La primera fase de carga se ejecutó, según el testimonio del primer oficial del Arconian, un portugués de 38 años identificado como R.M.S., en aguas territoriales colombianas frente a la costa del departamento de Norte de Santander, en la zona conocida como el corredor del Catatumbo. El Arconian se detuvo a 12 millas náuticas de la costa durante la madrugada del 18 de abril y recibió aproximadamente 8.000 kilogramos de cocaína transportados en lanchas rápidas tipo «go-fast» desde un punto de embarque fluvial en el río Catatumbo. R.M.S. describió la operación como «perfectamente sincronizada»: las tres lanchas llegaron con intervalos de exactamente 22 minutos, descargaron los fardos mediante un sistema de poleas instalado previamente en la borda de estribor del carguero y desaparecieron sin que ninguna permaneciera junto al buque más de siete minutos.
La segunda fase tuvo lugar diez días después, el 28 de abril, en aguas internacionales frente a la costa de Guinea-Bissau, un Estado fallido cuya marina de guerra carece de capacidad para patrullar más allá de las cinco millas náuticas. Según el testimonio del jefe de máquinas, un filipino de 52 años, un pesquero de bandera guineana transfirió al Arconian otros 12.000 kilogramos aproximados de cocaína que habían sido almacenados previamente en un depósito subterráneo de la isla de Bolama. La operación fue más lenta y peligrosa que la primera: el pesquero permaneció amarrado al costado del carguero durante cuatro horas, un período durante el cual la tripulación del Arconian fue obligada a apagar todos los sistemas electrónicos excepto el dispositivo de comunicaciones de «Bolle Jos», que operaba en una frecuencia satelital independiente de los sistemas convencionales del buque.
La tercera y última carga se produjo el 3 de mayo en el puerto de Freetown, Sierra Leona, camuflada como una operación comercial legítima. El Arconian atracó en la terminal de contenedores de Queen Elizabeth II Quay para recoger un cargamento declarado de chatarra metálica, una cobertura que permitió introducir aproximadamente 10.000 kilogramos adicionales de cocaína ocultos en el interior de contenedores de 40 pies modificados con dobles fondos. Los documentos aduaneros presentados en Freetown, que esta redacción ha podido consultar en la documentación judicial, fueron expedidos por una empresa fantasma registrada en las Islas Marshall denominada «West Atlantic Trading LLC», cuya titularidad real está siendo investigada por la unidad antilavado de Europol.
El sistema de comunicaciones que «Bolle Jos» utilizó para coordinar las tres fases constituye uno de los hallazgos técnicos más relevantes de la investigación. Según el informe pericial de la Policía Nacional incorporado al sumario, Van der Berg operaba un terminal satelital Iridium 9575 modificado con un módulo de cifrado AES-256 de fabricación israelí, un dispositivo que normalmente solo está disponible para fuerzas armadas y agencias de inteligencia. El terminal se comunicaba con al menos cuatro dispositivos similares distribuidos entre Colombia, Guinea-Bissau, Sierra Leona y Países Bajos, formando una red cerrada cuyas comunicaciones eran indescifrables para los sistemas de interceptación convencionales. La Europol logró acceder al contenido de las comunicaciones gracias a la colaboración de un servicio de inteligencia aliado cuya identidad el tribunal ha declarado secreta por razones de seguridad nacional.
El perfil de «Bolle Jos» que emerge de los testimonios y de la documentación judicial es el de un operador logístico de extraordinaria sofisticación. Van der Berg, nacido en Róterdam en 1979 y con antecedentes por tráfico de drogas en Países Bajos, Bélgica y Marruecos, estableció su base de operaciones en Dakar, Senegal, hace aproximadamente tres años, coincidiendo con la expansión del cártel de Jalisco hacia África Occidental. Su función no era la de un narcotraficante clásico sino la de un intermediario que conectaba la producción colombiana con las rutas marítimas hacia Europa, gestionando la logística del transporte sin participar directamente en la distribución final. Los investigadores le atribuyen la coordinación de al menos cuatro operaciones anteriores que transportaron un total estimado de 45.000 kilogramos de cocaína a través de la misma ruta atlántica.
La Operación Atlantic Bridge, nombre clave de la investigación conjunta de la Policía Nacional española, la Europol y la DEA estadounidense, llevaba 14 meses de seguimiento cuando el Arconian fue interceptado el 7 de mayo a 180 millas náuticas al suroeste de las Islas Canarias por el patrullero de la Armada Infanta Elena y una unidad de operaciones especiales del Grupo Especial de Operaciones de la Policía Nacional. La interceptación se produjo tras una orden judicial emitida por el juez de la Audiencia Nacional José de la Mata, quien autorizó el abordaje en aguas internacionales al amparo del artículo 17 de la Convención de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes.
Los 23 detenidos, de seis nacionalidades diferentes, fueron trasladados al puerto de Las Palmas de Gran Canaria, donde prestaron declaración ante el juez instructor durante tres jornadas consecutivas. Según las fuentes consultadas, al menos cinco tripulantes han aceptado colaborar con la investigación a cambio de una reducción de penas, lo que está proporcionando información sobre la estructura financiera de la red y sobre las conexiones de «Bolle Jos» con otros grupos criminales europeos. La colaboración de estos testigos protegidos es especialmente valiosa porque Van der Berg fue detenido en Dakar el 8 de mayo por las autoridades senegalesas a petición de España, pero Senegal no ha confirmado aún si concederá la extradición o si reclamará la competencia para juzgarlo en su jurisdicción.
El valor de la cocaína incautada, estimado en 812 millones de euros a precio de mercado europeo, convierte al caso Arconian en el mayor decomiso de droga de la historia de España y en uno de los cinco mayores del mundo en la última década. Pero más allá de la cifra, lo que la investigación revela es un cambio estructural en las rutas del narcotráfico atlántico: la consolidación de África Occidental como hub logístico que permite fraccionar las cargas, reducir los riesgos de interceptación y diversificar las rutas de entrada a Europa. Guinea-Bissau, Sierra Leona, Gambia y Senegal se han convertido en los nuevos eslabones de una cadena que conecta los laboratorios del Catatumbo colombiano con los puertos del Mediterráneo occidental, y la detención de «Bolle Jos» es solo un golpe táctico en una guerra estratégica que España libra con recursos limitados y una geografía que la sitúa en la primera línea de defensa.
La Audiencia Nacional tiene previsto continuar con las declaraciones de los tripulantes durante el resto de la semana, y el juez De la Mata ha solicitado a Europol la remisión de toda la documentación generada por los servicios de inteligencia que participaron en la operación. La magnitud del caso ha llevado a la Fiscalía Antidroga a crear un equipo especial de seis fiscales dedicados exclusivamente al Arconian, un despliegue de recursos sin precedentes que refleja la importancia que el Ministerio Público otorga a una investigación que podría desmantelar la principal ruta de suministro de cocaína hacia Europa desde América del Sur.


