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Iberdrola y Vodafone cruzan clientes en un mercado donde captar usuarios ya cuesta más que retenerlos

La alianza entre la eléctrica y el operador rojo suma hasta 16 millones de usuarios potenciales. Endesa-Masorange ya trazó el camino; Telefónica permanece al margen.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Iberdrola y Vodafone España firmaron el lunes 8 de junio un acuerdo de comercialización recíproca que permite a ambas compañías ofrecer sus servicios a la cartera conjunta de clientes de cada una.

Un acuerdo diseñado para el nuevo escenario de rotación masiva

El convenio entre Iberdrola y Vodafone establece incentivos económicos simétricos: el cliente de Vodafone que contrate electricidad 100% renovable con Iberdrola recibe un descuento de diez euros mensuales durante dos años en su factura de telecomunicaciones; el cliente de Iberdrola que suscriba fibra y móvil con Vodafone acumula la misma cuantía mensual en saldo dentro de 'Mi Iberdrola', el programa de fidelización de la energética, aplicable al pago de la factura eléctrica o a otros servicios del grupo. En términos aritméticos, el descuento acumulado máximo asciende a 240 euros por cliente durante el período de vigencia del incentivo.

El universo teórico al que apunta el pacto es la suma de las carteras individuales de ambas compañías: Iberdrola cuenta con varios millones de puntos de suministro en el mercado libre español, mientras Vodafone España gestiona en torno a cuatro millones de clientes convergentes, según datos de sus últimas memorias anuales. La cifra de 16 millones que mencionan las partes incluye el perímetro total de usuarios, solapando en algunos casos hogares que ya tienen relación con ambas marcas. El dato relevante no es el potencial bruto, sino cuántos de esos clientes realizarán efectivamente la doble contratación, un porcentaje que en acuerdos anteriores del sector ha demostrado ser modesto en los primeros trimestres.

El precedente Endesa-Masorange: un paso más allá en la integración

El acuerdo Iberdrola-Vodafone no surge en el vacío. Meses antes, Endesa y Masorange —operador resultante de la fusión entre Orange España y MásMóvil, pendiente de consolidación regulatoria plena— firmaron un convenio que fue más lejos estructuralmente: Masorange traspasó su cartera de clientes eléctricos a Endesa, abandonando su negocio de comercialización energética, y a cambio selló un cruce de promociones que permite a Endesa acceder a los más de 30 millones de usuarios del operador a través de su red de más de 1.500 tiendas exclusivas —la más extensa del sector telecomunicaciones en España— y sus canales digitales. Endesa, a su vez, pondrá a disposición de Masorange sus siete millones de clientes del mercado libre para ofrecer servicios de conectividad. El modelo Endesa-Masorange es, por tanto, de cesión de perímetro más alianza comercial, mientras el de Iberdrola-Vodafone es estrictamente de comercialización cruzada sin transferencia de cartera.

Conviene recordar que Vodafone España cerró su propia comercializadora eléctrica hace exactamente dos años. Aquella experiencia evidenció que gestionar un negocio regulado de suministro energético desde una estructura pensada para las telecomunicaciones genera fricciones operativas y costes de atención al cliente difíciles de absorber. La lección que extrae el sector es que las alianzas entre verticales distintas resultan más eficientes que la integración directa: cada parte aporta lo que conoce, sin asumir los riesgos regulatorios y operativos del negocio ajeno.

Por qué el eléctrico ha adoptado la lógica del teleco

Durante décadas, el mercado eléctrico español funcionó bajo una lógica de baja rotación. Los consumidores domésticos mantenían su comercializadora durante años, a menudo sin evaluar alternativas, en parte porque la diferenciación de producto era mínima y el precio estaba parcialmente regulado a través de la tarifa regulada (PVPC). La liberalización progresiva del mercado minorista, acelerada desde la Ley del Sector Eléctrico de 2013 y sus desarrollos reglamentarios, junto con la explosión de comercializadoras —más de 300 están inscritas en el registro de la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia (CNMC)— transformó el segmento doméstico en un mercado de competencia real, con tasas de cambio de suministrador que según los informes anuales de la CNMC han ido creciendo de forma sostenida en el último lustro.

El sector telecomunicaciones, por el contrario, lleva décadas conviviendo con una rotación elevada. La portabilidad numérica, operativa en España desde finales de los años noventa, eliminó la principal barrera de salida para el cliente de telefonía. Desde entonces, operadores como Vodafone, Orange o Yoigo han alternado fases de captación agresiva con períodos de consolidación, asumiendo que el coste de adquisición de cliente (CAC) —que en el sector puede superar los 100 euros por línea en campañas intensivas, según estimaciones de analistas del sector— es una partida estructural de sus cuentas. Ahora ambos sectores comparten ese problema y, por primera vez, buscan soluciones conjuntas.

La presión regulatoria sobre el telemarketing, un factor determinante

El contexto normativo amplifica la urgencia de estas alianzas. El Gobierno trabaja en una regulación más restrictiva de las llamadas comerciales no solicitadas, en línea con el refuerzo de la Directiva europea de servicios de comunicaciones electrónicas (Directiva 2018/1972, traspuesta en España mediante el Real Decreto-ley 7/2021 y posteriormente integrado en la Ley General de Telecomunicaciones de 2022). La normativa vigente ya obliga a respetar listas de exclusión como la Lista Robinson y limita los horarios de contacto comercial, pero el Ejecutivo ha anunciado que estudia restricciones adicionales que podrían equiparar el régimen español al de países como Alemania, donde las llamadas comerciales a particulares sin relación previa están muy acotadas.

