El informe del Fondo Monetario Internacional, presentado este sábado en Washington dentro de las reuniones de primavera, dedica a España un capítulo especialmente matizado. No es un desastre —el 2,1% sigue siendo un crecimiento sólido por encima de la media de la eurozona—, pero es una corrección significativa que obliga a recalibrar todas las previsiones del segundo semestre. La clave está en el canal de transmisión: el encarecimiento del crudo y del gas natural licuado por la crisis de Ormuz eleva los costes energéticos, presiona la inflación y reduce el margen de maniobra del BCE para seguir bajando tipos.
Para los hogares españoles, la consecuencia más inmediata se mide en una cifra: el Euríbor a 12 meses se ha estabilizado en el 2,22%. Es un nivel razonable si se compara con los picos del 4,16% de septiembre de 2023, pero es también un nivel que ha dejado de caer. Y eso tiene una consecuencia práctica que los analistas de ING y de CaixaBank Research han cuantificado esta semana: amortizar hipoteca anticipadamente en el entorno actual puede ser una pérdida neta para la mayoría de los prestatarios con tipo variable. La razón es aritmética: si el Euríbor se mantiene estable y la inflación sube al 3%, el dinero dedicado a amortizar podría rendir más colocado en un fondo monetario o en una letra del Tesoro al 2,85%.
Pero la lectura más interesante del informe del FMI no está en los números macro, sino en los párrafos dedicados a la 'perturbación no prevista'. El Fondo reconoce textualmente que 'ningún escenario de riesgo del World Economic Outlook de enero de 2026 contemplaba un cierre parcial del Estrecho de Ormuz con una duración superior a dos semanas'. La crisis, que arrancó a mediados de marzo con el intercambio de ataques entre EEUU e Irán, ha alterado las rutas del 21% del petróleo mundial y del 15% del gas natural licuado que consume Europa.
Para España, la sensibilidad es doble. Como importador neto de energía, cada dólar de subida en el Brent se traduce en una factura energética más abultada. Pero como economía con un peso turístico del 12,4% del PIB, la inflación derivada del combustible también encarece los billetes de avión, el transporte de mercancías y la cadena hotelera. El FMI cifra en 0,3 puntos de PIB el impacto directo e indirecto de la crisis de Ormuz sobre la economía española si la situación no se resuelve antes de julio.
En Bolsa, sin embargo, la lectura es distinta. El Ibex 35 se sitúa a un 2,1% de sus máximos históricos, alcanzados el 27 de febrero en los 18.496 puntos. Bankinter calcula que la bolsa española ofrece un potencial de revalorización del 18%, el mayor de Europa, gracias al elevado peso de bancos y utilities en el índice. Los bancos se benefician de un entorno de tipos que no baja tan rápido como se esperaba. Y las utilities —Iberdrola, Endesa, Naturgy— capturan la prima de la transición energética, que el conflicto de Ormuz ha acelerado políticamente.
El Gobierno de Sánchez ha reaccionado a la revisión del FMI con un mensaje calibrado: reconoce la revisión a la baja pero subraya que el crecimiento sigue por encima de la media europea. Carlos Cuerpo, ministro de Economía, ha recordado que la horquilla oficial del Gobierno es del 2,2%-2,4% y que 'el FMI no ha tenido en cuenta el efecto del mecanismo CEAGA ni el paquete del Real Decreto-ley 5/2026'. Es un argumento razonable: el CEAGA, aprobado esta semana por el Ecofin, pone un techo al precio del gas para la industria europea, y el RDL 5/2026 inyecta 1.200 millones en hogares vulnerables y pymes industriales.
Pero la objeción de Cuerpo tiene una debilidad: el FMI evalúa tendencias, no medidas puntuales. Y la tendencia que el Fondo ha identificado es que la economía española es más vulnerable a shocks energéticos de lo que los modelos previos asumían. La dependencia del GNL importado, la escasa interconexión gasista con Francia y la exposición del turismo al precio del combustible son tres factores estructurales que no se corrigen con un decreto-ley de emergencia.
Para los próximos meses, el FMI prevé tres escenarios. En el optimista —resolución diplomática de Ormuz antes de junio—, España recuperaría el 2,4% en el segundo semestre. En el central —situación congelada con corredor seguro—, se mantendría en el 2,1%. En el pesimista —escalada militar con bloqueo total—, el crecimiento caería al 1,6% con inflación del 4%. El primer escenario ha ganado probabilidad esta semana tras los avances de Mascate y la mención a una 'hoja de ruta nuclear verificable'. Pero la experiencia enseña que en Oriente Medio las probabilidades cambian más rápido que las previsiones.
Lo que deja el informe, en definitiva, es una advertencia vestida de cifras: España crece bien, pero crece sobre un suelo que se ha vuelto menos firme. Y la pregunta que el FMI deja sin responder —porque no es su función— es política: ¿aprovechará el Gobierno los meses de bonanza relativa para reforzar los cimientos, o los usará para llegar a las elecciones andaluzas con el mayor gasto posible? La respuesta, como siempre en España, la decidirá la aritmética parlamentaria, no la aritmética económica.

