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Segundo contacto sospechoso identificado en Barcelona amplía la sombra de la transmisión comunitaria del hantavirus mientras Chile aísla a 14 pasajeros del Hondius y la OMS delibera por segundo día consecutivo sin descartar la declaración de emergencia internacional

Las autoridades sanitarias catalanas han localizado en Barcelona a una mujer sin síntomas que formaba parte de la red de contactos del quinto caso de Alicante, ampliando el mapa del rastreo a dos comunidades autónomas peninsulares. Chile ha ordenado el aislamiento de 14 ciudadanos que regresaron del Hondius. El Comité de Emergencia de la OMS retoma hoy su segunda jornada de deliberaciones en Ginebra. Mónica García y Grande-Marlaska volarán mañana sábado a Tenerife con Tedros Adhanom. El crucero llegará a Granadilla el domingo.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid / Ginebra / Barcelona·
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La llamada llegó a las 22:47 del jueves al Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad. Al otro lado de la línea, el subdirector general de Vigilancia Epidemiológica de la Generalitat de Cataluña comunicaba un dato que, en cualquier otra semana, habría sido la noticia de apertura de todos los informativos del país: los rastreadores de contactos del quinto caso de hantavirus —la mujer de 62 años de Alicante que había dado positivo sin contacto directo con el crucero Hondius— habían identificado a una segunda persona sospechosa en Barcelona. Se trataba de una mujer de 48 años, residente en el barrio de Gràcia, que había coincidido con la paciente de Alicante en un congreso de enfermería celebrado en Valencia los días 14 y 15 de mayo. La mujer no presentaba síntomas, pero el protocolo de nivel 3 vigente obligaba a su aislamiento domiciliario preventivo y a la toma de muestras para PCR específica de hantavirus cepa Andes. Los resultados, según las fuentes sanitarias consultadas por El Hemiciclo, estarían disponibles entre el sábado por la tarde y el domingo por la mañana.

La identificación del segundo contacto en Barcelona había sido posible gracias a la red de rastreo desplegada tras la confirmación del quinto caso en Alicante el jueves a mediodía. El protocolo de nivel 3, activado por Sanidad la semana anterior, establecía que cada caso confirmado o sospechoso debía generar un mapa de contactos que incluyera a todas las personas con las que el paciente hubiera compartido espacio cerrado durante más de quince minutos en los catorce días anteriores a la aparición de los síntomas —o, en el caso de la paciente de Alicante que aún no presentaba síntomas respiratorios graves, en los catorce días anteriores al test positivo—. La red de contactos de la paciente alicantina incluía a 47 personas distribuidas en tres comunidades autónomas: Comunitat Valenciana, Cataluña y Región de Murcia. De esas 47, tres habían sido clasificadas como «contacto estrecho de alto riesgo» por haber compartido con la paciente espacios cerrados durante períodos prolongados. La mujer de Barcelona era una de esas tres. Las otras dos —un hombre de 55 años en Murcia y una mujer de 39 en Valencia— habían dado negativo en las pruebas preliminares realizadas el jueves por la noche.

El congreso de enfermería celebrado en el Palacio de Congresos de Valencia los días 14 y 15 de mayo se convertía así en el posible epicentro de una cadena de transmisión que las autoridades sanitarias no habían anticipado. El evento, organizado por el Consejo General de Enfermería, había reunido a 1.200 profesionales de toda España en un recinto cerrado con aire acondicionado centralizado, un detalle que los epidemiólogos consideraban potencialmente relevante dado que la cepa Andes del hantavirus, a diferencia de otras cepas, tiene una capacidad de transmisión por aerosoles que la comunidad científica aún no ha cuantificado con precisión. El Hemiciclo ha podido confirmar que Sanidad ha solicitado al Consejo General de Enfermería la lista completa de asistentes al congreso para proceder a un rastreo masivo, una operación que podría afectar a centenares de profesionales sanitarios distribuidos por todo el territorio nacional. La ironía de que un congreso de enfermería pudiera ser el punto de expansión de una epidemia no escapaba a nadie en los círculos sanitarios.

La decisión de Chile de aislar a los 14 ciudadanos que habían regresado del Hondius era, según los epidemiólogos consultados, una medida tardía pero correcta. Los pasajeros chilenos habían desembarcado del crucero en la escala de Ushuaia, antes de que el brote fuera detectado, y habían regresado a Chile por vía aérea sin que las autoridades sanitarias de ningún país los hubieran sometido a control alguno. El Ministerio de Salud de Santiago había actuado después de que la embajada española en Chile alertara de la situación a través de los canales consulares. Los 14 pasajeros se encontraban ahora en aislamiento domiciliario en cuatro ciudades chilenas —Santiago, Valparaíso, Concepción y Punta Arenas— y serían sometidos a pruebas PCR específicas durante las próximas 48 horas. Chile se convertía así en el tercer país, después de España y el Reino Unido, con posibles casos vinculados al brote del Hondius, ampliando la dimensión geográfica de una crisis sanitaria que hacía apenas una semana estaba confinada en un crucero en medio del Atlántico.

El Comité de Emergencia de la OMS retomaba hoy viernes su segunda jornada de deliberaciones en la sede de Ginebra, tras una primera sesión el jueves que, según las escasas filtraciones disponibles, había sido «intensa y sin consenso». La cuestión central que los quince expertos debían resolver era si el brote del Hondius cumplía los criterios para la declaración de Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII), el nivel máximo de alerta del sistema sanitario mundial. Los criterios, establecidos en el Reglamento Sanitario Internacional de 2005, exigían tres condiciones: que el evento constituyera un riesgo para la salud pública de otros estados; que requiriera una respuesta internacional coordinada; y que fuera «inusual o inesperado». Los dos primeros criterios parecían cumplidos sin discusión; el debate se centraba en el tercero, dado que los brotes de hantavirus, aunque raros fuera de las Américas, no eran desconocidos para la comunidad científica. El factor que inclinaba la balanza hacia la declaración de emergencia era la posible transmisión persona a persona sostenida, un fenómeno que la cepa Andes había mostrado en brotes anteriores en Argentina y Chile pero nunca a esta escala ni en el contexto de un crucero internacional.

