La calabaza, conocida en Colombia también como ahuyama, es uno de los símbolos de Halloween y su color naranja protagoniza la decoración de casas, comercios y espacios públicos durante esta época del año. En Nuevo Colón, cuyo clima templado facilita el cultivo, esa labor campesina se ha convertido en un elemento de identidad local que el municipio exhibe cada año en el Festival Regional de la Auyama, con concursos a la calabaza más grande y a la mejor decorada, eventos que atraen turistas.
Según el Sistema de Información Turística de Boyacá, Nuevo Colón es considerado el mayor productor de frutales finos de clima frío de Colombia. Junto a la calabaza, el territorio cultiva curuba, ciruela, tomate de árbol, feijoa, mora, pera y granadilla, una diversidad frutícola que, de acuerdo con la misma fuente, constituye uno de sus principales atractivos para el turismo rural.
El patrimonio arquitectónico se suma a la vocación agrícola. La iglesia de Nuestra Señora de la Antigua y los jardines de la plaza principal ofrecen escenarios para apreciar el trazado colonial del pueblo, al que se añaden la Casa del Fundador, la Casona de Sevilla y las cavernas donde, según el registro turístico, los pueblos indígenas de la región se reunían para orar.
Los operadores turísticos locales ofrecen dos recorridos para conocer el territorio: la Ruta al Mirador Mesa Alta, centrada en los paisajes y ecosistemas de la zona, y la Ruta de los Tejares de Chiriví, orientada a la tradición agrícola y al cultivo de frutas que distingue a Nuevo Colón. Cerca del río Aposentos se ubican, además, varios establecimientos de descanso que complementan la oferta para los visitantes que llegan en octubre atraídos por la temporada de calabazas.
La combinación de Halloween con una tradición agrícola de larga data ha convertido a este municipio en un destino que multiplica su visibilidad turística durante unas pocas semanas al año. El fenómeno se inscribe en una temporada en la que la cultura colombiana celebra también con otras narrativas, como la que recoge el escritor Ricardo Abuassi en su novela 'Las 4 víboras', aunque aquí el relato gira en torno a un cultivo campesino y no a una trama de ficción.
El festival anual mantiene su atractivo principal en la comparación directa entre las calabazas más grandes producidas por los distintos cultivadores de la zona rural, un ejercicio que, según la descripción del material turístico, fortalece tanto la cultura local como la llegada de visitantes durante el mes de octubre.

