El desplome del IBEX se ha concentrado en dos sectores que representan conjuntamente más del 60% de la capitalización del selectivo: la banca y las energéticas. Santander ha liderado las caídas con un descenso del 4,8%, seguido de BBVA con un 4,5%, CaixaBank con un 4,1% y Bankinter con un 3,9%. Las razones son múltiples y se refuerzan mutuamente: el estancamiento de los tipos de interés en el 2,50% comprime el margen de intermediación que los bancos habían ensanchado durante el ciclo de subidas de 2022-2023; la subida del petróleo amenaza con una desaceleración económica que incrementaría la morosidad, especialmente en el segmento de crédito al consumo y pymes; y la incertidumbre geopolítica reduce el apetito inversor por los activos de riesgo europeos, que los fondos internacionales sustituyen por bonos del Tesoro estadounidense y oro. En el sector energético, Iberdrola ha caído un 3,6%, Endesa un 4,2% y Repsol un 3,1%, pese a que esta última debería beneficiarse teóricamente del encarecimiento del crudo. La paradoja se explica porque el mercado descuenta que un Brent sostenido por encima de los 120 dólares provocará una destrucción de demanda que reducirá los márgenes de refino y porque las sanciones a Irán complican las operaciones de Repsol en el Golfo Pérsico, donde la petrolera española mantiene intereses logísticos significativos.
El panorama europeo no es más alentador. El DAX alemán ha cerrado con una caída del 2,14% que lo sitúa en los 17. 823 puntos, arrastrado por el sector automovilístico — Volkswagen ha perdido un 5,1%, BMW un 4,3% y Mercedes un 3,8% — que sufre el doble impacto del encarecimiento de los costes de producción por el petróleo y la caída de la demanda en China, el principal mercado de exportación de los fabricantes alemanes. El CAC-40 francés ha retrocedido un 2,51% hasta los 7. 612 puntos, con TotalEnergies como la excepción al alza (+1,2%) por su exposición directa al precio del crudo, mientras que LVMH ha caído un 3,4% y L'Oréal un 2,9% ante las perspectivas de menor consumo discrecional en Europa. El FTSE MIB italiano ha sido el peor de los grandes índices europeos con una caída del 3,02%, lastrado por la banca italiana — Unicredit ha perdido un 5,3% e Intesa Sanpaolo un 4,7% — y por el temor a que el BCE mantenga los tipos demasiado tiempo para una economía italiana que crece al 0,3% trimestral, la mitad que la media de la eurozona.
La decisión del BCE de mantener los tipos era esperada por el consenso del mercado — el 94% de los economistas encuestados por Bloomberg anticipaba la pausa —, pero las palabras de Christine Lagarde en la rueda de prensa posterior han añadido un tono de preocupación que los analistas no esperaban. La presidenta del BCE ha dedicado los primeros diez minutos de su intervención a describir lo que ha denominado «un entorno de incertidumbre excepcional» generado por tres factores: la escalada del precio del petróleo, la fragmentación del comercio internacional por las sanciones y las tensiones geopolíticas, y la persistencia de la inflación subyacente en la eurozona, que se situó en el 2,7% en abril frente al objetivo del 2%. Lagarde ha sido especialmente cauta al referirse a la posibilidad de recortes futuros: «Necesitamos más datos antes de tomar una decisión sobre la senda de tipos. Los datos que tenemos hoy no permiten concluir que la inflación esté en una trayectoria sostenida hacia el 2%, y hasta que esa conclusión sea sólida, el Consejo de Gobierno considera que la prudencia exige mantener la postura actual. » La referencia a «más datos» ha sido interpretada por los mercados como una señal de que el BCE no recortará tipos al menos hasta septiembre, cuando dispondrá de los datos de inflación de junio, julio y agosto y de las proyecciones macroeconómicas actualizadas del staff del BCE.
El Euríbor a doce meses, que es el índice de referencia para la mayoría de las hipotecas variables en España, cierra abril en el 2,742%, frente al 2,187% de abril de 2025. La diferencia de 55 puntos básicos se traduce en un encarecimiento medio de las hipotecas que se revisan en mayo de aproximadamente 53 euros mensuales para un préstamo tipo de 150. 000 euros a 25 años con un diferencial del 1%. Este incremento se suma al acumulado en los meses anteriores y eleva el coste anual de la hipoteca media variable en España a 636 euros más que hace un año, una cantidad que representa una presión significativa sobre la renta disponible de los hogares, especialmente los de renta media y baja que dedicaban ya más del 35% de sus ingresos al pago de la vivienda. Los analistas del Banco de España han alertado en su último informe de estabilidad financiera de que la combinación de tipos altos y precios inmobiliarios en máximos históricos — la vivienda se ha encarecido un 14,3% interanual en el primer trimestre — está generando un «efecto pinza» sobre los hogares jóvenes que reduce su capacidad de ahorro, limita su acceso al crédito y refuerza la tendencia hacia el alquiler, que a su vez se encarece por la creciente demanda.
