El protocolo que se activó a las ocho y media de la noche lleva el anodino nombre de «Nivel 3 de Respuesta ante Alertas de Salud Pública de Alcance Internacional» y es el escalón inmediatamente anterior a la declaración de emergencia sanitaria nacional. En la práctica, implica tres cosas: primera, la coordinación directa entre el Ministerio de Sanidad y las consejerías de Salud de las comunidades autónomas afectadas sin intermediación del Consejo Interterritorial; segunda, la movilización de reservas estratégicas de antivirales, particularmente ribavirina, que hasta ahora solo estaban disponibles en hospitales de referencia; y tercera, la activación de un grupo de trabajo permanente del Centro Nacional de Epidemiología con dedicación exclusiva al brote. La ministra Mónica García firmó la orden a las ocho y treinta y dos minutos, apenas cuarenta minutos después de la muerte del paciente. La rapidez de la respuesta refleja que el Ministerio llevaba horas preparándose para este escenario: el deterioro del paciente había sido comunicado a la directora general de Salud Pública a las cinco de la tarde, cuando los intensivistas del Gómez Ulla advirtieron de que la coagulación intravascular diseminada no estaba respondiendo al tratamiento.
Los dos pasajeros españoles que permanecen positivos pero estables merecen un seguimiento detallado porque su evolución determinará en gran medida la respuesta pública al brote. Se trata de una mujer de cuarenta y cinco años, residente en Madrid, y un hombre de sesenta y tres años, de Bilbao. Ambos presentan síntomas leves — fiebre moderada, mialgias y cefalea — y están siendo tratados con ribavirina oral en habitaciones de aislamiento del Gómez Ulla equipadas con presión negativa. Los médicos que los atienden se muestran cautelosamente optimistas, pero recuerdan que el paciente fallecido también presentaba síntomas leves en las primeras cuarenta y ocho horas antes de deteriorarse bruscamente. La cepa Andes del hantavirus tiene una característica que la distingue de otras variantes: su período de incubación puede ser más corto y su progresión a síndrome cardiopulmonar más abrupta. La mortalidad asociada a esta cepa oscila entre el 25% y el 40% una vez que el paciente desarrolla el síndrome completo, una cifra que explica por sí sola la decisión de activar el nivel 3 con un solo fallecido en suelo español.
En Granadilla de Abona, el crucero Hondius seguía fondeado a cuatrocientos metros del muelle principal bajo una cuarentena que a estas alturas se ha convertido en una rutina tensa. Los ciento veintiocho pasajeros restantes y los cincuenta y cuatro tripulantes permanecen confinados en sus camarotes con salidas controladas al exterior del barco prohibidas desde el lunes. La empresa naviera Oceanwide Expeditions ha contratado un servicio de apoyo psicológico telefónico que atiende una media de treinta llamadas diarias, según fuentes de la compañía. El capitán del barco emite dos comunicados diarios — uno a las ocho de la mañana y otro a las ocho de la noche — informando a los pasajeros del estado de la cuarentena y del número de casos. El comunicado de esta noche fue el más difícil de redactar: confirmar la muerte de un compañero de viaje a ciento ochenta y dos personas que comparten el mismo barco y respiran el mismo aire que respiró él es un ejercicio de comunicación de crisis que pone a prueba los nervios más templados.
La OMS respondió a la muerte del paciente español con la convocatoria de una reunión de emergencia del Comité del Reglamento Sanitario Internacional para el viernes a las nueve de la mañana en Ginebra. La reunión, que se celebrará en formato híbrido con participación presencial de los representantes de los quince países afectados y conexión telemática para el resto, evaluará si el brote del Hondius constituye una «Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional», la categoría más alta del sistema de alerta de la OMS. Si el Comité responde afirmativamente — algo que las fuentes consultadas consideran probable si antes del viernes se confirma un nuevo caso fuera del ámbito del crucero —, se activarían recomendaciones temporales que podrían incluir restricciones de viaje, protocolos de cribado en puertos y aeropuertos, y la obligación de los Estados miembros de comunicar en tiempo real cualquier caso sospechoso. Para España, que es país sede del brote aunque no su origen, una declaración de emergencia internacional tendría consecuencias económicas directas sobre el sector turístico canario.
