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El Ibex cierra la semana en 13.205 puntos mientras los hipotecados digieren el Euríbor estancado en el 2,22% y el petróleo acusa los avances de Mascate

La mejor semana bursátil desde enero coincide con la revisión a la baja del FMI y un dilema para 3,8 millones de hipotecados a tipo variable: ni las cuotas bajan ni amortizar anticipadamente compensa. El Brent cede hasta los 80,90 dólares tras el comunicado de Mascate sobre la hoja de ruta nuclear.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid / Washington· · Actualizado:
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Fotografía de archivo · Bolsa de Madrid con fachada neoclásica de columnas dóricas y reloj, rodeada de árboles en otoño
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Los mercados financieros tienen una capacidad extraordinaria para sostener dos verdades contradictorias al mismo tiempo. Esta semana, la primera verdad es que el Ibex 35 ha firmado su mejor balance semanal desde enero, cerrando el sábado en 13. 205 puntos con una subida acumulada del 3,7% en cinco sesiones. La segunda verdad es que el FMI acaba de rebajar el crecimiento español del 2,5% al 2,1%, ha elevado la inflación al 3% y ha identificado el conflicto de Irán como una 'perturbación no prevista' que lastra las previsiones de medio mundo. Que ambas cosas ocurran simultáneamente no es una anomalía: es la mecánica de unos mercados que operan con el horizonte puesto en lo que viene, no en lo que acaba de pasar.

El Ibex cerró la sesión sabatina —una de las pocas sesiones en sábado del año, programada por el calendario de vencimiento de opciones trimestrales— en los 13. 205 puntos, con un volumen de 1. 840 millones de euros que triplica la media habitual de un sábado. Los sectores líderes fueron el bancario, impulsado por un entorno de tipos que se resiste a bajar tan rápido como esperaban los inversores, y el energético, que captura la prima geopolítica del conflicto de Ormuz. Santander cerró en 6,18 euros, su nivel más alto desde febrero. BBVA consolidó los 10,42 euros. Iberdrola marcó un nuevo máximo histórico en 14,87 euros, impulsada por la aceleración de contratos de renovables que el CEAGA ha propiciado. En el lado negativo, las aerolíneas y el turismo acusaron la subida del queroseno: IAG cedió un 1,2% y Meliá un 0,8%.

Pero para los 3,8 millones de hogares españoles que tienen una hipoteca a tipo variable, el dato que importa no está en el parqué sino en el Euríbor. El indicador de referencia para los préstamos hipotecarios se ha estabilizado en el 2,22% a doce meses, un nivel que lleva tres semanas prácticamente clavado. La estabilización del Euríbor es, en teoría, una buena noticia: significa que las cuotas no suben. Pero es también una mala noticia implícita: significa que tampoco bajan. Los analistas de CaixaBank Research han calculado que un hipotecado medio con un préstamo de 150. 000 euros a 25 años y diferencial del 0,99% paga actualmente 687 euros mensuales, frente a los 742 euros que pagaba en el pico de 2023. La diferencia —55 euros al mes— es significativa pero insuficiente para los hogares que esperaban volver a los 580 euros de 2021.

El dilema de la amortización anticipada se ha convertido en la consulta más frecuente en los despachos de asesoría financiera de toda España, según datos del Colegio de Economistas de Madrid. La lógica convencional dice que amortizar anticipadamente es siempre beneficioso porque se reduce el capital pendiente y, con él, los intereses futuros. Pero la lógica convencional no tiene en cuenta el contexto actual: con un Euríbor estancado en el 2,22% y una inflación del 3%, el dinero destinado a amortizar pierde poder adquisitivo a un ritmo del 0,78% anual. Un análisis de ING publicado esta semana calcula que un hogar que destine 10. 000 euros a amortizar hipoteca en abril de 2026 ahorrará 1. 890 euros en intereses a lo largo de la vida del préstamo, pero habría ganado 2. 350 euros si hubiera colocado ese mismo dinero en letras del Tesoro al 2,85% durante el mismo periodo.

