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El Euríbor supera el 2,80% por segundo día consecutivo y el IBEX retrocede arrastrado por la banca: Ormuz, inflación y morosidad dibujan un escenario de 'estanflación suave' que el BCE no quiere nombrar

El Euríbor a 12 meses cierra en el 2,814% y la media de abril se sitúa en el 2,86%, el nivel más alto desde octubre de 2024. El IBEX 35 cede un 0,4% hasta los 18.127 puntos tras el dato de morosidad del BCE. Los analistas alertan de que las tensiones en el estrecho de Ormuz y la revisión al alza de la inflación al 3,1% comprometen la senda de bajada de tipos y encarecen las hipotecas variables hasta 53 euros mensuales.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid / Fráncfort·
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Los mercados financieros tienen una forma peculiar de decir la verdad: no la dicen, la cotizan. Y lo que los mercados europeos cotizaron este martes 22 de abril fue una combinación de miedos que, tomados por separado, serían manejables pero que, sumados, dibujan un escenario que los analistas del BCE han empezado a llamar en privado 'estanflación suave': crecimiento que se desacelera, inflación que no baja, tipos que no pueden subir porque la economía no lo soporta pero que tampoco pueden bajar porque los precios no lo permiten. El Euríbor a 12 meses cerró la sesión en el 2,814%, su segundo día consecutivo por encima de la barrera psicológica del 2,80%, y la media mensual de abril se sitúa ya en el 2,86%, 30 puntos básicos por encima del cierre de marzo y en su nivel más alto desde octubre de 2024.

El Euríbor a doce meses cerró este martes en el 2,814%, encadenando así su segundo día consecutivo por encima del umbral del 2,80%, mientras la media provisional de abril se eleva hasta el 2,86%, el registro más alto desde octubre de 2024. El movimiento arrastró al IBEX 35, que cedió un 0,4% hasta situarse en los 18.127 puntos, con el sector bancario como principal lastre tras la publicación de datos de morosidad por parte del Banco Central Europeo. Analistas consultados por El Hemiciclo advierten de que la confluencia de tensiones en el estrecho de Ormuz, la revisión al alza de la inflación hasta el 3,1% y el deterioro del crédito configura un escenario que compromete la senda de bajada de tipos y se traslada directamente a las hipotecas variables, con un encarecimiento estimado de hasta 53 euros mensuales para las familias afectadas.

Por qué importa ahora

La simultaneidad de tres factores de presión —geopolítica energética, inflación revisada al alza y morosidad bancaria creciente— sitúa al BCE ante una disyuntiva que sus portavoces evitan formular con claridad: seguir recortando tipos para sostener el crecimiento implica asumir el riesgo de consolidar una inflación que ya supera su objetivo del 2%; mantenerlos o subirlos, en cambio, agravaría el enfriamiento de la actividad. Este equilibrio roto es lo que los economistas denominan estanflación, aunque en su versión moderada: crecimiento débil con precios persistentemente elevados, una combinación que los instrumentos convencionales de política monetaria no resuelven sin coste.

El Euríbor y su impacto en las hipotecas

El Euríbor —acrónimo de Euro Interbank Offered Rate— es el tipo de interés al que las entidades de crédito de la zona euro se prestan dinero entre sí a distintos plazos. El índice a doce meses es la referencia mayoritaria para las hipotecas variables en España, de modo que su evolución mensual determina las revisiones periódicas de las cuotas. Con la media de abril en el 2,86%, las familias cuyas hipotecas se revisen en este mes experimentarán un incremento de hasta 53 euros mensuales respecto a la cuota anterior, según las proyecciones manejadas por los analistas. El impacto es asimétrico: afecta con mayor intensidad a los hogares con préstamos suscritos en los años de Euríbor negativo o cercano a cero, entre 2015 y 2022, cuyo diferencial de ajuste es más pronunciado.

La señal de la morosidad bancaria

El dato que detonó las ventas en el sector financiero del IBEX 35 fue la publicación por parte del BCE de nuevas cifras de morosidad. El ratio de préstamos dudosos —non-performing loans en la terminología supervisora— es un indicador adelantado de la salud del crédito: cuando sube, anticipa que una proporción creciente de deudores tiene dificultades para atender sus obligaciones, lo que presiona los márgenes de los bancos y puede derivar en un endurecimiento de las condiciones de concesión de nuevos préstamos. En el contexto actual, el aumento de la morosidad coincide con un período en que los tipos siguen siendo elevados en términos históricos recientes, lo que amplifica el estrés financiero de las familias y las empresas más endeudadas.

Ormuz, la variable energética

Las tensiones en el estrecho de Ormuz —paso marítimo por el que transita aproximadamente un quinto del petróleo mundial, según estimaciones de dominio público de la Agencia Internacional de la Energía— introducen una presión alcista sobre los precios de la energía que retroalimenta la inflación y complica los modelos de previsión del BCE. Históricamente, las perturbaciones en esta ruta —ya sea por conflictos regionales, maniobras de interdicción o sanciones internacionales— se han traducido en incrementos inmediatos del precio del crudo con un desfase de traslación a los precios al consumo de entre cuatro y ocho semanas. Si la situación se prolonga, la revisión al alza de la inflación hasta el 3,1% podría no ser el techo del ciclo.

El BCE y el dilema que no quiere nombrar

Desde que el BCE inició en junio de 2024 su primer ciclo de recortes de tipos tras la escalada inflacionaria post-pandémica, el mercado descontaba una senda gradual de relajación monetaria. Sin embargo, la combinación de indicadores actuales —Euríbor al alza, inflación revisada por encima del objetivo y deterioro del crédito— cuestiona ese guion. La institución con sede en Fráncfort ha evitado utilizar el término estanflación en sus comunicaciones oficiales, una cautela que los analistas interpretan como un reconocimiento implícito de que las herramientas disponibles no ofrecen una salida limpia: cualquier movimiento de tipos tiene un coste visible en uno de los dos frentes.

Antecedentes y contexto histórico

El episodio actual guarda semejanzas estructurales —aunque no idénticas— con el período 2007-2008, cuando el Euríbor alcanzó máximos históricos por encima del 5% en vísperas de la crisis financiera global, o con el bienio 2022-2023, cuando la inflación post-pandémica obligó al BCE a ejecutar la subida de tipos más rápida de su historia. En ambos casos, el indicador de morosidad actuó como señal temprana de deterioro antes de que este se reflejara en las cifras macroeconómicas agregadas. La diferencia relevante respecto a aquellos episodios es que los tipos actuales, aunque elevados respecto al período 2015-2022, se encuentran muy por debajo de los registros de 2008, lo que limita tanto el daño potencial como el margen de maniobra para nuevos recortes.

Perspectivas

La evolución del Euríbor en las próximas semanas dependerá de manera determinante de tres variables: la trayectoria del conflicto en Ormuz y su efecto sobre los precios energéticos, los datos de inflación de mayo que Eurostat publicará en junio, y la decisión de tipos que el Consejo de Gobierno del BCE adoptará en su próxima reunión. Si la media de abril se consolida en el entorno del 2,86%, las revisiones hipotecarias del segundo trimestre agravarán la presión sobre la renta disponible de los hogares en un momento en que la morosidad ya emite señales de alerta. El escenario que los analistas califican de estanflación suave no requiere, para materializarse, que ninguna de las tres variables se deteriore bruscamente: basta con que todas ellas se mantengan en los niveles actuales durante el tiempo suficiente.

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