Conviene empezar por lo que la noticia no es: no hay embajada nueva, no hay acuerdo comercial ratificado por ninguna asamblea, no hay ministro de por medio. Hay dos aseguradoras —una panameña, especializada en fianzas, con red de corresponsales en Centroamérica, República Dominicana y Colombia; otra guyanesa, con más de cuatro décadas de trayectoria local— que decidieron formalizar algo que, por su propio relato, ya venía ocurriendo desde hace tres años. La novedad no es la alianza: es el anuncio de la alianza.
Ahí asoma el primer contraste del asunto. En una región donde los gobiernos tardan legislaturas enteras en firmar un memorando de entendimiento sin consecuencias prácticas, dos empresas privadas convirtieron tres años de colaboración discreta en un comunicado que invoca una «nueva etapa en nuestras relaciones internacionales». La frase es de David Román, gerente general de Panamerican Network, y tiene el tono de cumbre de jefes de Estado que cultiva el sector asegurador cuando quiere sonar a geopolítica.
El fondo sí merece atención, sin la pompa. Guyana vive un crecimiento acelerado desde que la petrolera ExxonMobil confirmó en 2015 sus yacimientos frente a la costa, y ese dinamismo —dice el propio material— abre espacio a empresas regionales en energía, infraestructura, construcción, logística, servicios e insumos. Panamá, con su vocación histórica de plataforma de servicios y su experiencia en fianzas de licitación, tiene algo que ofrecer ahí: no crudo, sino la arquitectura de riesgo que necesita cualquier proyecto de esa envergadura.
Es un fenómeno real y documentado: donde hay bonanza de recursos naturales llegan antes los aseguradores y los abogados que los propios inversionistas industriales. Panamá, que ha hecho de la intermediación financiera y logística su modelo de desarrollo desde la reversión del Canal el 31 de diciembre de 1999, encaja casi genéticamente en ese papel. No hace falta ironía para reconocerlo: es, sencillamente, lo que el país sabe hacer.
El verbo diplomático de las aseguradoras
Donde sí cabe el bisturí es en el envoltorio retórico. Vikash Panday, director de P&P Insurance, recordó que ambas organizaciones empezaron a trabajar juntas hace tres años y cerró el comunicado con una promesa dirigida a los clientes que crucen hacia Georgetown.
«Gracias a nuestra alianza, las empresas panameñas que lleguen a Guyana contarán con un alto nivel de servicio y con una compañía íntegra, con más de 40 años de trayectoria», afirmó Vikash Panday, director de P&P Insurance.
Es, literalmente, un folleto corporativo vestido de declaración de principios, y no hay nada censurable en ello: toda empresa vende lo que tiene. Pero el lector atento notará que la palabra «íntegra» aparece sin que nadie la haya puesto en duda, un reflejo muy panameño de responder preguntas que todavía no se formularon. Nada en el material indica que exista irregularidad alguna, ni la hay: se trata de un acuerdo legítimo entre dos privadas que buscan ampliar mercado.
Lo que observa esta columna es un patrón conocido en el ecosistema empresarial panameño, el mismo que asomó en la cobertura sobre el metro de Panamá entre los más baratos del mundo: la tentación de convertir un dato modesto —aquí, tres años de colaboración entre dos aseguradoras— en un titular de alcance continental.
La pieza deja una lección modesta pero útil: en la era de los comunicados corporativos redactados con sintaxis de cumbre presidencial, el trabajo del periodismo serio consiste en separar el hecho —una alianza de seguros entre Panamá y Guyana, legítima y probablemente rentable— de la narrativa que la envuelve. Las empresas interesadas en Guyana, dice el comunicado, pueden contactar a Panamerican Network. El lenguaje de tratado y la épica de la «nueva etapa» corren por cuenta de la oficina de prensa.
