El patrón estacional que reflejan estos datos no es nuevo: la economía española encadena desde hace décadas un ciclo en el que el segundo y tercer trimestre concentran la mayor parte de la creación de empleo, impulsados por la hostelería, la restauración y el comercio ligados a la temporada turística alta. El primer trimestre, en cambio, suele actuar como fase de ajuste tras las contrataciones navideñas, lo que explica el contraste entre el deterioro de enero-marzo y la recuperación de abril-junio.
La población activa —quienes trabajan o buscan empleo activamente— aumentó en 272.000 personas en el trimestre, según la EPA. Ello indica que el mercado no solo absorbió a quienes ya buscaban ocupación, sino que atrajo a nuevos efectivos, entre ellos jóvenes que finalizan estudios en junio o personas antes inactivas. Un crecimiento simultáneo de ocupados y activos, con caída de la tasa de paro, suele interpretarse como señal de fortaleza real del mercado, y no de un mero efecto estadístico por desánimo de los desempleados.
La cifra de 22,7 millones de ocupados marca un nuevo máximo en la serie histórica de la EPA, que arrancó en 1976. España no alcanzó cotas similares ni en los años previos a la crisis financiera de 2008, cuando la ocupación rondó los 20,5 millones antes del desplome que llevó la tasa de paro por encima del 26% en 2013, según los registros del propio INE.
Un indicador social a la baja
La reducción de los hogares con todos sus miembros en paro —86.500 en el trimestre— es uno de los indicadores que más atención reciben en el análisis social de la EPA, ya que mide de forma más directa la exclusión laboral a escala familiar, más allá de la tasa individual. Este indicador alcanzó máximos durante la crisis de 2008-2013 y se ha moderado de forma casi ininterrumpida desde entonces, salvo repuntes puntuales como el registrado en el primer trimestre de este mismo año.
El Ministerio de Trabajo y Economía Social suele presentar estos datos como reflejo de la solidez del mercado laboral, mientras patronales y sindicatos mantienen lecturas distintas sobre su composición. Las organizaciones del sector turístico y hostelero, principales generadoras de empleo en estos meses, subrayan el papel de la temporada alta como motor de contratación, aunque también advierten de la dificultad para cubrir determinados oficios cualificados. Los sindicatos han insistido en distintas ocasiones en la necesidad de vigilar la calidad y la temporalidad de los contratos estivales, más allá del volumen agregado.
La comparación con la Unión Europea resulta ineludible en este tipo de balances. Eurostat sitúa habitualmente la tasa de paro española como una de las más elevadas del bloque comunitario, muy por encima de la media de la eurozona, que en los últimos años se ha movido en el entorno del 6%-7%. Aunque el 9,8% supone una mejora notable respecto a los peores momentos de la última década, España sigue lejos de economías como Alemania o Países Bajos, donde el desempleo se mantiene en cifras de un solo dígito bajo desde hace años.
El dato debe leerse también en el contexto del primer trimestre de 2026, marcado por lo que distintos análisis describieron como un freno del ciclo expansivo, con la pérdida de 170.300 empleos y un repunte del paro hasta el 10,8%. Ese deterioro invernal alimentó dudas sobre la sostenibilidad de la recuperación iniciada tras la pandemia, y el rebote estival contribuye a despejarlas, aunque los analistas advierten de que los registros del segundo y tercer trimestre no son extrapolables sin más al conjunto del año.
Cómo se mide y qué viene después
La EPA es una encuesta trimestral por muestreo, no un registro administrativo como el paro registrado del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), de ahí que ambas estadísticas puedan mostrar evoluciones distintas en un mismo periodo. El INE entrevista a una muestra de unos 65.000 hogares en toda España y publica sus estimaciones con un desfase de unas cuatro semanas tras el cierre de cada trimestre. Estos datos sirven de referencia oficial para el diseño de políticas de empleo y para las previsiones del Gobierno, el Banco de España y organismos como la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF).
El reto ahora es consolidar la mejora de cara al otoño, tradicionalmente más débil en creación de empleo una vez concluye la temporada turística. Los próximos datos relevantes llegarán con el paro registrado del SEPE de agosto y septiembre y, sobre todo, con la EPA del tercer trimestre, que el INE difundirá previsiblemente a finales de octubre y permitirá comprobar si el empleo mantiene el pulso de primavera y verano o si se repite el patrón de desaceleración observado en el arranque de años anteriores.
Más allá del dato coyuntural, la evolución del mercado laboral seguirá bajo escrutinio de las instituciones europeas en el marco de la supervisión fiscal y económica que la Comisión Europea ejerce sobre los Estados miembros, en particular en el cumplimiento de los objetivos de reducción de la temporalidad y de la tasa de paro juvenil, otro indicador en el que España registra tradicionalmente cifras muy superiores a la media comunitaria, según los sucesivos informes de Eurostat.

