Repsol lideraba las subidas del selectivo con un repunte del 1,62%, favorecida por el encarecimiento del crudo, seguida de Acciona Energía (+0,46%), Redeia (+0,33%) y Banco Santander (+0,31%). En el lado contrario, IAG cedía un 0,86%, penalizada por el alza del petróleo, que incrementa los costes del combustible de aviación, mientras ACS (-0,58%), Merlin Properties (-0,44%), Colonial (-0,37%) y Ferrovial (-0,35%) también retrocedían en los primeros compases de la jornada.
Ormuz, epicentro de la escalada
El foco de la tensión se sitúa en el estrecho de Ormuz, el paso marítimo entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán por el que, según dos funcionarios estadounidenses citados por el portal Axios, transitan cerca de 10 millones de barriles de petróleo diarios, una cifra que lo sitúa entre los puntos de paso energético más críticos del planeta. Estados Unidos atacó durante el fin de semana la isla iraní de Larak, en ese estrecho, en el marco de lo que Washington describe como una ofensiva económica contra Teherán.
Irán, por su parte, se ha pronunciado en repetidas ocasiones contra la viabilidad del tránsito por el corredor sur de Ormuz. El pasado martes, al anunciar un acuerdo con Omán para la gestión del tráfico marítimo por la zona, Teherán aseguró que el pacto contempla el cierre de esa ruta, un extremo que Washington rechaza al considerar que ejerce control sobre el paso. El Ejército estadounidense informó de que, en el marco de su bloqueo naval contra los puertos y costas iraníes, ha desviado más de 80 buques comerciales e inmovilizado tres embarcaciones y abordado otras dos en los últimos días.
El resultado inmediato de esta escalada se trasladó a los mercados de materias primas. El Brent, de referencia en Europa, subía un 2,5% en la apertura bursátil hasta los 90,3 dólares por barril, acercándose al umbral de los 91 dólares, mientras que el West Texas Intermediate (WTI), referencia en Estados Unidos, se encarecía un 2,3% hasta los 85,3 dólares. Ambos precios revierten los descensos registrados durante la semana anterior, cuando el crudo había cedido posiciones.
El estrecho de Ormuz ha sido, históricamente, uno de los puntos más sensibles de la geopolítica energética mundial. Desde la Revolución iraní de 1979 y la posterior guerra Irán-Irak de los años ochenta, Teherán ha recurrido en distintas ocasiones a la amenaza de bloquear este paso como instrumento de presión frente a Occidente, dado que por él circula una proporción significativa del petróleo que abastece a Asia, Europa y Estados Unidos. Cualquier cierre efectivo, aunque sea parcial o temporal, tensiona de inmediato los precios internacionales del crudo.
En paralelo, los inversores continúan digiriendo las palabras del presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, que la semana pasada, durante el simposio de Jackson Hole, abrió la puerta a una posible subida de tipos de interés en Estados Unidos. Ese mensaje, unido ahora al repunte del petróleo, reaviva el temor a presiones inflacionistas adicionales, en un contexto en el que los mercados esperaban más bien una relajación de la política monetaria estadounidense.
Un lunes cargado de referencias macro
En el terreno macroeconómico, la jornada trajo referencias relevantes en Europa. Alemania publicó la estimación preliminar de su índice de precios de consumo (IPC) de agosto, un indicador que el Banco Central Europeo vigila estrechamente por su peso en la economía de la eurozona. España conoció la balanza por cuenta corriente de junio, elaborada por el Banco de España, que refleja el saldo entre ingresos y pagos del país frente al resto del mundo y constituye un termómetro de la competitividad exterior.
Desde Asia llegó el dato preliminar de producción industrial de Japón de julio, que registró un incremento mensual del 0,1%, frente al retroceso del 0,7% que anticipaban los analistas. No obstante, esa tasa supone una desaceleración de 1,8 puntos respecto al mes anterior, lo que matiza la lectura positiva inicial y apunta a una pérdida de impulso en la actividad manufacturera japonesa.
En Estados Unidos, la atención macroeconómica se centra ya en el informe de empleo de agosto, que el Departamento de Trabajo hará público el viernes. Este dato es uno de los más seguidos por la Reserva Federal a la hora de calibrar el estado del mercado laboral y, por extensión, sus decisiones sobre tipos de interés, especialmente tras las señales lanzadas por Warsh en Jackson Hole.
El resto de las plazas europeas abría con signo mixto. Fráncfort retrocedía un 0,5%, mientras que París y Londres avanzaban algo más de un 0,2% y Milán se anotaba una ganancia del 0,15%. Esta disparidad refleja la distinta exposición de cada mercado a sectores sensibles al precio de la energía, como el industrial o el del transporte, frente a otros más resguardados, como el financiero.
En el mercado de divisas, el euro se apreciaba frente al dólar hasta un tipo de cambio de 1,1587 dólares, mientras que en el mercado de deuda soberana el rendimiento del bono español a diez años —la referencia que utiliza el Tesoro Público para financiarse a largo plazo— escalaba hasta el 3,736%, un nivel que encarece el coste de financiación del Estado y que suele vincularse tanto a la incertidumbre geopolítica como a las expectativas sobre la política monetaria de los principales bancos centrales.
De cara a los próximos días, los mercados estarán pendientes de la evolución del conflicto en el estrecho de Ormuz, cuya escalada o contención determinará en gran medida la trayectoria del precio del petróleo en las semanas siguientes, con implicaciones directas sobre la inflación en Europa y Estados Unidos. A ello se suma el informe de empleo estadounidense del viernes, que junto con los próximos pronunciamientos de la Reserva Federal marcará el rumbo de los tipos de interés en el arranque del otoño.


