Las cadenas Kan, Canal 12 y Canal 13 otorgan al bloque de Eisenkot 53, 52 y 53 escaños, respectivamente, mientras que la coalición de Netanyahu se quedaría en 50 según las tres proyecciones. La diferencia, de apenas dos o tres escaños, deja abierta la negociación para formar gobierno en un Parlamento fragmentado de 120 curules.
Por partidos individuales, el Likud de Netanyahu seguiría siendo la fuerza más votada, con 25 escaños proyectados, tres más que el Yashar de Eisenkot. Ese resultado representaría un retroceso marcado para el partido del primer ministro frente a los 32 escaños que ostenta actualmente en la Knesset.
La jornada electoral registró una participación que, según la Comisión Electoral Central, se situaba en 77,7 % a las 10:00 p.m., frente al 70,6 % de la cita electoral de 2022. El incremento, de poco más de siete puntos porcentuales, convierte esta elección en la de mayor participación medida a esa hora desde 1999.
Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel y ahora candidato opositor, se dirigió a sus seguidores para afirmar que el electorado israelí optó por el cambio frente al primer ministro y dijo esperar poder formar un nuevo gobierno. También lanzó una advertencia a Netanyahu, quien en los últimos días de campaña amenazó con atacar Irán, lo que podría retrasar los esfuerzos para formar una coalición.
"Netanyahu, no te atrevas a usar la seguridad de Israel para tus necesidades políticas", dijo Gadi Eisenkot, candidato opositor y exjefe del Estado Mayor israelí.
Netanyahu ha gobernado Israel de forma casi ininterrumpida desde 2009 y enfrenta procesos judiciales abiertos por corrupción que han marcado buena parte de su gestión reciente. Su amenaza de atacar Irán en el tramo final de la campaña se suma al pulso interno sobre el rumbo de la ofensiva en Gaza, temas que atravesaron el debate electoral.
Ninguno de los dos bloques estaría en condiciones de alcanzar por sí solo la mayoría de 61 escaños, lo que anticipa negociaciones con partidos menores, entre ellos formaciones religiosas y ultraortodoxas que históricamente han actuado como bisagra en la política israelí. El sistema proporcional de la Knesset obliga desde su fundación a gobiernos de coalición, pues ningún partido ha logrado nunca mayoría absoluta por sí solo.
El resultado definitivo dependerá del escrutinio completo, incluidos los votos de soldados y de electores en el exterior, que en elecciones anteriores han modificado el reparto final de escaños. El pulso israelí se enmarca en una región sacudida esta semana, cuando la oposición venezolana también reclamó un giro político tras el regreso de María Corina Machado que atribuye Washington al diálogo.

