La cadena del caucho y el calzado articula en conjunto más de 500.000 empleos en el país, según el gremio, de los cuales se habría perdido más de la mitad en diez años. Confecaucho no desagrega la cifra por eslabón, pero atribuye el grueso del impacto al desplazamiento de la manufactura nacional de zapatos frente a insumos sintéticos asiáticos de bajo costo, que según la organización han copado buena parte del mercado interno. El caucho nacional abastece hoy apenas el 35 % del mercado, calcula la confederación.
El golpe no se limita a las plantas de ensamblaje. La caída en la demanda de látex natural afecta a pequeños cultivadores en Caquetá, Meta, Córdoba, Antioquia, Caldas, Tolima y Guaviare, departamentos donde el caucho funciona, según el gremio, como alternativa productiva legal frente a economías ilícitas como la coca y la minería ilegal. Confecaucho calcula que por cada empleo conservado en una plantación cauchera se generan seis puestos adicionales en la agroindustria y la transformación industrial.
El cierre de talleres golpea con particular intensidad a barrios e infraestructuras industriales tradicionales como el Restrepo en Bogotá, además de las zonas calzateras de Bucaramanga, Medellín y el Valle del Cauca, regiones donde la manufactura de zapatos ha sido históricamente un motor de empleo urbano y de encadenamientos con proveedores locales de cuero y caucho. Estas zonas concentran buena parte de la producción artesanal e industrial que, según el gremio, compite en desventaja frente al producto importado.
El diagnóstico de Confecaucho coincide con cifras de la Asociación Colombiana de Industriales del Calzado, el Cuero y sus Manufacturas, Acicam, según las cuales el 65 % del mercado nacional de calzado permanece dominado por importaciones y oferta informal. Colombia consume cerca de 130 millones de pares de zapatos al año, un volumen que dimensiona el mercado en disputa entre producción nacional e insumos importados.
El contraste resulta más visible al observar el gasto de los hogares. Entre enero y mayo de 2026, las familias destinaron $1,57 billones a la compra de calzado, un incremento del 2,6 % frente al mismo período del año anterior, según cifras citadas por el gremio. Pese a ello, el país depende en un 65 % de importaciones chinas para cubrir su demanda de caucho, una proporción que evidencia hasta qué punto el consumo interno no se traduce en producción nacional.
Exportaciones que no compensan el mercado interno
Entre enero y abril de 2026, las exportaciones colombianas de calzado alcanzaron US$11,7 millones con destino a Estados Unidos, Ecuador y Costa Rica, una cifra que muestra capacidad exportadora en segmentos específicos de la industria. Ese desempeño externo contrasta con la pérdida de participación en el mercado doméstico, donde la producción nacional sigue desplazada por el insumo importado y la informalidad, de acuerdo con el diagnóstico conjunto de Confecaucho y Acicam.
El llamado del gremio se centra en el consumo interno como palanca de recuperación. Federico García Rubio, director ejecutivo de Confecaucho, planteó la disyuntiva en términos de decisión de compra más que de política arancelaria inmediata.
"Proteger la industria nacional del calzado no es un capricho proteccionista, sino un ejercicio de soberanía productiva. Como consumidores, tenemos en nuestros pies la decisión de respaldar el trabajo digno de nuestras regiones frente a la rentabilidad del insumo importado", señaló Federico García Rubio, director ejecutivo de Confecaucho.
La tensión entre insumo importado y manufactura nacional no es nueva en la industria colombiana del calzado y el cuero. El sector vivió un episodio de presión regulatoria en 2013, cuando el Gobierno fijó un arancel mixto a las importaciones de calzado y confecciones para frenar la entrada de producto a precios considerados de dumping, medida que la Organización Mundial del Comercio objetó años después. La llegada de componentes sintéticos de bajo costo desde Asia se suma ahora a un proceso de informalización que coincide con el cierre de talleres familiares en los polos tradicionales del sector.
La dimensión territorial del problema conecta con la política de sustitución de cultivos ilícitos en zonas cauchicultoras. En departamentos como Caquetá y Guaviare, la siembra de caucho ha sido promovida como alternativa económica legal en regiones con presencia histórica de coca, por lo que una caída sostenida en la demanda de látex nacional golpea no solo el ingreso agrícola sino también los incentivos para mantener esa sustitución productiva.
El planteamiento de Confecaucho se inscribe en una discusión más amplia sobre la relación comercial de Colombia con China, consolidada en los últimos años como uno de los principales proveedores de manufacturas de bajo costo para el mercado colombiano, desde textiles hasta electrodomésticos y calzado. Esa dependencia de insumos y productos terminados asiáticos ha sido señalada por distintos gremios manufactureros como un factor de presión sobre el empleo industrial, en paralelo a otras discusiones sobre la relación entre mercado interno y flujos externos, como la reciente decisión sobre el tope a inversiones de pensiones en el exterior.
Confecaucho no planteó, según el material disponible, una propuesta arancelaria concreta ni un cronograma de medidas ante el Gobierno nacional. El llamado del gremio se mantiene, por ahora, en el terreno de la sensibilización al consumidor y la defensa del caucho natural 100 % colombiano como argumento de compra, en un mercado donde, según sus propias cifras, dos de cada tres pares de zapatos vendidos en el país no provienen de la industria formal nacional.


