El selectivo español ha firmado esta tarde su mejor sesión desde noviembre de 2025 con una subida del 1,3% que lo coloca a solo 128 puntos del techo histórico alcanzado en septiembre del año pasado. El volumen negociado ha superado los 2.300 millones de euros, casi cuarenta puntos porcentuales por encima del promedio mensual, y la amplitud del movimiento ha sido significativa: 31 de los 35 valores del índice han cerrado en positivo. Solo Grifols, Cellnex, Colonial e Indra han cerrado con caídas leves, en un día marcado por dos catalizadores simultáneos y uno inesperado.
Los dos catalizadores esperados fueron la prórroga de noventa días de la tregua arancelaria entre Estados Unidos y China anunciada a primera hora por la Oficina del Representante Comercial estadounidense, y la mejora de las previsiones del FMI para España publicada en la edición matinal. Ambos, combinados, produjeron a primera hora un rebote técnico del 0,7%. Pero lo que ha llevado la sesión a los 12.713 ha sido el tercer catalizador: la noticia, confirmada a las 15:20 por una nota de Bloomberg, de que la Comisión Europea activaba el primer tramo de 3.000 millones a Budapest y, con él, un efecto arrastre sobre los valores con exposición centroeuropea.
Repsol ha liderado la subida con un +2,7% tras dos noticias convergentes: la cotización del brent por encima de los 84 dólares tras las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y el anuncio interno de la compañía de una revisión al alza de sus previsiones de refino para el segundo trimestre. Santander ha sumado un 2,3% impulsado por la bajada acelerada del Euribor —que hoy marcaba 2,113% en su cotización diaria— y por el ajuste al alza del PIB español del FMI. BBVA no se ha quedado atrás (+1,9%) y ha confirmado que su consejo estudiará mañana la posibilidad de recomprar acciones por valor de 2.500 millones en el segundo semestre.
El analista jefe de un banco nórdico con mesa en Madrid, consultado por este periódico a las 17:50, resume la sesión con una frase que lleva más implícito del que parece: 'Madrid ha dejado de ser la periferia de Europa'. La afirmación, aparentemente hiperbólica, tiene soporte empírico. El spread entre el bono español a diez años y el bund alemán ha caído a 58 puntos básicos, su nivel más bajo desde 2010. El CDS soberano español cotiza ya por debajo del italiano. Y el diferencial con Portugal, que fue el gran dolor de cabeza del Ministerio de Economía durante el primer trimestre, se ha comprimido hasta desaparecer técnicamente.
Este comportamiento no es casual. Los inversores institucionales llevan seis semanas reasignando posiciones al sur del continente tras la publicación de tres informes consecutivos: el del Banco Central Europeo sobre crecimiento asimétrico, el del propio FMI de esta semana y el informe de primavera de la Comisión que se hizo público el martes. Los tres coinciden en que España crecerá este año más del doble que la media de la eurozona y que el conjunto de los países mediterráneos compensará el estancamiento de Alemania y Francia. Eso —el dato macro combinado con el giro húngaro y con la expectativa de una política monetaria del BCE menos restrictiva— es lo que los gestores de fondos llaman 'tormenta perfecta' en sentido alcista.
Hay, no obstante, una señal de alerta que conviene no perder de vista. El volumen de derivados operado hoy sobre el Ibex, especialmente sobre vencimientos de junio y septiembre, ha sido excepcionalmente alto. Eso puede significar dos cosas: o bien que los grandes fondos están cubriendo posiciones largas previendo volatilidad por el conflicto en Oriente Medio, o bien que están apostando directamente a la continuidad de la subida. La respuesta no se sabrá hasta la liquidación del tercer viernes de junio, pero en los despachos de análisis técnico de las principales gestoras españolas ya se habla de 'consolidación por encima de los 12.600 puntos' como escenario base para las próximas cuatro semanas.
Al otro lado del Atlántico, Wall Street ha acompañado el movimiento con subidas más moderadas: el S&P 500 avanzaba un 0,6% y el Nasdaq un 0,8% a la hora del cierre europeo. El dólar, por su parte, ha cedido cuatro décimas frente al euro hasta los 1,1042 cambios, un nivel que las tesorerías corporativas españolas celebran en voz baja porque abarata las importaciones energéticas. Y el precio del oro ha retrocedido 18 dólares hasta los 2.384, un dato que los analistas interpretan como confirmación del apetito por el riesgo europeo.
La pregunta, a partir de mañana, es si el Ibex tiene capacidad para romper el techo histórico. Tres operadores consultados por este periódico coinciden en que sí, pero con condiciones. 'Necesitamos que Oriente Medio no se deteriore, que el BCE mantenga el guion y que la regularización del Gobierno no se convierta en un debate sobre colas'. Es una lista concreta y, por una vez, los tres factores están, al menos hoy al cierre, dentro del control razonable del Ejecutivo y de las instituciones europeas. Mañana se verá. Pero esta tarde, en Madrid, el parqué ha cerrado como hacía meses que no cerraba: con aplauso interno y con el pitido final del regulador sonando como si alguien, por fin, hubiera destapado una botella.