En ese escenario, poseer un acuerdo de colaboración con otra compañía con la que el cliente ya tiene relación contractual abre una vía de comunicación comercial que, en principio, se encuadra dentro del marco de la relación existente y no como publicidad no solicitada. Los servicios jurídicos de las compañías han identificado este resquicio —perfectamente legal si se aplica con las garantías de consentimiento exigidas por el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y la Ley Orgánica 3/2018 de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales (LOPDGDD)— como una palanca para mantener la capacidad de captación cuando el telemarketing convencional quede más restringido. No es casualidad que el ritmo de firma de estos acuerdos se haya acelerado precisamente mientras el debate regulatorio avanza en el Congreso.

Telefónica, la excepción que confirma la regla

La gran ausente de este tablero de alianzas es Telefónica. El operador que preside Marc Murtra, tras el relevo en la cúpula que protagonizó la entrada del Estado en su accionariado a través de la SEPI —que ostenta una participación superior al 10%—, ha optado por una estrategia diferente. Su único acuerdo relevante en el cruce eléctrico-teleco es la 'joint venture' con Repsol, orientada principalmente al autoconsumo solar fotovoltaico residencial, un segmento de menor volumen pero de mayor margen y con un perfil de cliente más comprometido y estable. Repsol, de forma complementaria, ofrece un año de Movistar Plus+ a los nuevos clientes que contraten electricidad con la petrolera presidida por Josu Jon Imaz, pero se trata de una promoción puntual, no de un intercambio sistemático de carteras.

La razón de esta posición diferencial no es inacción, sino posición de fuerza. Según los datos de evolución de cuotas de mercado recogidos en los informes trimestrales de la CNMC, Telefónica y Digi son los dos únicos operadores con saldo neto de captación de clientes positivo en lo que va de 2025. Vodafone y Masorange, en cambio, registran pérdidas netas de líneas, lo que explica la urgencia con que ambas han buscado alianzas estructurales con grandes eléctricas: necesitan un canal de captación alternativo en un momento en que su propuesta de valor orgánica no logra retener ni atraer suficientes usuarios. Para Telefónica, lanzarse a un acuerdo similar implicaría reconocer una necesidad que, por ahora, sus números no reflejan.

Márgenes bajo presión y el coste oculto de la rotación

Más allá de la narrativa de crecimiento, estos acuerdos encierran una paradoja que los analistas del sector subrayan con frecuencia: la elevada rotación de clientes no es un indicador de dinamismo saludable, sino una señal de destrucción de valor. Cada vez que un cliente abandona una compañía y es captado por otra mediante una promoción, ambas incurren en costes administrativos —gestión del alta, baja, portabilidad, atención al cliente durante el proceso— que en el sector eléctrico pueden oscilar entre 20 y 50 euros por movimiento, según estimaciones del propio sector, sin que exista una fuente oficial consolidada por la CNMC que desagregue ese coste con precisión. A corto plazo, el descuento ofrecido al cliente nuevo se suma a ese coste de adquisición, comprimiendo el margen unitario durante los primeros meses de la relación.

El modelo de negocio subyacente apuesta a que el cliente captado mediante el acuerdo cruzado sea más fiel que el captado por una campaña de precio puro, al estar vinculado a dos servicios simultáneamente. Es la misma lógica que impulsó en su día las ofertas convergentes de cuádruple play —televisión, internet, móvil y fijo— en el sector telecomunicaciones: el churn (tasa de abandono) de los clientes con cuatro servicios contratados es significativamente menor que el de los clientes monoproducto, según han documentado los propios operadores en sus presentaciones a inversores. Trasladar esa lógica al cruce eléctrico-teleco es, en esencia, la hipótesis que Iberdrola y Vodafone someten ahora a prueba.

Qué ocurrirá a partir del otoño de 2025

Los próximos meses serán determinantes para calibrar si este modelo funciona. El acuerdo Iberdrola-Vodafone comenzó a operar el 8 de junio de 2025 y los primeros datos de contratación cruzada estarán disponibles en los resultados del tercer trimestre, que ambas compañías presentarán previsiblemente en octubre. Si las cifras muestran una conversión relevante, es probable que Telefónica se vea presionada a buscar un socio eléctrico de mayor escala que Repsol —Naturgy es el candidato natural que el sector menciona en conversaciones informales— para no quedar en desventaja en el canal de captación cruzado.

En paralelo, la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales tiene pendiente la publicación del anteproyecto de reforma del régimen de llamadas comerciales, cuyo borrador podría circular antes del verano. Si la restricción es tan severa como anticipan algunas fuentes sectoriales, los acuerdos cruzados dejarán de ser una ventaja competitiva para convertirse en una necesidad de supervivencia comercial. En ese escenario, el tablero de alianzas entre eléctricas y telecos podría cerrarse con rapidez, dejando fuera a los operadores o comercializadoras que no hayan asegurado su posición antes de que la regulación entre en vigor.

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