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El crucero Hondius llegará mañana domingo a Granadilla de Abona con 144 personas a bordo mientras García y Grande-Marlaska vuelan hoy a Tenerife con el director de la OMS: la cepa Andes del hantavirus, la única con transmisión entre humanos demostrada, mantiene en alerta a España con cinco casos y un segundo contacto en Barcelona

El MV Hondius fondeará a 1,2 millas del puerto grancanario sin atracar en el muelle mientras la UATAN del Hospital de la Candelaria se prepara para la evacuación del lunes a las 07:00. Sanidad ha confirmado un segundo contacto sospechoso en Cataluña —una mujer en Barcelona sin síntomas identificada en la red de rastreo del quinto caso de Alicante— y Chile ha aislado a los pasajeros que desembarcaron en Ushuaia. Con cinco confirmados y tres fallecidos, la cepa Andes es la variante más letal y transmisible del hantavirus y España se enfrenta al mayor desafío de biocontención desde la pandemia de 2020.

Por Redacción de El Hemiciclo· Tenerife· · Actualizado:
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A las 06:15 de esta mañana de sábado 9 de mayo, cuando el sol empezaba a teñir de naranja las cumbres del Teide visibles desde la autopista TF-1, un convoy de tres furgonetas blancas sin distintivos partió del aparcamiento subterráneo del Hospital Nuestra Señora de la Candelaria en Santa Cruz de Tenerife con destino al puerto industrial de Granadilla de Abona, 67 kilómetros al sur. En la primera furgoneta viajaban cuatro técnicos de la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel (UATAN) con trajes de nivel 4 de bioseguridad empaquetados en contenedores herméticos; en la segunda, el equipo de descontaminación compuesto por dos ingenieros químicos del Instituto de Salud Carlos III y un biólogo del Centro Nacional de Microbiología de Majadahonda; en la tercera, los suministros médicos suficientes para atender a 144 personas durante 72 horas en condiciones de aislamiento.

La historia del MV Hondius y la cepa Andes es, en sus orígenes, la historia de una excursión de naturaleza que salió mal en el lugar más remoto del planeta. El crucero, operado por la compañía holandesa Oceanwide Expeditions y especializado en viajes de observación de fauna polar, zarpó de Ushuaia (Argentina) el 18 de abril de 2026 con 112 pasajeros y 55 tripulantes rumbo a la Antártida en un itinerario de 14 días que incluía escalas en las islas Malvinas, las Georgias del Sur y la península Antártica. El 21 de abril, durante una excursión en zodiac por la bahía de Gold Harbour en las Georgias del Sur, un grupo de 23 pasajeros visitó una colonia de pingüinos rey donde, según las investigaciones epidemiológicas de la OMS, al menos tres personas entraron en contacto con roedores del género Oligoryzomys, el reservorio natural de la cepa Andes del hantavirus (Orthohantavirus andensis). Los roedores, presentes en las Georgias del Sur desde su introducción accidental por balleneros noruegos a principios del siglo XX, habían sido objeto de un programa de erradicación que el Gobierno británico declaró exitoso en 2018, pero que evidentemente dejó poblaciones residuales que pasaron desapercibidas para los controles sanitarios. El primer enfermo —un biólogo jubilado alemán de 67 años llamado Heinrich Brauer— desarrolló síntomas el 24 de abril: fiebre alta, dolor muscular intenso y cefalea. Brauer fue aislado en su camarote por el médico de a bordo, el doctor holandés Pieter van der Berg, que inicialmente diagnosticó una gripe estacional. El 26 de abril, Brauer murió. El 27, otros dos pasajeros —una pareja de médicos chilenos que habían compartido zodiac con Brauer en Gold Harbour— desarrollaron los mismos síntomas. El 28, uno de ellos murió. El 29, murió el segundo. Y el 30 de abril, cuando el Hondius atracó en Ushuaia para repostar y desembarcar a los pasajeros que habían finalizado su itinerario, el capitán tomó la decisión que cambiaría el curso de los acontecimientos: en lugar de desembarcar a todos, comunicó a las autoridades sanitarias argentinas la existencia de tres muertes sospechosas a bordo y solicitó autorización para mantener el buque en cuarentena.

Lo que siguió fue una cadena de decisiones gubernamentales, diplomáticas y sanitarias que ha mantenido al Hondius navegando durante nueve días por el Atlántico Sur y que culminará mañana domingo con su llegada a aguas españolas. Argentina rechazó acoger al buque argumentando que carecía de instalaciones de biocontención de nivel 4 en sus puertos patagónicos. Uruguay declinó por las mismas razones. Brasil, tras 24 horas de deliberaciones, ofreció el puerto de Río de Janeiro pero con la condición de que todos los pasajeros fueran trasladados inmediatamente al aeropuerto y repatriados por avión, una opción que la OMS desaconsejó por el riesgo de dispersión del patógeno en un avión comercial. Sudáfrica, consultada por su experiencia con la variante Zeta del ébola, propuso Ciudad del Cabo pero finalmente retiró la oferta por presiones internas. Fue entonces cuando España ofreció Tenerife, una decisión que el Gobierno presentó como un «ejercicio de responsabilidad internacional» y que la oposición ha criticado como una «temeridad sanitaria que pone en riesgo a medio millón de ciudadanos canarios». La elección de Granadilla de Abona, un puerto industrial alejado de los núcleos turísticos del sur de Tenerife, responde a criterios logísticos y de bioseguridad: el puerto tiene un calado suficiente para que el Hondius fondee sin atracar, las instalaciones industriales del polígono adyacente pueden acondicionarse como centro de triaje sin necesidad de utilizar infraestructura hospitalaria civil, y la proximidad del aeropuerto de Tenerife Sur permite organizar vuelos de repatriación con rapidez.