La logística de la llegada del Hondius a Granadilla de Abona el domingo se había convertido en una operación de complejidad militar. El Hemiciclo ha podido acceder a un documento interno del Ministerio del Interior que detallaba el dispositivo previsto: un perímetro de seguridad de 500 metros alrededor del muelle de atraque, acceso restringido a personal sanitario autorizado, un hospital de campaña con 40 camas montado por la Unidad Militar de Emergencias en el aparcamiento del puerto, dos ambulancias medicalizadas del SUMMA para el traslado de pacientes graves, un laboratorio móvil del Instituto Carlos III para procesamiento in situ de muestras, y un helicóptero médico del SAMU canario en alerta permanente. Los 148 pasajeros que permanecían a bordo serían desembarcados en tres oleadas según su estado de salud: primero los cinco casos confirmados y sus contactos más estrechos, que serían trasladados directamente al Hospital Universitario de Canarias; después los pasajeros con síntomas leves, que serían evaluados en el hospital de campaña; y finalmente el resto de pasajeros, que serían sometidos a pruebas y a un período de cuarentena de 14 días en un hotel de Granadilla habilitado para la ocasión.

La participación del director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en el viaje del sábado a Tenerife junto a los ministros Mónica García y Grande-Marlaska era una señal de la gravedad con la que la organización internacional evaluaba la situación. Tedros no había visitado personalmente el escenario de un brote desde la pandemia de COVID-19 en 2020, y su presencia en Canarias tenía un doble propósito: coordinar la respuesta sanitaria con las autoridades españolas y evaluar de primera mano si el brote requería una escalada en la respuesta internacional. Fuentes de la OMS indicaban a El Hemiciclo que Tedros también aprovecharía el viaje para reunirse con el equipo de virología del Instituto Carlos III que estaba secuenciando el genoma del virus, un trabajo cuyos resultados preliminares podrían estar disponibles el fin de semana y que serían decisivos para determinar si la cepa que circulaba en España había sufrido mutaciones que aumentaran su transmisibilidad por vía aérea.

El caso sospechoso de Southampton seguía sin resolverse a las 08:30 del viernes. El pasajero británico, un hombre de 45 años que había abandonado el Hondius en la escala de Las Palmas antes de que se detectara el brote, había sido ingresado en el Southampton General Hospital el miércoles por la noche con síntomas de fiebre alta, mialgias y cefalea que eran compatibles con hantavirus pero también con una decena de enfermedades más comunes. Las autoridades sanitarias británicas habían enviado muestras al laboratorio de referencia de Porton Down y esperaban resultados para el sábado. Si el caso se confirmaba, sería el primero fuera de España y convertiría el brote del Hondius en un evento sanitario internacional de facto, independientemente de lo que decidiera el Comité de Emergencia de la OMS en Ginebra.

La comunidad científica española estaba dividida sobre las implicaciones del segundo contacto en Barcelona. Los virólogos más cautelosos argumentaban que un solo contacto sospechoso sin síntomas no constituía evidencia de transmisión comunitaria, y que era perfectamente posible que la mujer de Gràcia hubiera estado expuesta en el congreso de Valencia pero no infectada, dado que la PCR para hantavirus puede arrojar falsos positivos en presencia de infecciones respiratorias comunes. Los epidemiólogos más alarmistas, por el contrario, señalaban que la mera existencia de una cadena de tres eslabones —crucero, pasajera de Alicante, contacto en Barcelona— era indicativa de una capacidad de transmisión que excedía lo documentado para las cepas conocidas de hantavirus Andes, y que el verdadero riesgo no eran los casos detectados sino los que aún no se habían detectado. Todos coincidían, sin embargo, en un punto: los resultados de la PCR de la mujer de Barcelona y la secuenciación genómica del Instituto Carlos III, ambos esperados para el fin de semana, serían los datos que determinarían si España estaba ante un brote contenido o ante el inicio de algo mucho más grave.

A las 08:30, el mapa del brote del Hondius se extendía ya a tres países y cuatro comunidades autónomas españolas bajo vigilancia reforzada: Canarias, Cataluña, Comunitat Valenciana y Región de Murcia, además de las tres que ya estaban en el protocolo desde la semana anterior. El crucero, con su carga de enfermos y preguntas sin respuesta, continuaba su navegación hacia Granadilla a una velocidad de 14 nudos que lo situaría en aguas canarias el sábado por la noche. A bordo, según fuentes de la naviera, la situación era de «calma tensa»: los cinco casos confirmados estaban estabilizados en la enfermería del barco, el resto de pasajeros cumplía una cuarentena voluntaria en sus camarotes y un equipo médico del Carlos III que había embarcado por helicóptero el miércoles monitorizaba las constantes vitales de todos los ocupantes dos veces al día. En tierra firme, la incertidumbre crecía con cada hora que pasaba sin que se descartara la transmisión comunitaria. El viernes, con la OMS deliberando en Ginebra, Chile aislando pasajeros en Sudamérica y una mujer en Barcelona esperando el resultado de una PCR que podría cambiar todo, el hantavirus del Hondius había dejado de ser la crisis del barco para convertirse en la crisis del continente.

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