La paciente, cuya identidad protege El Hemiciclo por razones de privacidad sanitaria, fue ingresada el lunes 19 de mayo en el Hospital General Universitario de Alicante con un cuadro de fiebre alta, cefalea intensa, dolor abdominal y petequias en las extremidades inferiores. El cuadro clínico inicial fue compatible con diversas patologías, pero el protocolo de vigilancia activado tras el brote del Hondius obligaba a realizar pruebas de PCR para hantavirus en cualquier caso de fiebre hemorrágica de etiología desconocida. El resultado preliminar positivo llegó el miércoles 21 a las 22:00 y fue confirmado por el Centro Nacional de Microbiología a las 11:30 del jueves 22 mediante secuenciación genómica que identificó la cepa como Andes, la misma del crucero. La paciente se encontraba estable pero en observación en la UCI del hospital, con tratamiento de soporte y ribavirina intravenosa según el protocolo actualizado por Sanidad la semana anterior.
La investigación epidemiológica de contactos, coordinada por la Dirección General de Salud Pública de la Comunitat Valenciana, se centró en reconstruir los movimientos de la paciente durante los 14 días previos a la aparición de síntomas, el período de incubación máximo estimado para el hantavirus cepa Andes. Los resultados preliminares revelaron que la mujer no había viajado fuera de Alicante en ese período, no había visitado ningún puerto donde el Hondius hubiera hecho escala, no había tenido contacto conocido con turistas extranjeros y no había frecuentado hoteles ni establecimientos turísticos. Su rutina diaria se limitaba a su domicilio, un supermercado de proximidad, una farmacia y un centro de salud donde acudía dos veces por semana para control de diabetes. La ausencia de un vínculo epidemiológico directo con el crucero obligaba a considerar tres hipótesis que los expertos manejaban con cautela pero creciente preocupación.
Esta cadena de transmisión de dos saltos implicaría que había al menos un caso no detectado circulando en la comunidad, lo cual era grave pero no catastrófico porque mantendría la transmisión dentro de un modelo de cadenas identificables. La segunda hipótesis, más inquietante, era la transmisión por fómites: objetos contaminados por secreciones de un paciente infectado que hubieran llegado a la paciente a través de una cadena logística o comercial. Los hantavirus del Nuevo Mundo, a diferencia de los del Viejo Mundo, tienen capacidad limitada de supervivencia en superficies, pero estudios recientes de la cepa Andes sugieren que en condiciones de humedad y temperatura controladas puede mantenerse viable hasta 72 horas.
La tercera hipótesis era la que nadie quería mencionar en voz alta pero que el dato del quinto caso obligaba a considerar: la transmisión aerógena comunitaria. Si el hantavirus cepa Andes hubiera mutado para adquirir una capacidad de transmisión por aerosoles mayor de la documentada hasta la fecha, la dinámica del brote cambiaría radicalmente. Los estudios de la cepa Andes realizados en Argentina y Chile en la década de 2010 ya habían documentado casos de transmisión persona a persona, algo excepcional en el género Hantavirus, pero siempre en contextos de contacto estrecho y prolongado. Una transmisión aerógena en un entorno abierto sería un evento epidemiológico sin precedentes. La secuenciación genómica del virus aislado en la paciente de Alicante, comparada con la de los casos del Hondius, podría arrojar luz sobre esta cuestión, pero los resultados no estarían disponibles hasta el sábado como muy pronto.
La reacción de la OMS fue inmediata y reveladora de la gravedad con la que el organismo internacional valoraba el dato. El Comité de Emergencia del Reglamento Sanitario Internacional, que tenía programada una reunión ordinaria para mañana viernes en Ginebra para evaluar el brote del Hondius, adelantó la convocatoria al jueves a las 14:00 hora de Ginebra (las 14:00 hora española). El adelanto de una reunión de este comité es un indicador que los epidemiólogos interpretan como señal de alarma máxima: solo se produce cuando los datos disponibles sugieren que la situación puede evolucionar hacia una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII), el nivel más alto del sistema de alerta de la OMS. La última vez que una reunión del comité fue adelantada en menos de 24 horas fue durante la fase inicial de la pandemia de COVID-19 en enero de 2020.
