Los arrecifes están compuestos principalmente por el género Porites, con presencia menor de Tarbellastraea, y aparecen recubiertos por foraminíferos, algas coralinas y microbialitos. Su grosor varía entre menos de un metro y unos 20 metros en la estructura de mayor tamaño, situada en el cerro de San Cristóbal, donde alcanza casi 20 metros de altura y 38 metros de ancho, según las mediciones recogidas en el estudio.
La morfología de las colonias —laminar, contorneada y con proyecciones cortas en forma de dedo— es característica de ambientes con muy poca disponibilidad de luz. Sola explicó, en declaraciones recogidas por Novaciencia, que «esta forma de crecimiento se desarrolló con objeto de que al coral le llegase la mayor cantidad de luz posible», en referencia a la estrategia adaptativa de estos organismos frente a la escasez lumínica.
Esa combinación de rasgos, junto con la profundidad medida en los propios afloramientos, permitió a los investigadores clasificar estos arrecifes como ecosistemas mesofóticos azules, una categoría de arrecife profundo y de aguas claras de la que existen muy pocos registros en todo el planeta.
Por qué crecieron en aguas oscuras
Los ecosistemas coralinos mesofóticos se dividen en dos tipos según la causa de la escasa luz que reciben. Los denominados mesofóticos marrones se forman en aguas someras, de menos de 30 metros de profundidad, enturbiadas por el aporte de sedimentos en suspensión. Los mesofóticos azules, en cambio, se desarrollan en aguas claras de entre 30 y 150 metros de profundidad, donde apenas llega entre el 1% y el 10% de la luz solar que incide en la superficie.
Las mediciones directas de paleoprofundidad realizadas en los afloramientos almerienses muestran que estos arrecifes comenzaron a crecer a varias decenas de metros, hasta unos 40 metros en los ejemplos más alejados de la costa de la época. El contenido de sedimentos terrígenos hallado en los arrecifes y en los depósitos circundantes es inferior al 8%, con una media del 2,92% en las muestras analizadas. Ese dato descarta la turbidez del agua como causa de la escasa luminosidad y confirma que fue la propia profundidad el factor determinante en la morfología de las colonias.
El hallazgo se enmarca en el periodo inmediatamente anterior a la crisis salina del Messiniense, cuando el Mediterráneo quedó prácticamente aislado del océano Atlántico y acumuló gruesos depósitos de sal en buena parte de su cuenca. Se trata, según el estudio, del episodio de mayor magnitud registrado en la historia geológica del mar Mediterráneo, un fenómeno documentado desde los años setenta a partir de las campañas de perforación oceánica que detectaron potentes capas de evaporitas bajo el fondo marino.
Según el estudio dirigido por Sola y Braga, los arrecifes de la cuenca de Almería-Níjar constituyen el primer registro mundial conocido de arrecifes mesofóticos azules del Mioceno superior, un tipo de ecosistema del que existen muy pocos ejemplos en todo el registro geológico. Esa escasez de casos comparables otorga al hallazgo un valor añadido para la reconstrucción de los ecosistemas marinos previos a la crisis salina.
La comparación con otros yacimientos cercanos resulta reveladora. Los arrecifes de coral del mismo periodo hallados en las cuencas de Sorbas, Vera y Cabo de Gata se formaron en aguas someras, con colonias de Porites de morfología ramificada o en forma de cabezas, propia de ambientes con mayor disponibilidad de luz. Los de Almería, por el contrario, se desarrollaron en un entorno mucho más profundo y con un aporte de sedimentos prácticamente nulo. Según Novaciencia, estos arrecifes llegaron a extenderse desde la Alcazaba de Almería hasta Alhama de Almería.
Ese contraste entre yacimientos próximos entre sí, pero con condiciones ambientales muy distintas, aporta a la comunidad científica un nuevo punto de referencia para interpretar cómo era la configuración del Mediterráneo justo antes del inicio de la crisis salina. La cuenca de Almería-Níjar ha sido objeto de numerosos estudios geológicos, dada la abundancia de afloramientos que documentan la transición del Mioceno superior en el sureste ibérico, con secuencias sedimentarias consideradas de referencia internacional para el estudio de la crisis salina.
El artículo se suma a una línea de investigación en la que participan de forma habitual equipos de las universidades de Almería y Granada centrados en la paleontología y estratigrafía del Neógeno mediterráneo. El hallazgo abre la puerta a comparar estos arrecifes con otros yacimientos mesofóticos que puedan documentarse en el futuro en otras cuencas del Mediterráneo occidental, un trabajo que permitiría precisar las condiciones ambientales del mar interior en los milenios previos a su desecación parcial.