El equipo de doce epidemiólogos del Instituto de Salud Carlos III desplegado en Tenerife llegó a la isla en un vuelo militar procedente de Torrejón de Ardoz que aterrizó en el aeropuerto de Tenerife Sur a las cuatro de la tarde. El grupo, coordinado por una investigadora del Centro Nacional de Microbiología especializada en filovirus y hantavirus, tiene dos misiones principales: primera, completar el estudio de contactos de todos los pasajeros que compartieron espacios comunes con los casos confirmados durante las cuarenta y ocho horas previas al primer síntoma; y segunda, secuenciar genéticamente el virus de las muestras españolas para determinar si la cepa que circula en el Hondius ha sufrido alguna mutación que explique el patrón de transmisión persona a persona que la OMS investiga desde la semana pasada. Esta segunda misión es la más delicada científicamente, porque si se confirma que el hantavirus Andes ha adquirido una capacidad de transmisión interhumana mayor de la documentada hasta ahora, las implicaciones para la salud pública global serían enormes.
El seguimiento de los cuarenta y siete contactos estrechos repartidos por cinco comunidades autónomas es la dimensión logística más compleja de la respuesta sanitaria. En Madrid, veintitrés personas vinculadas a los pasajeros evacuados están siendo monitorizadas con controles telefónicos diarios y una PCR cada setenta y dos horas. En Cataluña, once familiares del fallecido han sido sometidos a cuarentena domiciliaria preventiva con seguimiento del Servei de Vigilància Epidemiològica. En Andalucía, seis contactos indirectos están bajo observación pasiva. En Canarias, cuatro trabajadores del puerto de Granadilla que participaron en las labores de amarre del Hondius realizan automonitorización con termómetro digital y formulario electrónico. Y en el País Vasco, tres compañeros de trabajo del paciente de Bilbao están en cuarentena domiciliaria desde ayer. Hasta las diez de la noche de este miércoles, ninguno de los cuarenta y siete contactos ha desarrollado síntomas compatibles, un dato que los epidemiólogos consideran alentador pero insuficiente para descartar nuevas transmisiones.
La dimensión política de la crisis sanitaria se intensificó esta noche cuando el portavoz del PP en la Comisión de Sanidad del Congreso emitió un comunicado exigiendo una comparecencia urgente de la ministra Mónica García para explicar tres cuestiones concretas: por qué se tardó cuarenta y ocho horas en trasladar a los pasajeros españoles al Gómez Ulla, por qué las reservas de ribavirina en hospitales de referencia eran insuficientes y por qué no se activó el protocolo de nivel 3 antes de producirse la primera muerte en suelo español. La oposición huele sangre en un asunto que tiene todos los ingredientes de una crisis sanitaria políticamente aprovechable: un virus exótico, un crucero en cuarentena, un fallecido, una respuesta gubernamental que siempre puede juzgarse insuficiente a posteriori. El Ministerio respondió recordando que la activación del nivel 3 se produjo a los cuarenta minutos del fallecimiento, un tiempo de respuesta que comparó favorablemente con precedentes internacionales.
La comunidad científica española se dividía esta noche entre la prudencia institucional y la alarma velada. El presidente de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas emitió un comunicado pidiendo calma y recordando que el hantavirus no se transmite por vía aérea en condiciones normales, lo que limita drásticamente el riesgo para la población general. Pero un virólogo del CSIC, en declaraciones que pidió no atribuir con nombre, confesó que lo que más le preocupa no es este brote concreto sino lo que revela sobre la capacidad de los hantavirus para adaptarse a la transmisión persona a persona, algo que la literatura científica consideraba extremadamente raro hasta hace dos semanas. Si las secuenciaciones que están realizando los equipos del ISCIII en Tenerife confirman una mutación en la proteína de superficie del virus, estaríamos ante un escenario que obligaría a reconsiderar todas las guías de prevención vigentes.
A las diez de la noche, cuando El Hemiciclo cerraba esta edición, en el puerto de Granadilla de Abona las luces del Hondius se reflejaban en un mar inusualmente tranquilo para la época. En alguno de esos camarotes, ciento veintiocho personas se acostaban sabiendo que uno de sus compañeros de viaje había muerto y que ellos seguían atrapados en un barco convertido en hospital flotante. En el Gómez Ulla, dos pacientes cerraban los ojos con una vía de ribavirina en el brazo y la esperanza de que sus cuerpos respondieran al tratamiento mejor que el del hombre que había ocupado la cama de al lado. Y en Ginebra, los técnicos de la OMS preparaban los documentos de convocatoria para la reunión del viernes, una reunión que podría cambiar la escala de esta crisis de un problema español a una emergencia internacional. La noche de las siete espadas también tenía una hoja afilada reservada para la salud pública.

