El rediseño que multiplica los cruces inéditos
Desde que la Copa del Mundo adoptó en 1982 la fase de grupos como mecanismo de acceso a las eliminatorias directas —sustituyendo el sistema de ligas por puntos que rigió en 1974 y 1978—, el número de selecciones participantes creció de 24 a 32 en Francia 1998, cifra que se mantuvo durante ocho ediciones consecutivas. El salto a 48 equipos en 2026 no es, por tanto, una ampliación marginal: supone un incremento del 50 % respecto al modelo vigente y eleva el total de partidos de 64 a 104, según los datos publicados por la FIFA en su reglamento de competición.
El mecanismo es aritméticamente directo. Con 32 selecciones y ocho grupos de cuatro, cada grupo generaba seis encuentros, para un total de 48 partidos en la fase inicial. Con 12 grupos de cuatro —y en algún caso de tres si se confirma el formato provisional que la FIFA valoró en 2023 antes de revertir al de cuatro—, la fase de grupos suma ahora 72 partidos. De esos enfrentamientos, la FIFA ha calculado que al menos 27 combinaciones de selecciones que se medirán en los grupos nunca habían coincidido en esa fase a lo largo de las 22 ediciones previas del torneo.
Qué selecciones protagonizan los duelos históricos
Los encuentros inéditos concentran, de forma natural, a las federaciones que acceden por primera vez o que han participado de forma muy esporádica. La ampliación a 48 participantes incorpora cuatro plazas adicionales para la Confederación Asiática (AFC), que pasa de 4,5 a 8,5 representantes, y amplía la cuota africana de la CAF de 5 a 9 selecciones, según el reparto provisional de plazas por confederación acordado por el Consejo de la FIFA en mayo de 2023. Ese incremento introduce en la fase de grupos combinaciones de selecciones africanas o asiáticas frente a europeas o sudamericanas que estadísticamente carecen de precedente mundialista.
La distribución geográfica del sorteo —que la FIFA realiza en función de un sistema de cabezas de serie basado en el ranking mundial publicado mensualmente— impide que dos selecciones de la misma confederación, salvo excepciones técnicas, compartan grupo. Esa restricción maximiza la probabilidad de encuentros intercontinentales novedosos, precisamente porque el universo de selecciones participantes se ensancha hacia confederaciones históricamente subrepresentadas.
El precedente de Francia 1998: la última gran reforma del formato
Para calibrar la magnitud del cambio, conviene remontarse a la última reestructuración comparable. Cuando la FIFA amplió de 24 a 32 selecciones en 1998, el torneo pasó de 52 a 64 partidos e incorporó ocho nuevas federaciones. Aquella edición introdujo duelos inéditos —Jamaica frente a Croacia, Japón frente a Argentina— que hoy forman parte del acervo del torneo. La reforma de 2026 es cuantitativamente superior: suma 16 selecciones de golpe, más del doble que el ajuste de 1998, y lo hace en un contexto en que el fútbol africano y asiático ha acumulado dos décadas adicionales de desarrollo técnico e institucional.
El precedente histórico más lejano que puede rastrearse es el propio Mundial inaugural de Uruguay 1930, disputado con 13 selecciones sin fase de grupos, con cruces directos que también eran todos, por definición, inéditos. Pero la analogía pertinente es la de 1998, porque en ambos casos la ampliación responde a una decisión política de la FIFA orientada a incrementar la representatividad global del torneo y, de forma paralela, los ingresos por derechos televisivos y patrocinios.
La posición de UEFA y las voces críticas al nuevo formato
La reforma no ha sido recibida con unanimidad. La UEFA, que agrupa a 55 federaciones y aporta históricamente entre 13 y 14 selecciones a los Mundiales de 32, obtuvo en el nuevo reparto 16 plazas para 2026. Pese a esa ganancia neta, varios dirigentes europeos, entre ellos el expresidente de la UEFA Michel Platini antes de su inhabilitación, argumentaron en su momento que la expansión diluiría el nivel competitivo de la fase de grupos y reduciría el valor diferencial de clasificarse para el torneo.
