El resultado semestral, apoyado en los ingresos recurrentes del negocio bancario más que en operaciones extraordinarias, consolida a la filial mexicana como el principal sostén de la rentabilidad del grupo. México aportó cerca de la mitad del beneficio total: los 2.979 millones se explican por el comportamiento favorable del margen de intereses, sostenido por un robusto aumento de los préstamos —especialmente en moneda local— y por el resto de componentes del margen bruto.
El analista de Deutsche Bank Alfredo Alonso resume el diagnóstico que comparten buena parte de las casas de análisis: la rentabilidad principal de BBVA estaría, según sostiene, «estructuralmente protegida por importantes ventajas de financiación en España y en México, que respaldan así una actividad crediticia estable y un sólido dinamismo comercial, junto con una eficiencia excepcional, con cociente de crédito/ingresos del 38%». Ese ratio es interpretado por el mercado como signo de solidez operativa.
Desde Jefferies, la analista Miruna Chirea ha destacado como refuerzo de su postura constructiva sobre el país «el reciente dato del PIB mexicano del segundo trimestre, que muestra un crecimiento del 2,1% interanual frente al 1,6% previsto». La firma ha elevado además sus previsiones de crecimiento de préstamos e ingresos netos por intereses en un 10% y ajustado la estimación de coste del riesgo (CoR) en 335 puntos básicos.
El peso de México en la cuenta de resultados
La exposición de BBVA a México no es coyuntural. El banco español lleva más de dos décadas construyendo una posición de primer orden en el sistema financiero mexicano, un mercado con una tasa de bancarización inferior a la de las economías desarrolladas y, por tanto, con mayor recorrido de crecimiento del crédito que mercados maduros como el español. Esa apuesta estructural explica que la entidad haya optado por elevar, y no recortar, sus proyecciones para el negocio local.
El mensaje, sin embargo, incorpora matices. La propia firma de análisis reconoce que la actividad crediticia en México se ha mostrado en algunos segmentos más débil de lo esperado, lo que ha llevado a rebajar ciertas proyecciones parciales, en un entorno en el que la inflación y la senda de política monetaria del Banco de México seguirán siendo determinantes. El sistema bancario mexicano, en su conjunto, mantiene el crecimiento del crédito, según el mismo análisis.
BBVA ha explicado que realiza un seguimiento continuo de la evolución del entorno macroeconómico y geopolítico y de su posible impacto en el riesgo de crédito, conforme a la normativa contable y prudencial aplicable. Para una entidad española, ese marco remite a la supervisión del Banco Central Europeo dentro del Mecanismo Único de Supervisión y a las directrices de la Autoridad Bancaria Europea (EBA) en materia de provisiones y solvencia.
Un elemento técnico que los analistas subrayan es la gestión del riesgo de tipos de interés en la cartera mexicana. La entidad mantiene un equilibrio entre partidas referenciadas a tipo fijo y variable, lo que se traduce en una sensibilidad limitada ante movimientos de los tipos oficiales. La cartera de empresas es la más expuesta a esas oscilaciones, mientras que las carteras de consumo e hipotecas están mayoritariamente a tipo fijo, lo que actúa como colchón frente a la volatilidad monetaria. Pese a ello, el gap de crédito se amplió en el primer semestre por la fortaleza del crédito en moneda local.
La otra cara del mapa de riesgos de BBVA es Turquía, mercado en el que el banco español controla Garanti BBVA. Los analistas coinciden en que los riesgos turcos, vinculados históricamente a la volatilidad de la lira y a episodios de inflación elevada, estarían en gran medida descontados por el mercado, y se espera que los beneficios de esa filial se recuperen a medida que la inflación turca se normalice.
A raíz de estos resultados, Jefferies ha elevado su estimación de beneficio neto para BBVA en los ejercicios 2026, 2027 y 2028 en un 3%, un 2% y un 2%, respectivamente, atribuyendo la mejora a un mayor ingreso neto por intereses y a los ingresos por comisiones. Esas revisiones al alza se suman a un consenso de mercado que en los últimos trimestres ha ido moderando su cautela sobre la exposición emergente del grupo.
La apuesta de la banca española por Latinoamérica no es un fenómeno nuevo: tanto BBVA como Banco Santander construyeron desde los años noventa, tras las privatizaciones bancarias en la región, posiciones dominantes en países como México, Argentina, Chile o Brasil, en una estrategia de diversificación geográfica que buscaba compensar la mayor volatilidad de los mercados emergentes con el crecimiento del crédito allí donde la penetración bancaria era baja. Aquella apuesta, cuestionada en distintos momentos por crisis cambiarias o inestabilidad política, es hoy uno de los pilares que sostienen la rentabilidad de ambas entidades frente a competidores europeos centrados en mercados domésticos maduros.
De cara a los próximos trimestres, el mercado atenderá a la evolución de los tipos de interés en México, donde el banco central mantiene un proceso gradual de recortes, y a la trayectoria de la lira turca, factores que condicionarán si BBVA sostiene el ritmo de crecimiento del beneficio mostrado en la primera mitad de 2026. La entidad rendirá cuentas de nuevo en su próxima presentación de resultados trimestrales, cita en la que los analistas medirán si las mejoras de previsión anunciadas ahora se confirman con datos concretos.

