Según los datos citados, la cuota de Washington en las importaciones españolas de GNL se habría reducido en torno a 20 puntos porcentuales desde el choque entre Moncloa y la Casa Blanca. La caída no implica necesariamente un menor consumo total de gas, sino una recomposición del origen del suministro hacia otros proveedores, ya sea por diferenciales de precio, por rutas más cortas o por relaciones comerciales alternativas.
El mercado del GNL funciona por contratos a plazo y compras spot, y España es uno de los principales países regasificadores de Europa gracias a sus plantas de regasificación, la mayor capacidad instalada del continente según Enagás, gestor técnico del sistema gasista. Esa infraestructura, heredada de la apuesta energética de las décadas de los noventa y dos mil para diversificar el suministro respecto al gas argelino y ruso, permite a España recibir cargamentos de orígenes muy diversos: Estados Unidos, Argelia, Nigeria, Catar o Trinidad y Tobago.
Estados Unidos se había consolidado en los últimos años como uno de los grandes proveedores de GNL para España, en paralelo al auge de la producción de gas de esquisto en cuencas como la Pérmica o la Marcellus. Ese ascenso se aceleró tras la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, cuando la Unión Europea impulsó una diversificación forzosa de sus fuentes de energía para reducir la dependencia del gas ruso, que llegaba mayoritariamente por gasoducto. Estados Unidos se convirtió en el mayor exportador mundial de GNL en 2023, según la Administración de Información de Energía estadounidense (EIA).
La caída se sitúa cronológicamente después del desencuentro diplomático entre Madrid y Washington por la posición del Gobierno español respecto a la crisis en Irán, que deterioró el tono de la relación bilateral. No consta, de momento, una decisión política explícita ni una orden formal que vincule ambos hechos: las empresas importadoras españolas, mayoritariamente privadas, deciden sus compras en función del precio, la disponibilidad de barcos y las condiciones contractuales, no por mandato directo del Ejecutivo.
El trasfondo geopolítico añade otra capa. El estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo y una proporción significativa del GNL mundial según la Agencia Internacional de la Energía, atraviesa un punto de tensión elevada por el pulso entre Irán y las potencias occidentales, con Estados Unidos como actor central. Cualquier amenaza de bloqueo o incidente en ese corredor dispara los seguros de los fletes y encarece el transporte, lo que intensifica la competencia entre países importadores por asegurarse buques metaneros a precios razonables.
En esa carrera global por el gas, los compradores europeos —España, Francia, Alemania, Países Bajos— compiten entre sí y con los asiáticos, especialmente Japón, Corea del Sur y China, por los mismos cargamentos disponibles en el mercado spot. Una reducción de las compras a un proveedor concreto puede reflejar tanto una recomposición comercial como el efecto de un encarecimiento relativo de un origen frente a otros.
Un precedente reciente: la sustitución del gas ruso
El precedente más claro de un movimiento brusco en el origen del suministro se remonta a la crisis del gas ruso tras 2022, cuando España y el resto de la Unión Europea sustituyeron en pocos meses una parte sustancial del gas por gasoducto ruso por GNL de otros orígenes, incluido el estadounidense. Aquel episodio demostró la capacidad de adaptación del sistema gasista español, pero también evidenció la volatilidad de los precios mayoristas cuando se producen movimientos rápidos en el origen del suministro.
Desde el punto de vista normativo, las decisiones de compra de gas en España se enmarcan en un mercado liberalizado supervisado por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y coordinado a escala europea por el Reglamento de seguridad de suministro de gas de la Unión Europea, que obliga a los Estados miembros a mantener reservas mínimas y mecanismos de solidaridad en caso de crisis. Enagás publica periódicamente los datos de importaciones por origen, fuente habitual para rastrear este tipo de movimientos.
El Gobierno español no ha realizado, hasta la fecha, declaraciones públicas que vinculen expresamente la caída de las compras de gas estadounidense con la crisis diplomática por Irán. Fuentes del sector energético apuntan a factores de mercado —diferenciales de precio entre el gas estadounidense y otros orígenes, disponibilidad de barcos y condiciones logísticas— como explicación alternativa o complementaria a la lectura política del fenómeno.
Desde Washington tampoco ha trascendido una reacción oficial específica sobre la reducción de compras españolas, en un momento en que la Administración Trump mantiene su propia agenda de presión diplomática sobre varios frentes relacionados con Irán y el golfo Pérsico. La política energética exterior estadounidense ha situado históricamente la exportación de GNL como una herramienta de influencia geoeconómica.
La evolución de las próximas cifras de importación, que Enagás publica mensualmente, permitirá comprobar si la tendencia a la baja se consolida en agosto y septiembre o si se trata de un ajuste coyuntural ligado a la volatilidad de precios del verano. También será relevante observar si el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, competente en política energética, se pronuncia en próximas comparecencias parlamentarias, y si la relación entre Madrid y Washington registra gestos de distensión o nuevos episodios de fricción que puedan seguir influyendo en los flujos energéticos entre ambos países.

