Los dos nuevos casos siguen trayectorias clínicas muy distintas, lo que complica la interpretación del cuadro epidemiológico general. El paciente neerlandés, un hombre de 58 años identificado internamente como caso 10, presentó síntomas febriles y mialgias en la tarde del martes 12 y fue aislado en la enfermería del Hondius antes de que el buque emprendiera su derrota hacia Rotterdam. Su estado se describe como estable y su carga viral inicial es compatible con un contagio producido en los últimos cuatro a seis días, lo que sitúa la fecha de exposición entre el 7 y el 9 de mayo, después del fallecimiento de los primeros casos conocidos. El caso 11, el ciudadano francés en estado crítico, tenía ya síntomas desde el 9 de mayo —el día antes del «día cero» oficial de la cuarentena—, pero no fueron correctamente identificados como compatibles con el síndrome cardiopulmonar por hantavirus hasta que el protocolo de cribado se intensificó el pasado lunes. Cuando fue evacuado a París, su saturación de oxígeno había caído al 82% y requería ventilación mecánica no invasiva.
La pregunta que ningún organismo sanitario ha respondido aún públicamente es cuántos más casos podrían estar incubando en este momento a bordo del Hondius. De estos, los once confirmados representan el 1,07% del total a bordo, una tasa que, aplicada a los criterios de «casos probables» del protocolo de la OMS —fiebre superior a 38,5 grados, mialgias intensas y ausencia de diagnóstico alternativo—, arroja un potencial de entre 7 y 14 casos adicionales en fase de incubación que aún no han desarrollado sintomatología completa. El período de incubación del hantavirus de la cepa Andes oscila entre 7 y 39 días, con una media de 18 días.
El Institut Pasteur trabaja contra reloj. El laboratorio de virología de referencia del organismo, situado en el campus de la rue du Docteur Roux en el distrito XV de París, ha recibido tres viales con muestras de sangre y lavado broncoalveolar del paciente francés. El equipo, dirigido por la doctora Sylvie van der Werf — la misma investigadora que coordinó la caracterización del SARS-CoV-2 en Francia en 2020 — utilizará técnicas de secuenciación de nueva generación (NGS) de alto rendimiento para obtener la secuencia completa del genoma viral. El objetivo es comparar la cepa presente en el paciente francés con la identificada en los casos españoles por el Centro Nacional de Microbiología de Majadahonda y con las cepas Andes de referencia depositadas en las bases de datos internacionales del GenBank.
El preprint publicado esta tarde por el CNM de Majadahonda —firmado por un equipo de ocho investigadores del laboratorio de arbovirus y fiebres hemorrágicas del centro— ofrece el análisis genómico más completo disponible hasta la fecha sobre la cepa presente en el Hondius. El estudio secuenció las muestras de los cuatro casos españoles evacuados al hospital Gómez Ulla y comparó los 11.845 nucleótidos del genoma tripartito del virus (segmentos S, M y L) con 247 secuencias de referencia de hantavirus del Nuevo Mundo depositadas en GenBank. La conclusión principal es tranquilizadora pero no definitiva: el segmento M, que codifica las glucoproteínas Gn y Gc responsables de la unión celular y de la respuesta inmune del huésped, no presenta ninguna variante de preocupación. No hay inserciones, deleciones ni sustituciones no sinónimas en los sitios de unión al receptor conocidos.
La importancia de la glucoproteína de superficie en la patogenia del hantavirus no puede sobreestimarse. Las células del endotelio vascular, que son las principales dianas del virus, expresan integrinas β3 en su superficie, y es precisamente a través de estas integrinas como el hantavirus logra el acceso intracelular. Las cepas que han desarrollado mayor afinidad por estas integrinas —como algunas variantes de la cepa Sin Nombre documentadas en el suroeste de Estados Unidos— presentan tasas de mortalidad que superan el 35%, frente al 15-20% de la cepa Andes en sus presentaciones habituales. El hecho de que la cepa del Hondius no muestre mutaciones en estos sitios no garantiza que la mortalidad no pueda ser elevada —depende también de factores del huésped, del estado de la atención médica recibida y del momento de diagnóstico—, pero descarta la hipótesis más alarmante: que estemos ante una variante aumentada en virulencia.
