El comportamiento del Sabadell ha sido la historia dentro de la historia en la sesión de ayer. Tras el desplome del veintinueve por ciento acumulado en las sesiones anteriores provocado por unos resultados del primer trimestre que revelaron un beneficio un veintinueve por ciento inferior al del mismo periodo del año anterior, el banco catalán cerró ayer con una subida del dos coma tres por ciento que los analistas de Goldman Sachs interpretan como «el inicio de una estabilización técnica tras un sell-off excesivo». La realidad es que el mercado ha castigado al Sabadell por un problema específico — el estrechamiento del margen de intereses combinado con un aumento de la morosidad en su cartera hipotecaria — pero los fundamentales de medio plazo del banco no han cambiado sustancialmente: su base de depósitos sigue siendo sólida, su exposición al sector inmobiliario comercial es limitada y su transformación digital avanza a un ritmo que los propios competidores reconocen como superior a la media del sector. Los próximos trimestres dirán si el mercado ha sobrereaccionado o si el desplome anticipa problemas estructurales más profundos.
La alianza entre Telefónica y Microsoft para el desarrollo de una nube soberana española ha sido la noticia corporativa del día y su alcance va mucho más allá de lo tecnológico. El acuerdo, valorado en ochocientos millones de euros a invertir en un plazo de cinco años, contempla la construcción de centros de datos en Madrid y Barcelona que alojarán la infraestructura digital de las administraciones públicas españolas, las fuerzas armadas y las empresas del sector energético, sanitario y financiero que manejan datos clasificados como sensibles o estratégicos. La nube soberana se regirá exclusivamente por la legislación española y europea, los servidores estarán ubicados en territorio nacional y los datos no podrán ser transferidos a jurisdicciones extranjeras sin autorización expresa del Gobierno, una arquitectura diseñada para blindar la soberanía digital de España frente a los riesgos derivados de la extraterritorialidad de la legislación estadounidense, especialmente la CLOUD Act que permite al Gobierno de Estados Unidos exigir el acceso a datos almacenados por empresas americanas incluso cuando los servidores están fuera de territorio norteamericano.
El euríbor a doce meses se ha mantenido estable en el dos coma ochenta y uno por ciento, un nivel que representa un alivio relativo para los hipotecados españoles respecto al pico del tres coma ocho por ciento alcanzado en septiembre del año pasado pero que sigue muy por encima del territorio negativo en el que se movió durante la era de tipos cero del BCE. La estabilización del euríbor refleja la expectativa del mercado de que el Banco Central Europeo mantendrá los tipos de interés en su nivel actual durante al menos dos reuniones más antes de considerar una bajada, una expectativa que la caída del petróleo por debajo de los cien dólares podría alterar si se traduce en un descenso sostenido de la inflación general que se acerque al objetivo del dos por ciento. El dato de inflación subyacente publicado ayer — tres coma cuatro por ciento interanual — sigue siendo el principal argumento de los halcones del BCE para resistir las presiones de bajada: mientras la inflación subyacente, que excluye energía y alimentos frescos, se mantenga por encima del tres por ciento, una bajada prematura de tipos podría alimentar expectativas inflacionistas.
Los mercados europeos vigilan con especial atención el calendario de las próximas dos semanas, donde se acumulan eventos con potencial para mover los índices en cualquier dirección. El trece de mayo, el Tribunal Supremo decidirá si suspende la regularización de migrantes, una decisión con impacto económico directo sobre sectores como la agricultura, la hostelería y la construcción que dependen de la mano de obra inmigrante. El quince de mayo, la ronda de negociaciones de Ginebra determinará si los aranceles de Trump se materializan o se desactivan. El diecisiete de mayo, las elecciones andaluzas podrían confirmar un giro conservador con implicaciones para la política económica autonómica. Y el diecinueve de mayo, el Consejo Europeo extraordinario abordará los aranceles y la respuesta comercial de la UE con un paquete de represalias de noventa y cinco mil millones de euros que podría activarse de forma unilateral si Ginebra fracasa. Cada uno de estos eventos tiene el potencial de generar movimientos del dos al tres por ciento en los índices europeos.
La caída del Brent por debajo de los cien dólares merece un análisis específico porque sus implicaciones macroeconómicas son profundas y se transmiten por múltiples canales. El primer canal es directo: España importa el noventa y ocho por ciento del petróleo que consume, de modo que cada dólar de reducción en el precio del barril supone un ahorro anual de aproximadamente cuatrocientos millones de euros en la factura energética nacional. El segundo canal es inflacionista: la energía pondera aproximadamente un diez por ciento en el índice de precios al consumo, y una caída sostenida del petróleo se trasladaría en un plazo de seis a ocho semanas a los precios de los combustibles, el transporte y, en menor medida, los alimentos. El tercer canal es financiero: un petróleo más barato mejora los márgenes de las empresas industriales, reduce la presión sobre los salarios reales y amplía el margen de maniobra del BCE para bajar tipos. El conjunto de estos efectos podría añadir entre dos y cuatro décimas al crecimiento del PIB español en la segunda mitad del año.
La incertidumbre sobre los aranceles de Trump constituye el principal factor de riesgo para los mercados europeos en las próximas semanas. La industria automotriz española, que emplea a más de trescientas mil personas y genera una facturación anual que supera los ochenta mil millones de euros, tiene una exposición directa al mercado estadounidense que varía significativamente según las marcas y las plantas: Volkswagen Navarra exporta el quince por ciento de su producción a Estados Unidos, mientras Stellantis Vigo apenas un tres por ciento. Sin embargo, el impacto indirecto sería mucho mayor: un arancel del veinticinco por ciento provocaría una contracción de la demanda en todo el mercado europeo que afectaría a las cadenas de suministro de componentes, a las empresas de logística y al empleo temporal en los polígonos industriales del norte de España. El Gobierno ha anunciado un plan de contingencia con líneas ICO de liquidez, deducciones fiscales para la reconversión tecnológica y programas de recualificación profesional, pero los empresarios del sector consideran las medidas insuficientes.
Telefónica cerró la sesión con una subida del uno coma ocho por ciento impulsada por el anuncio de la alianza con Microsoft, una reacción que los analistas atribuyen no solo al valor del contrato en sí mismo sino a la señal estratégica que envía: la mayor operadora española se posiciona como partner tecnológico del Estado en un momento en que la soberanía digital se ha convertido en una prioridad de la agenda europea. Los ochocientos millones de inversión comprometidos se distribuirán en tres tramos: trescientos veinte millones para la construcción de los centros de datos, doscientos sesenta para el desarrollo de la plataforma de servicios en la nube y doscientos veinte para la formación de técnicos especializados y la migración de los sistemas existentes de las administraciones públicas. El proyecto generará, según las estimaciones de ambas compañías, más de dos mil empleos directos y cinco mil indirectos en un plazo de tres años.
El panorama macroeconómico español presenta, en síntesis, una dualidad que refleja las tensiones contradictorias del entorno global. Los indicadores de actividad — empleo, consumo, producción industrial — siguen siendo sólidos y la afiliación a la Seguridad Social ha alcanzado nuevos máximos. Pero la inflación subyacente del tres coma cuatro por ciento, la amenaza arancelaria, la incertidumbre geopolítica en Ormuz y el posible impacto de una crisis sanitaria por hantavirus configuran un horizonte de riesgos que los mercados intentan valorar con información incompleta. En las próximas dos semanas, la economía española sabrá si los titulares se convierten en hechos o se quedan en amenazas.


