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Sevillano sostiene que las polémicas refuerzan a los influencers

La creadora sevillana afirma que las críticas amplifican la audiencia y descarta una crisis del sector, aunque prevé que el formato acabará mutando hacia otro

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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La creadora de contenido Fabiana Sevillano, conocida por su participación en La Velada del Año 6, ha intervenido esta semana en el debate abierto en redes sociales sobre una supuesta crisis del modelo de negocio de los influencers, avivado tras varias polémicas recientes.

El debate al que respondió Sevillano se avivó a raíz de varios episodios protagonizados por perfiles de gran seguimiento en España. Uno de ellos fue el de Natalia Palacios y Carlos, conocido como Carliyo 'El Nervio', que en julio anunciaron que esperaban a su primera hija en medio de una controversia: el creador había calificado el eclipse total de sol de ese mes como una «cortina de humo» para desviar la atención de los problemas políticos del país, comentario que generó un aluvión de críticas, agravadas por el reproche de que había pasado dos meses siguiendo un mundial mientras su pareja estaba embarazada.

A esa polémica se sumó la protagonizada por Violeta Mangriñán, que comparó las reacciones hacia quienes adquirieron gafas homologadas para observar el eclipse con las críticas recibidas por el futbolista Marcos Llorente por el uso de unas gafas de colores. Ambos episodios, señaló Sevillano, ejemplifican una dinámica recurrente: la controversia no aparta a estos perfiles del centro de la conversación digital, sino que los mantiene en ella.

«Hay mala fama, pero no hay engagement malo», resumió la creadora, en referencia a que una polémica puede erosionar la reputación de un influencer sin traducirse en una pérdida de visibilidad. Al contrario, según su planteamiento, los picos de búsquedas, reproducciones y visitas a los perfiles se disparan precisamente en los momentos de mayor controversia, de modo que la atención, aunque nazca del rechazo, sigue siendo atención.

Sevillano atribuyó este fenómeno a una lógica de consumo mediático que trasciende el entorno digital: «La gente lo que quiere es un héroe y un villano», explicó. Esa dicotomía narrativa, habitual en la prensa del corazón desde décadas atrás y hoy trasladada a las redes sociales, convierte cada polémica en un relato de fácil consumo que genera bandos, comentarios y tráfico hacia los perfiles implicados.

El verdadero riesgo, según la creadora

La creadora matizó que su reflexión no equivale a sostener que los influencers sean inmunes al desgaste. Según su análisis, el verdadero riesgo para el modelo no reside en las polémicas puntuales, sino en la pérdida de la cercanía que en su origen distinguió a los creadores de contenido de las celebridades tradicionales de cine, música o televisión. «Cualquiera puede coger un móvil y hacerse influencer, sin embargo, en el momento en el que deja de ser cercano, deja también de conectar con la gente», expresó.

Esa proximidad —el acceso aparentemente directo a la vida cotidiana del creador, sin la mediación de productoras o agencias— fue, sostuvo, el elemento diferencial que permitió a estos perfiles desplazar parte de la atención que históricamente ocupaban actores, cantantes o presentadores. El fenómeno, tal y como se conoce hoy, se consolidó en España durante la década de 2010 de la mano de YouTube e Instagram, y experimentó una segunda expansión con la llegada de TikTok.

La comparación histórica que planteó Sevillano remite a la propia evolución de los medios de masas. Así como la televisión desplazó parcialmente a la radio y al cine como principal escaparate de la fama a mediados del siglo XX, la creadora defendió que este ciclo continuará: «Igual que de la televisión pasamos a los influencers, pues de los influencers pasaremos a otra cosa». No cree, en cualquier caso, que plataformas como Instagram o TikTok vayan a perder protagonismo de un día para otro, sino que la fórmula terminará transformándose.

Ese planteamiento conecta con un debate más amplio sobre la volatilidad de los formatos digitales, en el que la irrupción de nuevas tecnologías —como la inteligencia artificial generativa aplicada a contenidos audiovisuales— podría alterar de nuevo las reglas del juego, aunque de momento no hay indicios de una sustitución inminente del modelo actual.

Las declaraciones de Sevillano no han motivado, por el momento, una réplica pública de otros perfiles del sector ni de las plataformas implicadas, que no acostumbran a pronunciarse sobre debates surgidos en redes sociales. Tampoco existe un pronunciamiento institucional sobre la supuesta crisis del modelo, al tratarse de una discusión estrictamente mediática y no de una cuestión regulatoria formalmente abordada por organismos oficiales.

Lo constatable es que las polémicas en torno a Palacios, Carliyo o Mangriñán no han frenado su actividad: los tres perfiles han seguido publicando contenido con normalidad tras las críticas, un patrón que respalda, al menos en estos casos, la tesis de Sevillano sobre la resistencia del formato a las controversias puntuales. El siguiente termómetro será si esa exposición se sostiene una vez que la conversación pública se desplace hacia otros episodios.

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