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Editorial

La madrugada de las cinco cuentas atrás

Cinco relojes corren simultáneamente esta noche sobre España: el 17-M a cuatro días, la sentencia Koldo en días o semanas, los audios Kitchen el 19 de mayo, el Hondius en Rotterdam el 17–18, los resultados del Pasteur en 48–72 horas. El país vive en un estado de anticipación permanente donde todo está a punto de ocurrir pero nada termina de resolverse.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid·
8 min de lectura
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La madrugada de las cinco cuentas atrás
ILUSTRACIÓN DE EL HEMICICLO

Son las 23:30 del miércoles 13 de mayo. Cinco relojes corren simultáneamente sobre España y ninguno marca la misma hora. El primero cuenta cuatro días hasta las urnas de Andalucía. El segundo lleva semanas marcando el tiempo que le queda a Marchena para firmar la ponencia de Koldo. El tercero señala al 19 de mayo, fecha en que el Supremo valorará los audios del caso Kitchen. El cuarto avanza hacia el fin de semana, cuando el Hondius atracará en Rotterdam con once enfermos de hantavirus y la pregunta de cuántos más hay incubando entre sus 1.056 pasajeros. El quinto marca 48 a 72 horas: el tiempo que tiene el Institut Pasteur para decirle al mundo si el virus que ha matado a tres personas en alta mar presenta alguna mutación que cambie el escenario.

España lleva meses en este estado. No es nuevo, pero esta noche tiene una concentración especial, casi clínica. Cinco cuentas atrás activas al mismo tiempo, cinco finales anunciados que se resisten a llegar, cinco titulares que están escritos ya en alguna parte del futuro pero que todavía no han ocurrido. El periodismo de anticipación —ese género que consiste en describir lo que está a punto de pasar— ha colonizado tanto el espacio informativo que ya casi no queda sitio para lo que verdaderamente pasa. Y lo que verdaderamente pasa, esta noche, es precisamente eso: la espera.

El 17-M lleva semanas siendo «la» elección decisiva. Antes fue la clave de bóveda de la estrategia nacional del PP. Después se convirtió en el termómetro de la salud del PSOE andaluz. Ahora, en las últimas horas antes del silencio electoral, es un número de escaños en una franja de error estadístico: entre 54 y 56, con la mayoría absoluta en 55. Un escaño. Toda la campaña —los mítines, los debates, los vídeos virales, los insultos y las promesas— se ha reducido a la posibilidad de que un partido con el 43% del voto se quede a un diputado de poder gobernar solo. La aritmética parlamentaria tiene esa crueldad: convierte cuatro meses de política en una sola décima de punto porcentual.

La sentencia del caso Koldo no se ha dictado todavía, pero ya ha producido sus efectos. Ábalos ha pasado de ministro de Fomento a acusado con petición de 24 años. Koldo García ha pasado de asesor a preso preventivo con segunda solicitud de libertad denegada. Aldama ha pasado de empresario a testigo estrella con declaración aplazada. Y Marchena trabaja en una ponencia que, sea cual sea su conclusión, dejará una cicatriz en la memoria colectiva sobre cómo funciona la relación entre el poder político y el dinero público. No porque el fallo sea predecible —no lo es—, sino porque el juicio ya ha mostrado demasiado del mecanismo interior para que pueda mirarse hacia otro lado.

Los audios del caso Kitchen llegan al Supremo el 19 de mayo. Es la otra cuenta atrás que los medios apenas mencionan en esta semana saturada de elecciones, hantavirus y petróleo, pero que los juristas siguen con atención similar a la que dedican a la ponencia de Koldo. El caso Kitchen —la supuesta operación policial para robar documentos comprometedores del exministro del Interior Jorge Fernández Díaz— tiene el potencial de conectar a altas instituciones del Estado con conductas que, si se acreditan, irían más allá de la corrupción ordinaria. La valoración judicial de esos audios el lunes podría acelerar o frenar decisiones procesales que llevan meses en estado de latencia.

El Hondius es la cuenta atrás más visible porque tiene imagen: un crucero de expedición ártica navegando hacia Rotterdam con once enfermos confirmados, cuarentena de 42 días en marcha, y el Institut Pasteur trabajando contra el reloj para secuenciar una cepa de hantavirus que ya ha matado a tres personas. El preprint de Majadahonda publicado esta tarde es una buena noticia técnica —no hay mutaciones preocupantes en la glucoproteína de superficie— pero no es el final de la historia. Es el final del capítulo del «¿es el virus peor?». El siguiente capítulo se titula «¿cuántos más hay a bordo?» y no tiene respuesta todavía. Esa pregunta, multiplicada por los 1.056 pasajeros del buque, vale más que cualquier conferencia de prensa ministerial.

Pasteur es la cuenta atrás más breve y más incierta. En 48 a 72 horas, un laboratorio en París tendrá los datos genómicos del paciente francés crítico. Si esos datos confirman lo que ya sugiere el preprint español —cepa Andes sin mutaciones de virulencia aumentada—, el escenario de la crisis sanitaria se simplifica considerablemente. Si los datos revelan algo distinto, algo que el preprint no captó porque trabajaba con las muestras de los casos españoles y no del francés, el escenario cambia. La ciencia tiene esa virtud incómoda: no espera a que sea un buen momento político para dar sus resultados.

Lo que une estas cinco cuentas atrás no es el contenido —sanidad, justicia, política, energía, virus— sino la estructura narrativa. En todas ellas hay un evento principal que se anuncia pero no llega, una resolución prometida que se demora, un desenlace que el espectador aguarda sin poder influir. Esta estructura no es accidental. Es el resultado de décadas de gestión política de la información en las que los actores institucionales han aprendido que la anticipación mantiene el interés mejor que la resolución. Una sentencia dictada deja de ser noticia en 48 horas. Una sentencia que se anuncia pero no llega puede mantenerse en portada semanas.

Esta redacción cierra esta noche con la convicción de que el periodismo tiene una responsabilidad específica en este ciclo de anticipación perpetua: no acelerarlo, sino nombrarlo. Contar lo que está a punto de pasar es un género legítimo cuando se hace con datos verificados y sin especulación gratuita. Lo que no es legítimo es presentar la espera como un fin en sí mismo, como si el valor informativo estuviera en el reloj que corre y no en lo que el reloj marca. Estas cinco cuentas atrás terminarán. Algunas esta semana, otras en días o semanas. Cuando terminen, haremos periodismo sobre lo que ocurrió. Hasta entonces, vigilamos el reloj.

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