La arquitectura de la caída revela un mercado partido en dos. En el lado de los supervivientes, Amadeus (+3,6%) y Ferrovial (+2,6%) protagonizaron las únicas alegrías significativas de la sesión gracias a unos resultados trimestrales que superaron las expectativas del consenso: Amadeus reportó un crecimiento del 12% en ingresos por reservas aéreas — impulsado por la recuperación del turismo asiático — y Ferrovial anunció un incremento del 18% en su cartera de concesiones tras la adjudicación de dos autopistas en Australia. Ambas compañías comparten una característica que el mercado premia en tiempos de incertidumbre: la diversificación geográfica de sus ingresos, que les protege de la exposición excesiva a cualquier zona de conflicto.
En el lado de las víctimas, IAG encabezó las caídas con un desplome del 5,5% que borró 1.200 millones de euros de capitalización en una sola sesión. El motivo es directo: la aerolínea matriz de Iberia, British Airways y Vueling tiene una exposición significativa a las rutas de Oriente Medio — Tel Aviv, Dubái, Riad, Doha — que representan el 11% de sus ingresos por pasaje y que están bajo amenaza directa por la escalada en Ormuz y por el bloqueo del espacio aéreo saudí. Si Arabia Saudí extiende el bloqueo a vuelos comerciales — una posibilidad que los analistas de Morgan Stanley situaron esta tarde en un 35% de probabilidad —, IAG tendría que desviar sus rutas hacia el este por un corredor que añade entre 90 y 150 minutos a cada vuelo, encareciendo el combustible y reduciendo la rentabilidad por ruta.
Grifols cayó un 4,1% tras la rebaja de perspectiva anunciada por Moody's al cierre de la sesión europea del viernes. La agencia de calificación rebajó la perspectiva de la farmacéutica catalana de «estable» a «negativa», citando preocupaciones sobre su nivel de endeudamiento — la ratio deuda neta/EBITDA se sitúa en 5,8 veces, frente a las 5,2 comprometidas con los inversores — y sobre la capacidad de la compañía para generar flujo de caja libre suficiente para reducir su deuda de 9.400 millones de euros en el plazo comprometido. La rebaja de Moody's se suma a las dudas que arrastra Grifols desde el informe de Gotham City Research de enero de 2024 sobre sus prácticas contables, unas dudas que la compañía ha intentado disipar con auditorías externas pero que el mercado no termina de olvidar.
El euríbor a doce meses, la referencia para la mayoría de las hipotecas variables en España, cerró mayo en el 2,818% — el nivel más alto desde septiembre de 2024 y el quinto día consecutivo al alza —. La subida del euríbor refleja la expectativa de que el BCE no recortará los tipos de interés en su reunión de junio, como el mercado anticipaba hace un mes, sino que los mantendrá en el 3,75% al menos hasta septiembre por la presión inflacionaria que genera el encarecimiento del petróleo. Para un hogar español con una hipoteca variable media de 150.000 euros a 25 años, el euríbor al 2,818% supone una cuota mensual de 742 euros — 58 euros más al mes que en enero, cuando el euríbor estaba en el 2,41% — y 696 euros más al año. Multiplicado por los 3,8 millones de hipotecas variables vigentes en España, el coste agregado del encarecimiento del euríbor asciende a 2.640 millones de euros anuales adicionales que los hogares dejan de gastar en consumo.
El oro alcanzó un nuevo máximo histórico en 2.738 dólares la onza, un 0,9% más que el cierre del viernes y la decimoctava marca histórica del año. La subida del oro es el termómetro más fiable del miedo global: cada vez que los inversores institucionales perciben que el riesgo geopolítico supera su capacidad de valoración, el dinero fluye hacia el metal que lleva cinco mil años funcionando como refugio. La demanda de oro viene esta vez de tres fuentes simultáneas: los bancos centrales de China e India, que acumulan reservas para diversificar sus tenencias de dólares; los fondos soberanos del Golfo, que cubren su exposición al conflicto regional; y los inversores minoristas europeos y americanos que, a través de ETFs, buscan protección contra la inflación energética.
SEAT confirmó esta tarde que mantiene el Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) para 3.400 trabajadores de su planta de Martorell a partir del 2 de junio, afectando a tres de las cuatro líneas de producción del modelo Cupra Born y del Seat León. La causa oficial es la «caída de pedidos de exportación» provocada por la incertidumbre arancelaria — el ultimátum de Trump del 4 de julio sigue vigente y la reunión Sefcovic-Greer en París terminó sin acuerdo la semana pasada —, pero los sindicatos señalan un factor adicional: la escasez de semiconductores procedentes de Taiwan, que ha afectado a los proveedores de SEAT y ha obligado a la planta a funcionar al 62% de su capacidad instalada desde abril.
Los aranceles de Trump son el elefante en la habitación que ningún indicador bursátil captura adecuadamente. El presidente estadounidense mantiene un ultimátum que vence el 4 de julio: si la UE no acepta un acuerdo comercial que incluya la apertura del mercado agrícola europeo a los productos estadounidenses y la reducción de los aranceles sobre automóviles de producción americana, Washington impondrá un arancel universal del 20% sobre todos los productos europeos que entren en EEUU. La reunión entre el negociador europeo Maroš Sefcovic y la representante de comercio estadounidense Katherine Tai no produjo ningún avance significativo, y fuentes de la Comisión Europea confirman que Sefcovic regresó a Bruselas «pesimista» sobre las posibilidades de un acuerdo antes de julio.
El impacto potencial de los aranceles sobre la economía española es devastador según los modelos del Banco de España: una reducción del PIB de entre 0,4 y 0,7 puntos porcentuales en el primer año, la pérdida de entre 35.000 y 60.000 empleos directos e indirectos en sectores exportadores, y un encarecimiento de las importaciones estadounidenses que añadiría entre 0,3 y 0,5 puntos de inflación. Los sectores más vulnerables son el automóvil (que exporta a EEUU por valor de 2.800 millones de euros anuales), el aceite de oliva (890 millones), el vino (650 millones) y el calzado (420 millones). La Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) ha pedido esta tarde al Gobierno que «active los mecanismos de protección» previstos para un escenario de guerra arancelaria, sin especificar cuáles serían esos mecanismos.
El Brent nocturno, que es el precio del crudo que los mercados asiáticos negocian mientras Europa duerme, se ha disparado a 96,20 dólares tras la confirmación del incidente de Ormuz — un salto del 1,8% desde el cierre europeo de 94,50 dólares que anticipa una apertura tumultuosa mañana en Madrid —. Si el Brent se estabiliza por encima de los 95 dólares — lo que los analistas de Goldman Sachs consideran probable si las negociaciones de Mascate no producen resultados antes del viernes —, el coste anual de la factura energética española aumentaría en 3.800 millones de euros, una cifra que equivale al presupuesto del Ministerio de Ciencia e Innovación multiplicado por dos. La noche económica de España se resume en tres números que nadie quería ver juntos: 17.992 puntos de IBEX, 2,818% de euríbor y 96,20 dólares de Brent. Cada uno por separado es un problema gestionable; los tres juntos configuran una tormenta que solo una política económica con presupuestos reales podría afrontar. Y esta noche, como Bolaños ha confesado, «no es el momento» para presupuestos.


