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Fuente del Berro cumple cien años: «Era como exiliarse al campo»

Margarita Temprano, vecina desde 1974, recuerda que «Madrid se acababa prácticamente en la Puerta de Alcalá» cuando llegó la colonia.

Por Redacción de El Hemiciclo·
3 min de lectura
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La colonia de Fuente del Berro, junto a la M-30 en Madrid, cumple un siglo como barrio jardín de viviendas adosadas, jardines y pavos reales que a veces cruzan las calles con ayuda de los agentes de movilidad. Nacida en 1925 al amparo de las leyes de Casas Baratas para familias trabajadoras, hoy sus casas se tasan en torno a 1,2 millones de euros, frente a los 400.000 de hace cinco años, según los vecinos.

El origen del conjunto se remonta a La Propiedad Cooperativa, sociedad fundada en 1912 y dirigida por Gregorio Iturbe, que impulsó varias promociones de vivienda económica al amparo de las leyes de Casas Baratas de 1924 y 1925. La primera, conocida hoy como Colonia Iturbe, fue diseñada en 1925 por el arquitecto Enrique Pfitz López y el ingeniero José Arroz, con 184 viviendas, según recoge la Fundación Arquitectura COAM. Un año después se levantó una segunda promoción de características similares, bautizada Fuente del Berro, con el mismo número de casas.

Ambas forman hoy el conjunto histórico de la colonia, aunque los vecinos siguen distinguiéndolas por la calle de Jorge Juan, que las separa. El modelo bebía de la corriente de la ciudad-jardín de raíz británica, que defendía edificaciones de poca altura y espacios abiertos frente a la ciudad compacta, una filosofía que explica el trazado de calles ordenadas, jardines privados y casas de una o dos plantas que todavía define el barrio. El mismo impulso que, décadas antes, protegió otros conjuntos singulares como Albarracín, declarado conjunto monumental en 1961.

Margarita Temprano Payá, de 77 años, lleva 52 viviendo en la colonia. Su abuelo compró la casa familiar en 1926 para pasar allí los fines de semana, atraído por la cercanía de la plaza de toros, entonces a medio construir. Ella fue la primera de su familia en instalarse de forma permanente, en 1974, después de que su hermana mayor rechazara la posibilidad de mudarse.

«Era una aventura venir hasta aquí. Es que Madrid se acababa prácticamente en la Puerta de Alcalá», recuerda Margarita Temprano Payá, vecina de la colonia desde hace 52 años.

Ana Moratilla Cosme, de 71 años, llegó más tarde buscando espacio para criar a sus hijos. «Queríamos un chalecito, encontramos este y pensamos que era un lugar tranquilo para vivir», cuenta. El acceso a la zona, entonces en la periferia de la capital, dependía de una camioneta que hacía de autobús hasta la actual plaza de Salvador Dalí, un detalle que hoy contrasta con la posición que ocupa el barrio, rodeado por el crecimiento urbano de Madrid y cercano al Movistar Arena.

El valor se dispara desde la pandemia

El estatus de «vivienda barata» que dio origen a la colonia ha quedado invertido. «Para cuando se hicieron, aunque fueran casas baratas, era un lujo», explica Margarita. Según los vecinos, el precio se ha disparado especialmente desde la pandemia: de unos 400.000 euros hace cinco años a cifras que hoy rondan 1,2 millones.

Enrique Romero de la Llana, de 37 años, representa a la generación más reciente llegada a la colonia. Se mudó hace cinco años a una vivienda que siempre había visto «como un sueño», tras pagar un precio similar al de un buen piso en el barrio de Justicia, de donde procedía. Calcula que hoy podría venderla por casi el doble. La rehabilitación de la casa, adquirida prácticamente en su estado original, se prolongó tres años por las normas de conservación arquitectónica que protegen el valor paisajístico e histórico del conjunto y ralentizan cualquier trámite.

«Nos mudamos con la sensación de ser unos privilegiados absolutos», recuerda Enrique Romero de la Llana, vecino de la colonia desde hace cinco años.

La vida comunitaria también ha cambiado de signo con las décadas. En los primeros años, la colonia funcionaba casi como un pueblo donde, según Ana, «todo el mundo se conocía y jugaba y se relacionaba». Después llegó una etapa más individual, en la que cada familia hacía su vida al margen de las demás, y en los años setenta la asociación de vecinos nació para defender las viviendas frente a proyectos que amenazaban con modificarlas.

Desde la pandemia, la llegada de vecinos más jóvenes ha reactivado las dinámicas colectivas: verbenas, chocolatadas, paellas, juegos infantiles y teatro vuelven a reunir a los residentes.

«La esencia de pueblo se está recuperando estos últimos años, ahora solo queda mantenerlo y mejorarlo», concluye Ana Moratilla Cosme, vecina de la colonia desde hace 43 años.

Fuentes

  1. ABCabc.es

Material del que parte esta pieza. El texto es propio; los enlaces llevan al original.

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