El paciente español que permanece ingresado en el hospital Gómez Ulla de Madrid — un hombre de 67 años, identificado como caso 3 en la nomenclatura oficial de la OMS — sigue en planta de infecciosos con síntomas leves y evolución favorable. Los otros tres españoles evacuados inicialmente ya recibieron el alta entre los días 11 y 12 de mayo tras completar el protocolo de vigilancia activa. La Unidad de Aislamiento de Alto Nivel (UATAN) del Hospital de La Candelaria en Tenerife, que asumió los primeros casos antes del traslado a Madrid, permanece en estado de alerta nivel 1 con capacidad de reactivación en menos de seis horas si el Hondius necesitara una escala sanitaria imprevista.
El buque navega actualmente en aguas del Atlántico norte, a unas 620 millas náuticas al noroeste de las Azores, con velocidad crucero de 14 nudos. La empresa operadora, Oceanwide Expeditions, ha confirmado que el destino final es el puerto de Rotterdam y que la llegada está prevista para entre las 18:00 horas del sábado 17 y las 08:00 del domingo 18 de mayo, dependiendo de las condiciones meteorológicas. El Puerto de Rotterdam, en coordinación con el Rijksinstituut voor Volksgezondheid en Milieu (RIVM, el equivalente neerlandés del CNM español), ha establecido un protocolo de recepción que incluye una zona de atraque exclusiva en el muelle de Prins Johan Friso, acceso controlado para los equipos sanitarios, y traslado directo de los casos confirmados y probables al Hospital Universitario Erasmus MC.
El reloj de la cuarentena de 42 días se inició oficialmente el 10 de mayo, fecha del «día cero» establecida por la OMS a partir del último contacto documentado con las fuentes de exposición primaria identificadas en la expedición al Círculo Polar Ártico. Esto significa que la cuarentena finalizaría el 21 de junio de 2026. Sin embargo, la identificación de nuevos casos con fechas de exposición posteriores —como el caso 10 neerlandés, cuya infección parece haberse producido entre el 7 y el 9 de mayo— complica el cálculo del fin real del período de riesgo. En teoría, si se confirma que la transmisión secundaria entre pasajeros se ha producido después del día cero, el reloj podría necesitar reiniciarse para los contactos directos de los nuevos casos, lo que extendería el período de vigilancia potencialmente hasta finales de junio o principios de julio.
La gestión comunicativa de la crisis sanitaria sigue suscitando críticas. El portavoz de la OMS, Tarik Jašarević, reconoció en el briefing de las 18:00 CET que el retraso en la identificación del caso 11 francés —que tenía síntomas desde el 9 de mayo pero no fue notificado hasta el 12— ilustra las limitaciones de los protocolos de vigilancia a bordo de buques en alta mar. La OMS actualizó esta semana el Código Sanitario Internacional Marítimo para exigir a los cruceros con más de 500 pasajeros en aguas internacionales que dispongan de equipos de PCR portátiles y personal sanitario con formación específica en enfermedades de notificación obligatoria. La normativa entrará en vigor en enero de 2027, demasiado tarde para el Hondius.
En el plano epidemiológico más amplio, la pregunta que los virólogos debaten esta noche en los grupos de mensajería instantánea de la red de alertas de la OMS es hasta qué punto este brote demuestra una capacidad de transmisión persona a persona de la cepa Andes superior a la documentada históricamente. Los primeros estudios sobre el virus realizados en la Patagonia argentina en la década de 1990 ya detectaron algunos clusters familiares compatibles con transmisión interpersonal, pero la cepa Andes ha sido siempre considerada una excepción entre los hantavirus del Nuevo Mundo, la mayoría de los cuales solo se transmiten por aerosoles de roedor. Si la investigación en curso confirma que el virus ha circulado entre pasajeros sin contacto previo con el vector original —en este caso, roedores del género Oligoryzomys identificados durante las escalas en tierra durante la expedición ártica—, las implicaciones para la clasificación de riesgo del patógeno serían de primer orden.
La comunidad científica internacional aguarda los resultados del Pasteur con una mezcla de urgencia científica y angustia profesional. Cada avance en la caracterización de este brote añade una pieza al rompecabezas de un virus que lleva treinta años sorprendiendo a los epidemiólogos. La cepa Andes ha matado ya a tres personas a bordo del Hondius y tiene a un cuarto en situación crítica en París. Antes de que el buque atraque en Rotterdam con sus 1.056 personas a bordo, el mundo necesita saber exactamente a qué se enfrenta.