La ministra de Sanidad, Mónica García, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, volarán hoy sábado a Tenerife en un avión del Ejército del Aire que despegará de la base de Torrejón a las 11:00 y que transportará también al director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, que aterrizó ayer viernes en Madrid procedente de Ginebra. La presencia de Tedros en Tenerife no es un gesto protocolario sino una decisión operativa que refleja el nivel de preocupación de la OMS ante la posibilidad de que la cepa Andes haya iniciado un ciclo de transmisión persona a persona fuera del buque. Tedros anunció ayer viernes desde la sede de la OMS en Ginebra que la organización mantiene el nivel de alerta en «alto» pero no declara por el momento la emergencia de salud pública de importancia internacional (ESPII) porque «los cinco casos confirmados están localizados y las cadenas de transmisión son rastreables».

La cepa Andes del hantavirus es, desde el punto de vista virológico, una anomalía que la hace extraordinariamente peligrosa. Los hantavirus son un género de virus de ARN segmentado de la familia Bunyaviridae que se transmiten habitualmente a humanos por inhalación de aerosoles contaminados con excrementos, orina o saliva de roedores infectados. La inmensa mayoría de las cepas de hantavirus —Sin Nombre en Norteamérica, Puumala en Europa, Seoul en Asia— no se transmiten de persona a persona: el humano es un huésped terminal del virus, se infecta, enferma y muere o se recupera sin contagiar a nadie. La cepa Andes, identificada por primera vez en 1996 en la región de El Bolsón en la Patagonia argentina, es la única excepción documentada en la literatura científica: múltiples estudios epidemiológicos han demostrado que esta cepa puede transmitirse entre humanos por contacto estrecho, probablemente a través de secreciones respiratorias, con una tasa de ataque secundario estimada entre el 10% y el 15% y una tasa de letalidad que oscila entre el 30% y el 40% dependiendo de la edad y el estado inmunológico del paciente. Lo que hace que la situación del Hondius sea especialmente preocupante es que los tres fallecidos y los dos supervivientes infectados a bordo presentan cargas virales excepcionalmente altas según los análisis realizados por el laboratorio de referencia de la OMS en Berlín a partir de muestras enviadas por vía aérea, lo que sugiere que esta variante particular de la cepa Andes podría ser más virulenta o tener una capacidad de replicación superior a las variantes documentadas en brotes anteriores en Argentina y Chile.

El plan de evacuación previsto para el lunes 11 de mayo a las 07:00 es una operación de complejidad logística y sanitaria sin precedentes en España que ha requerido la coordinación de once organismos diferentes y la participación de más de 400 personas. El protocolo, diseñado conjuntamente por la Dirección General de Salud Pública, el Instituto de Salud Carlos III, la OMS y la Unidad Militar de Emergencias (UME), contempla tres fases: en la primera, prevista entre las 07:00 y las 10:00, un equipo de 12 sanitarios con trajes de nivel 4 de bioseguridad se trasladará al Hondius en lanchas cerradas y realizará pruebas PCR rápidas a las 144 personas a bordo; en la segunda, entre las 10:00 y las 14:00, los pasajeros serán clasificados en tres categorías —confirmados positivos, contactos estrechos y personas sin exposición detectable— y trasladados en embarcaciones separadas al pabellón de triaje del polígono de Granadilla; en la tercera, a partir de las 14:00, los confirmados positivos serán trasladados en ambulancias medicalizadas al Hospital de la Candelaria, los contactos estrechos serán alojados en un hotel requisado en el municipio de Arico a 15 kilómetros del puerto, y los pasajeros sin exposición detectable serán trasladados al aeropuerto de Tenerife Sur para ser repatriados en vuelos chárter. La UME ha desplegado 120 efectivos en la zona portuaria desde el jueves y ha instalado un puesto de mando avanzado en las oficinas del puerto con enlace directo vía satélite con el Centro Nacional de Gestión de Crisis del Ministerio de Defensa.

