% y el 30% de sus gastos operativos totales. El traslado de ese encarecimiento a los precios de los billetes deprimiría la demanda turística en la temporada alta de verano, con consecuencias relevantes para la economía española, cuyo sector turístico representa una fracción significativa del PIB nacional. La proximidad del mes de mayo —inicio del ciclo de mayor actividad aérea en Europa— hace que el plazo de la alerta coincida con el momento de mayor exposición al riesgo.
El IBEX 35, en la antesala de un territorio sin precedente
El cierre en 18.484 puntos coloca al IBEX 35 en una posición inédita en su historia reciente, en la antesala de unos máximos históricos que el índice lleva meses intentando consolidar. El selectivo español cotiza bajo las reglas generales de los mercados regulados de valores, con supervisión de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), y sus movimientos reflejan tanto la valoración de sus componentes como el apetito inversor por activos denominados en euros en un contexto de política monetaria del BCE en transición. La proximidad a máximos históricos introduce una dinámica técnica que puede tanto acelerar el avance —si los flujos de entrada se intensifican— como provocar tomas de beneficios que frenen la progresión.
Banca e incertidumbre sobre márgenes centrarán la próxima semana
El foco de la semana siguiente se desplaza al interior del selectivo: las principales entidades financieras cotizadas en el IBEX 35 presentarán sus resultados con guías que el mercado anticipa como positivas. El sector bancario español atraviesa desde 2022 un ciclo de márgenes de interés elevados, favorecido por las subidas de tipos del BCE iniciadas ese año en respuesta a la inflación. Sin embargo, el inicio del ciclo bajista de tipos —con varios recortes ya ejecutados por la autoridad monetaria europea— introduce incertidumbre sobre la sostenibilidad de esos márgenes en los trimestres siguientes, una variable que los analistas seguirán con atención en las presentaciones de resultados.
Las guías que los bancos del IBEX trasladen a inversores y analistas sobre su rentabilidad futura servirán como termómetro de la resistencia del negocio bancario doméstico ante ese cambio de ciclo monetario. La confluencia de ese evento corporativo con la evolución de las conversaciones de Mascate y con el seguimiento de la alerta sobre el queroseno dibuja una semana de alta densidad informativa para los mercados. Un deterioro en cualquiera de estos tres frentes podría frenar el avance del selectivo antes de que consolide nuevos máximos históricos; la confluencia de señales positivas en los tres abriría la puerta a un territorio de precios sin referencia previa en la historia del índice.


