El repunte ha llevado a comparar la magnitud del fenómeno con otras causas estacionales de mortalidad. Según la información difundida, las muertes vinculadas a las olas de calor igualarían o superarían ya el número de fallecimientos asociados a la gripe durante los meses de invierno, un paralelismo que hasta hace pocos años resultaba excepcional en el análisis sanitario español.
El sistema de vigilancia se apoya en el índice MoMo (Monitorización de la Mortalidad Diaria), gestionado por el Instituto de Salud Carlos III, que compara la mortalidad observada con la esperada para estimar el exceso de defunciones atribuible a temperaturas extremas. El mecanismo, operativo desde 2004 tras la crisis de la ola de calor de 2003, permite detectar picos de mortalidad en tiempo casi real y activar protocolos de respuesta, aunque no ofrece una certificación médica individualizada de la causa de cada fallecimiento: la mortalidad térmica se estima mediante modelos estadísticos de exceso de muertes, con márgenes de incertidumbre que los propios organismos sanitarios reconocen en sus informes técnicos.
El precedente de 2003 y el récord de 2022
El verano de 2003 sigue siendo la referencia de cualquier análisis sobre mortalidad por calor en Europa. Aquel episodio, prolongado durante semanas de agosto con temperaturas anómalas en gran parte del continente, se tradujo en decenas de miles de muertes atribuidas al calor en Francia, Italia, España y otros países, según estimaciones posteriores de organismos sanitarios europeos. En España marcó un punto de inflexión que impulsó la creación de los planes autonómicos de prevención frente a los efectos del exceso de temperaturas, hoy vigentes en todas las comunidades.
El año 2022 había marcado hasta ahora el peor registro de la última década, con un exceso de mortalidad estival que los organismos sanitarios vincularon a la sucesión de olas de calor que afectaron a la península entre junio y agosto de aquel año. El balance provisional de 2026 se aproxima a ese umbral sin superarlo, aunque consolida una tendencia al alza que las autoridades sanitarias y los científicos del clima vienen advirtiendo desde hace años.
El exceso de mortalidad térmica no depende únicamente de la temperatura máxima, sino de la duración de las olas de calor, la humedad, la calidad del aire y, de forma determinante, de la vulnerabilidad de la población expuesta. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que las personas mayores que viven solas, sin acceso a climatización adecuada, constituyen el grupo de mayor riesgo en los países del sur de Europa, junto a menores, enfermos crónicos y trabajadores expuestos a la intemperie.
El envejecimiento de la población española agrava esa exposición estructural. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, más de una quinta parte de la población supera ya los 65 años, un porcentaje que continúa en ascenso y que multiplica la exposición del país a los efectos sanitarios del calor extremo frente a sociedades más jóvenes.
A ello se suma un factor climático de fondo: los registros de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) constatan que la última década ha concentrado los años más cálidos desde que existen series históricas fiables en España, con temperaturas medias estivales por encima de los promedios de referencia del periodo 1981-2010. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) atribuye esta tendencia al calentamiento global de origen antropogénico, que incrementa la frecuencia y la intensidad de las olas de calor en la cuenca mediterránea.
Planes de vigilancia y regulación laboral
Cada comunidad autónoma activa anualmente un plan de vigilancia y respuesta ante altas temperaturas, coordinado con la Ponencia de Alertas y Planes de Preparación y Respuesta del Ministerio de Sanidad. Estos planes fijan umbrales de temperatura por provincia a partir de los cuales se declaran alertas y se refuerzan los avisos a la población de riesgo. Varias comunidades han reforzado en los últimos años los protocolos de aviso a domicilio para mayores que viven solos y la habilitación de espacios climatizados de acceso público en las horas de máxima incidencia térmica.
Sindicatos y organizaciones de prevención de riesgos laborales han reclamado una regulación más estricta de la actividad en exteriores durante los episodios de calor extremo, tras varios fallecimientos de trabajadores en veranos recientes que motivaron una modificación normativa aprobada en 2024 para permitir la interrupción de la actividad laboral en condiciones de riesgo meteorológico severo. AEMET, por su parte, emite avisos meteorológicos codificados por colores según el nivel de riesgo, en coordinación con las autoridades sanitarias.
De cara a lo que queda de verano, los servicios meteorológicos no descartan nuevos episodios de calor extremo en las próximas semanas, un periodo que coincide históricamente con los picos de mortalidad térmica en España. Las administraciones sanitarias mantienen activos los planes de vigilancia hasta al menos mediados de septiembre, mes en el que tradicionalmente se cierra el balance oficial de la temporada y se publican los datos definitivos de exceso de mortalidad atribuible al calor.