La confirmación del segundo contacto sospechoso en Barcelona ha activado en las últimas horas una segunda línea de actuación sanitaria en la península que se desarrolla en paralelo a la operación de Tenerife y que tiene su epicentro en el Hospital Clínic de Barcelona, donde la mujer identificada como contacto estrecho del quinto caso permanece en observación domiciliaria con monitorización telemática. La mujer, de nacionalidad española y residente en el barrio del Eixample, compartió un vuelo de Alicante a Barcelona el pasado martes 5 de mayo con el turista alemán que fue confirmado como quinto caso de hantavirus el jueves en el Hospital General de Alicante. Según las fuentes de la Consejería de Salud de la Generalitat consultadas, la mujer se sentaba tres filas por detrás del pasajero infectado en un vuelo de Vueling de 55 minutos de duración y no mantuvo contacto directo con él, pero las autoridades sanitarias han decidido clasificarla como contacto estrecho aplicando el principio de precaución que la OMS ha establecido para la cepa Andes dado su potencial de transmisión por aerosol en espacios cerrados. Hasta el momento, la mujer no presenta síntomas, pero el período de incubación de la cepa Andes oscila entre 7 y 39 días según la literatura científica, con una mediana de 18 días, lo que significa que los resultados de las PCR realizadas el viernes podrían ser falsos negativos si la infección se produjo el martes y el virus está todavía en fase de replicación temprana.

Chile, que tiene la mayor experiencia mundial en el manejo de brotes de cepa Andes tras los episodios de El Bolsón (1996), Aysén (2017) y Biobío (2019), ha activado un protocolo de emergencia para aislar y testar a los 23 pasajeros que desembarcaron del Hondius en Ushuaia el 30 de abril y que volaron a Santiago a través del aeropuerto de Punta Arenas. Según las fuentes del Ministerio de Salud chileno consultadas, los 23 pasajeros fueron localizados entre el miércoles y el jueves en diversas ciudades del país —Santiago, Valparaíso, Concepción y Temuco— y trasladados a centros de aislamiento hospitalario donde permanecerán al menos 14 días bajo observación. Ninguno de ellos presenta síntomas hasta el momento, pero las autoridades chilenas recuerdan que en el brote de Aysén de 2017, que afectó a 29 personas y mató a 11, el período entre la exposición y el inicio de los síntomas fue de hasta 32 días en algunos casos, lo que obliga a mantener la vigilancia durante un período prolongado. La coordinación entre España, Chile, Alemania, Holanda y Argentina se realiza a través de la red GOARN de la OMS (Global Outbreak Alert and Response Network), que ha desplegado un equipo de 8 epidemiólogos en Tenerife y otro de 4 en Barcelona para apoyar a las autoridades sanitarias locales.

La dimensión política de la crisis del Hondius ha ido creciendo a medida que el barco se acercaba a las costas españolas y se ha intensificado con la confirmación del contacto en Barcelona. La oposición ha adoptado una posición de crítica matizada: Feijóo ha evitado cuestionar la decisión de acoger al buque en Tenerife pero ha exigido «total transparencia» sobre los costes de la operación y sobre los criterios que llevaron al Gobierno a aceptar un barco que otros cuatro países habían rechazado. Coalición Canaria ha sido más directa en su crítica, con su portavoz en el Congreso acusando al Gobierno de «utilizar Canarias como vertedero sanitario de Europa» y exigiendo compensaciones económicas para el sector turístico de la isla, que podría verse afectado si la percepción de riesgo sanitario disuade a los visitantes durante la temporada alta de verano. El Gobierno ha respondido con un argumentario que combina la apelación al humanitarismo con la defensa de la capacidad técnica española: fuentes de Moncloa señalan que la UATAN del Hospital de la Candelaria es una de las tres únicas unidades de aislamiento de alto nivel que existen en España y que su preparación para este tipo de emergencias es «de referencia mundial», una afirmación que los expertos consultados confirman parcialmente pero matizan señalando que la UATAN tiene capacidad para 6 pacientes simultáneos, no para los 144 que viajan en el Hondius.

Lo que ocurra mañana domingo cuando el Hondius aparezca en el horizonte de Granadilla de Abona será el primer capítulo visible de una crisis sanitaria que llevaba nueve días desarrollándose fuera de la vista pública, en las aguas abiertas del Atlántico Sur, y que ahora se traslada al territorio español con todas sus consecuencias médicas, políticas y mediáticas. El plan es sólido, los recursos están desplegados, los protocolos están escritos y los equipos están formados. Pero los profesionales sanitarios que han vivido la pandemia de 2020 saben que hay una distancia inmensa entre un plan sobre el papel y la realidad de gestionar una emergencia de biocontención con 144 vidas humanas, un virus letal, una opinión pública asustada, unos medios de comunicación hambrientos de imágenes, y un calendario político que convierte cada decisión sanitaria en una munición electoral. Esta noche, en algún punto del Atlántico entre las islas de Cabo Verde y las Canarias, el Hondius sigue navegando hacia España con sus vivos, sus muertos y su carga de incertidumbre. Mañana, cuando fondee frente a Granadilla, comenzará a responderse la pregunta que ningún epidemiólogo se atreve todavía a formular en voz alta: ¿es el Hondius un incidente aislado y contenible, o es el primer capítulo de algo mucho más grande?

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