La CONMEBOL, confederación sudamericana que ha defendido históricamente una cuota proporcional a su peso histórico en el torneo —Brasil y Argentina acumulan entre ambos diez de las 22 Copas disputadas—, mantiene 6,5 plazas, sin variación respecto al modelo de 32. Fuentes de la confederación han señalado en distintos foros que la ampliación beneficia de forma asimétrica a confederaciones con menor nivel de competitividad acreditada, aunque reconocen que el debate sobre el mérito deportivo y el valor comercial del torneo son variables que la FIFA pondera de forma conjunta.
La FIFA, por su parte, ha defendido la reforma con el argumento de la universalidad: en declaraciones institucionales recogidas en su memoria anual de 2023, el organismo sostiene que ampliar el acceso al torneo refuerza el desarrollo del fútbol en regiones donde la clasificación mundialista tiene un impacto económico e institucional desproporcionado respecto al que genera en federaciones consolidadas.
La arquitectura logística: tres países, 16 estadios, 104 partidos
El formato de 104 partidos exige una infraestructura sin precedentes. Los tres países anfitriones —Estados Unidos (11 sedes), México (3 sedes) y Canadá (2 sedes)— suman 16 estadios, el mayor número de recintos utilizado jamás en una Copa del Mundo. Estados Unidos albergará la fase final, incluida la final prevista en el MetLife Stadium de East Rutherford, Nueva Jersey, con capacidad para más de 82.500 espectadores según los datos del propio recinto. La dispersión geográfica —desde Vancouver al norte hasta Ciudad de México al sur, pasando por ciudades como Dallas, Atlanta o Miami— obliga a una planificación logística que la FIFA ha encomendado al comité organizador local (LOC) creado al efecto.
La distribución de los 27 partidos inéditos entre las distintas sedes no se conocerá hasta que se celebre el sorteo de la fase de grupos, cuya fecha no ha sido fijada oficialmente al cierre de esta edición aunque la FIFA ha apuntado a finales de 2025 como horizonte probable. El sorteo determinará si los encuentros históricamente novedosos se concentran en las sedes de mayor capacidad —lo que maximizaría su impacto en audiencia— o se distribuyen entre recintos medianos.
Qué ocurre a partir del sorteo: calendario y plazos
El proceso de clasificación para el torneo está en marcha en todas las confederaciones. La UEFA concluirá su fase de clasificación en noviembre de 2025, con el playoff intercontinental previsto para marzo de 2026. La AFC y la CAF cierran sus respectivos procesos entre octubre y diciembre de 2025. Una vez conocidas las 48 selecciones clasificadas, el sorteo establecerá los grupos y, con ellos, el mapa completo de duelos inéditos. Será entonces cuando pueda confirmarse si la cifra de 27 encuentros sin precedente se mantiene, se amplía o se ajusta en función de qué selecciones accedan finalmente al torneo.
La apertura del torneo está prevista para el 11 de junio de 2026, con la final programada para el 19 de julio en Nueva Jersey. Entre esas dos fechas, la fase de grupos se extenderá durante las dos primeras semanas, concentrando la mayor parte de los duelos históricos en un período de alta audiencia televisiva global. Los contratos de derechos audiovisuales firmados por la FIFA con las principales cadenas y plataformas del mundo —cuyos importes globales superaron los 4.000 millones de dólares en el ciclo 2019-2022, según la memoria financiera de la organización publicada en 2023— hacen de esa fase inicial uno de los escaparates comerciales más valiosos del deporte mundial.
La edición de 2026 marca, en definitiva, una inflexión estructural: no solo amplía el número de participantes, sino que reescribe el registro histórico de rivalidades del torneo. Cada uno de esos 27 encuentros sin precedente será, por definición, el primero de una serie que podría repetirse en futuras ediciones, consolidando así un mapa de duelos mundialistas más diverso y geográficamente representativo que el heredado del siglo XX.