Sanidad respondió al quinto caso manteniendo el protocolo de nivel 3 —el más alto del sistema español— pero ampliando su alcance geográfico. La Comunitat Valenciana fue añadida a la red de monitorización activa, que ya incluía Canarias, Madrid, Cataluña, Baleares y Galicia. El ministerio instruyó a todas las comunidades autónomas para que activaran el protocolo de PCR para hantavirus en cualquier caso de fiebre hemorrágica de etiología desconocida, ampliando así el sistema de vigilancia centinela que hasta ahora solo estaba activo en las comunidades con casos confirmados o contactos directos. La ministra Mónica García, que tenía previsto viajar mañana sábado a Tenerife junto con Grande-Marlaska y el director de la OMS Tedros Adhanom para supervisar la llegada del Hondius a Granadilla el domingo, añadió una parada en Alicante para visitar a la paciente y reunirse con las autoridades sanitarias valencianas.
El caso de Southampton añadía una dimensión internacional al brote que complicaba aún más el panorama. Las autoridades sanitarias del Reino Unido notificaron a la OMS a las 15:30 hora española que un hombre de 47 años residente en Southampton presentaba síntomas compatibles con hantavirus y que había sido pasajero del Hondius durante la escala previa al inicio del brote, abandonando el crucero en Ushuaia antes de que se declararan los primeros casos. El paciente, que había regresado a Reino Unido el 8 de mayo, comenzó a presentar síntomas el 19 de mayo tras un período de incubación compatible con la ventana del hantavirus cepa Andes. Las pruebas de PCR estaban pendientes de resultado, esperado para mañana viernes. Si se confirmaba, sería el primer caso fuera de España vinculado al Hondius y obligaría a ampliar la investigación epidemiológica a todos los pasajeros que hubieran abandonado el crucero en escalas previas al brote.
El crucero Hondius mantenía su rumbo hacia Granadilla de Abona, en Tenerife, con llegada prevista para el domingo al mediodía. A bordo permanecían 128 pasajeros y 54 tripulantes, de los cuales 5 eran casos confirmados, 4 habían fallecido y un número indeterminado presentaba síntomas leves que aún no habían sido confirmados por PCR debido a las limitaciones del laboratorio de a bordo. La evacuación planificada para el lunes 26 preveía el traslado de todos los pasajeros al Hospital de La Candelaria de Santa Cruz de Tenerife, donde la unidad UATAN (Unidad de Atención a Enfermedades Tropicales y de Alto Aislamiento) estaba operativa con una habitación de alto aislamiento y siete salas de soporte. Los 14 pasajeros de nacionalidad española que permanecían a bordo serían trasladados posteriormente al Hospital Gómez Ulla de Madrid en avión militar.
La comunidad científica española seguía el caso con una mezcla de rigor profesional y preocupación creciente. El caso de Alicante, si se descartaba definitivamente un vínculo epidemiológico directo, obligaría a reconsiderar la capacidad transmisiva de la cepa y a evaluar si las mutaciones detectadas en la secuenciación del virus del Hondius habían alterado su perfil de contagiosidad. La reunión de la OMS del jueves por la tarde y los resultados de la secuenciación del sábado serían los dos hitos que determinarían si el brote del Hondius se mantenía como un evento grave pero contenible o si estaba en camino de convertirse en una emergencia sanitaria de alcance internacional.
A las 18:30, el balance del brote del Hondius sumaba cinco casos confirmados, cuatro fallecidos (tres a bordo y uno en el hospital Gómez Ulla de Madrid), un caso sospechoso en Southampton, y el dato más preocupante: un caso confirmado sin vínculo epidemiológico directo con el crucero. El ratio de letalidad del 80% entre los casos resueltos era consistente con la cepa Andes en su forma hemorrágica severa, pero los epidemiólogos advertían de que la cifra real podría ser significativamente menor si existían casos asintomáticos o leves no diagnosticados. La próxima semana se presentaba como decisiva: la llegada del Hondius el domingo, la evacuación el lunes, los resultados de la secuenciación el sábado y la decisión de la OMS sobre si declarar emergencia internacional. España, ya sacudida por la sentencia del Koldo, la crisis del PSOE y el acuerdo con Irán, añadía a su lista de incertidumbres una crisis sanitaria cuyo alcance potencial solo estaba empezando a dibujarse.