El petróleo, por su parte, ha sido la variable más volátil de la semana. El Brent arrancó el lunes en 83,20 dólares el barril y cerró el sábado en 80,90 dólares, una caída del 2,8% que se explica casi íntegramente por los avances diplomáticos de Mascate. El comunicado conjunto EEUU-Irán del viernes —con la primera mención a una 'hoja de ruta nuclear verificable' en un documento bilateral desde Viena 2015— tuvo un efecto inmediato sobre los futuros del crudo: en las tres horas posteriores a su publicación, el Brent cayó 1,60 dólares. La lectura del mercado es clara: si Mascate avanza, el riesgo de cierre total del Estrecho de Ormuz se reduce, y con él la prima geopolítica que ha inflado los precios desde marzo.

Pero los analistas de commodities advierten de que la euforia puede ser prematura. Goldman Sachs publicó el viernes una nota en la que estima que incluso en el escenario más optimista de resolución diplomática, el Brent no bajará de los 75 dólares en el segundo semestre de 2026, porque la OPEP+ mantiene los recortes de producción y la demanda asiática —China e India— sigue creciendo al 4% anual. Morgan Stanley es más pesimista: su escenario central sitúa el Brent en los 82-86 dólares durante todo el verano, con picos de hasta 95 dólares si las negociaciones de Mascate se estancan. Para España, cada dólar de subida en el Brent se traduce, según Funcas, en un incremento del 0,04% en la inflación y una reducción del 0,02% en el PIB.

La revisión del FMI, presentada en Washington dentro de las reuniones de primavera, ha añadido una capa de sobriedad al optimismo bursátil. El recorte del crecimiento del 2,5% al 2,1% y la subida de la inflación del 2,4% al 3% sitúan a España en una posición que los economistas llaman 'crecimiento suficiente pero decelerante': la economía no se contrae, pero pierde impulso en un momento políticamente delicado. El Gobierno, que necesita mantener la narrativa de éxito económico para las elecciones andaluzas de mayo, ha respondido señalando que el FMI no ha incorporado en sus modelos el efecto del mecanismo CEAGA ni los 1. 200 millones del RDL 5/2026. El argumento tiene fundamento técnico, pero también tiene un límite: el FMI no evalúa decretos-ley puntuales sino tendencias estructurales.

Para el ahorro de los hogares, el panorama es ambiguo. Las letras del Tesoro siguen ofreciendo rendimientos atractivos —2,85% a seis meses, 2,71% a doce meses— y la última subasta se cerró con una demanda 2,8 veces superior a la oferta. Los fondos monetarios, que fueron la gran revelación de 2024, mantienen rendimientos netos del 2,5%-3,1% según la gestora. Y los depósitos bancarios, que durante años ofrecieron rendimientos irrisorios, han empezado a competir: CaixaBank ofrece el 2,05% a un año para nuevos clientes y Sabadell ha lanzado un depósito al 2,30% a 18 meses. El ahorro conservador, por primera vez en una década, tiene opciones reales.

Lo que la semana deja en los mercados es, en síntesis, una paradoja productiva. La Bolsa sube porque los beneficios empresariales son sólidos y el entorno de tipos no se normaliza tan rápido como se temía. El petróleo baja porque Mascate da esperanzas de distensión. Las hipotecas se estancan porque el BCE no tiene prisa por recortar. Y el FMI rebaja porque el mundo es más incierto de lo que parecía en enero. Para el inversor paciente, es un entorno favorable. Para el hipotecado ansioso, es un limbo. Y para el Gobierno, es un escenario que puede vender como estabilidad si los mercados cooperan o como estancamiento si los datos de empleo del segundo trimestre decepcionen.

La próxima semana traerá dos citas clave para los mercados: el martes, el Ecofin informal que debe ratificar políticamente el CEAGA, y el viernes, la publicación del IPC adelantado de abril por el INE. Si la inflación confirma el 3% que anticipa el FMI, el BCE tendrá un argumento más para frenar las bajadas de tipos y el Euríbor podría incluso repuntar ligeramente. Si, por el contrario, el IPC sorprende a la baja, los mercados volverán a apostar por recortes en junio y el ciclo de esperanza se reiniciará. En economía, como en la política española de este sábado, las certezas duran exactamente lo que tarda en llegar el siguiente dato.

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