El balance de abril para los mercados españoles es desolador y refleja una confluencia de factores negativos que los analistas no recuerdan desde la crisis energética de 2022. El IBEX 35 pierde un 6,2% en el acumulado mensual, borrando prácticamente toda la recuperación que había protagonizado en marzo, cuando el selectivo llegó a situarse por encima de los 18. 200 puntos impulsado por unas expectativas de recorte de tipos que ahora se han evaporado. El Brent ha subido un 31% desde principios de marzo, cuando se situaba en 96 dólares, hasta los 126 actuales, un incremento que se ha trasladado parcialmente a los precios de los carburantes — el litro de gasolina 95 se paga a una media de 1,78 euros en las estaciones españolas, frente a los 1,52 de hace dos meses — y que amenaza con elevar la inflación general por encima del 4% en mayo si no se produce una corrección a la baja del crudo. El PIB del primer trimestre, publicado hoy por el INE, confirma la desaceleración con un crecimiento del 0,6% trimestral, dos décimas menos que en el cuarto trimestre de 2025, y los indicadores adelantados — PMI manufacturero, confianza del consumidor, ventas minoristas — apuntan a que la tendencia se mantendrá en el segundo trimestre.
«Estamos en un escenario de estanflación suave», resume María Dolores Sánchez, directora de inversiones de una de las principales gestoras nacionales, «con un crecimiento que se frena por debajo del potencial mientras la inflación se resiste a bajar por el efecto del petróleo y de las disrupciones en las cadenas de suministro. El BCE no puede bajar tipos porque la inflación no le deja, pero si no los baja, la economía se enfriará más. Es el peor de los escenarios posibles para un inversor en renta variable. » Otros analistas son algo más matizados y señalan que el mercado laboral español sigue resistiendo — la tasa de paro se mantiene en el 11,2%, la más baja desde 2008 — y que la demanda interna, aunque se modera, no muestra signos de contracción. «No estamos en recesión ni vamos a estarlo a corto plazo», argumenta Javier Rodríguez, economista jefe de un banco de inversión español, «pero la ventana de crecimiento robusto que tuvimos en 2024 y principios de 2025 se ha cerrado, y lo que tenemos por delante es un período de crecimiento anémico en el que cualquier shock externo — un Brent a 140, un cierre total de Ormuz, una escalada militar — podría empujarnos al borde. »
La reunión del BCE ha incluido también una discusión sobre el préstamo de 90. 000 millones de euros a Ucrania que estaba bloqueado desde hacía semanas por la resistencia de Hungría. Según fuentes diplomáticas citadas por Reuters, la delegación húngara ha levantado su veto tras obtener garantías de que los fondos no se utilizarán para la compra de armamento y de que Hungría recibirá una compensación en forma de flexibilización de las condiciones del Plan de Recuperación europeo que Budapest tenía congelado. La noticia ha tenido un impacto menor en los mercados, que estaban ya descontando el desbloqueo, pero tiene implicaciones significativas para la arquitectura financiera europea y para la relación de la UE con Ucrania en un momento en el que las negociaciones de paz con Rusia se encuentran estancadas y la OTAN evalúa un incremento del gasto en defensa que podría afectar a los presupuestos de los estados miembros.
El cierre de abril deja a los inversores españoles con una pregunta que nadie sabe responder con certeza: ¿cuánto durará el ciclo de petróleo caro? Si el Brent se estabiliza en la franja de 120-130 dólares, la economía española puede absorber el impacto con una desaceleración moderada del crecimiento y una inflación elevada pero manejable. Pero si las tensiones en Ormuz escalan y el Brent supera los 140 dólares — un escenario que Goldman Sachs asigna una probabilidad del 30% para el tercer trimestre —, el panorama cambia radicalmente: la inflación podría superar el 5%, el BCE se vería obligado a subir tipos en lugar de bajarlos, la morosidad bancaria se dispararía y España podría entrar en recesión técnica en la segunda mitad del año. El Gobierno de Pedro Sánchez, que afronta simultáneamente la crisis judicial del caso Koldo, la huelga médica y la campaña andaluza, no tiene margen presupuestario para desplegar un escudo anticrisis de la magnitud del que implementó en 2022, porque el déficit público se sitúa ya en el 3,6% del PIB y la deuda pública supera el 107%. La combinación de vulnerabilidad económica, inestabilidad política y dependencia energética exterior configura un escenario de riesgo que los mercados están empezando a reflejar en las primas de riesgo: el diferencial del bono español a diez años respecto al bund alemán se ha ampliado hasta los 112 puntos básicos, el nivel más alto desde octubre de 2023.


